domingo, 28 de diciembre de 2025

"LA METÁFORA DEL TRANVÍA" (Ideal 28-12-25)

 

La metáfora del tranvía
Manuel Molina

 

           En el corazón de Jaén, una serpiente de acero y cristal permanece inmóvil bajo el sol mientras atraviesa estaciones que solo pertenecen al calendario. No procede de un pasado íbero ni remite a una ruina medieval, aunque su quietud, que se prolonga con los años, ya adquiere resonancias de leyenda urbana. El tranvía, concebido como infraestructura moderna y levantado con una inversión de 120 millones de euros, continúa quince años después sin prestar servicio, convertido en el testimonio más oneroso de la desidia política y, quizá, de una resignación social que se ha ido normalizando. La historia arrancó en 2009, cuando una promesa de modernidad alimentó expectativas colectivas. Las obras avanzaron con una rapidez poco habitual en la provincia y, en 2011, los vagones llegaron a circular durante pruebas tan simbólicas como precarias. Aquello que nació con vocación de vanguardia terminó despeñándose por el barranco del enfrentamiento partidista, que acabó por bloquear cualquier avance posterior. Desde entonces, el tranvía de Jaén pasó de representar una solución de movilidad a funcionar como munición retórica en los mítines, donde unos lo despachaban como “trasto” y otros lo defendían como “necesidad”.

           Esta columna estaba pendiente de escribirse, aunque el relato encaja mejor en la literatura maravillosa sudamericana o en esos territorios míticos donde la decrepitud avanza de forma inevitable, como ocurrió con los pueblos sepultados bajo embalses. El drama auténtico no reside en el metal que se oxida, sino en la indolencia que lo rodea. Cuesta imaginar otra capital europea en la que una inversión de tal magnitud se abandone durante década y media sin que la ciudadanía fuerce una solución inmediata. Jaén ha terminado por aceptar el tranvía como parte de un mobiliario urbano inerte, al modo de un olivo seco que ya no da fruto y cuya presencia se asume por pura costumbre. Esta parálisis funciona como metáfora de una sociedad que, en determinados momentos, parece haber interiorizado la derrota y la indolencia local aunque no apunte a pereza, sí lo hace no a una combinación de escepticismo crónico y mansedumbre aprendida.

           Las administraciones han permitido que auditorías e informes interminables se enreden unos con otros, mientras el sistema de transporte se degrada sin remedio. ¿Dónde queda la indignación ante el despilfarro de dinero público destinado al mantenimiento de algo que no presta servicio? Nadie responde. ¿Aparece alguien con un mínimo de vergüenza o con voluntad de asumir errores? Nadie responde. Seguimos esperando a Godot. Reactivar el tranvía exigirá algo más que una firma estampada en un despacho de Sevilla o Madrid; exigirá que Jaén sacuda la indolencia que se le ha adherido a la piel. Permitir que 120 millones de euros continúen dormidos no constituye solo un fallo administrativo, sino un desprecio a la dignidad colectiva de la ciudad. El acero no carga con la culpa de la inmovilidad; la responsabilidad recae en quienes, por acción u omisión, transformaron una promesa de progreso en una estatua de hierro y cristal paralizada. Ni el creador más imaginativo habría intuido una “performance” semejante

 


martes, 23 de diciembre de 2025

"ELOGIO DE LO MANUAL" (Ideal 21-12-25)

 


Elogio de lo manual

Manuel Molina

 

           Lo creado con nuestras propias manos se convierte en algo más que una pieza única, puede apreciarse como un acto de resistencia. Hacer algo por nosotros mismos no solo crea un objeto, sino que preserva nuestra humanidad y nuestra conexión con el tiempo de una manera pausada. Crear algo con las manos es una forma de meditación que nos devuelve el ritmo natural de la vida, lejos de la prisa del reloj, de la medición programada y encapsulada de los hechos. "La artesanía es la voz de la materia, la mano que dialoga con la madera, el barro o el hilo para contar una historia que el plástico nunca podrá narrar", pensaba Octavio Paz. Hay una filosofía que se denomina Diseño lento, si lo traducimos más o menos al castellano, y promulga que en la era de obsolescencia programada, reparar o crear algo con nuestras manos es un acto revolucionario de amor por el mundo. Me tiene cada vez más atrapado, pese a no ser un manitas y necesitar bastantes veces de alguien para poder llevar a cabo esa acción.

           Intento aprender a hacer algo, un grabado, una caligrafía, un poema y se apodera de ellos la imperfección, me acompañan el borrón, la tachadura o la mancha; lo intento una vez y otra porque no soy una máquina, ni una inteligencia artificial. Se rompe algún objeto o máquina e intento arreglarla con desigual fortuna. La perfección de algunos objetos es fría, como un enorme bazar occidental. La imperfección de la mano humana es lo que nos permite conectar con el objeto y sentirnos identificados.El cerebro y la mano conectados en un proyecto ancestral. No necesitamos más cosas; necesitamos cosas que signifiquen algo y un poco de tiempo ralentizado. Queridos Reyes Magos, Papa Noeles, Olentzeros, Tiós, traednos tiempo. Llegan fiestas en las cuales se dispara el dispendio de lo que se puede e incluso de lo que no. A gastar, ese es el mensaje. El comercio disfruta de “vacas gordas” y los grandes almacenes de rebaños enteros.

           Quienes disponen de pagas extra se disponen como los peces en el río con otro verbo: compran y compran y vuelven a comprar. Llega el ciclo de abrazos, comida y gasto. Sin embargo, podríamos dedicar una pequeña parte a realizar algo por nosotros mismos, algo realista, no importa que sea pequeño, para poder compartirlo y disfrutarlo, Cuando comenzaba el maquinismo fabril que creó los operarios John Ruskin publicó en 1849 un libro, The Seven Lamps of Architecture, (Las siete lámparas de la arquitectura), tal vez atisbó lo que vendría: “El verdadero placer del trabajo no está en el salario, sino en la conciencia de haber hecho bien algo con las propias manos”. Seríamos ya esclavos de una cadena como Chaplin en Tiempos modernos. Busquen un hueco y creen algo para poner en su árbol de Navidad, para realizar con sus retoños, para regalar a su pareja. Tendrá el extraordinario valor añadido de que parte de su corazón y entusiasmo están ahí, en ello.


martes, 16 de diciembre de 2025

"GUARROS Y PUTEROS" (Ideal, 14-12-2025)

 

Guarros y puteros

Manuel Molina

 

           La política española se esmera en exhibir sus logros y presume de tener ministerios con una sólida perspectiva de género y lanza campañas con eslóganes inclusivos, (todos y todas en cada inicio de acto), incluso vienen acompañados de promesas solemnes en ruedas de prensa. Sin embargo, la realidad que se vive día a día en el pasillo de un ayuntamiento, diputación o a pie de escaño sigue dando la sensación de que es una historia completamente diferente, que a quien se le llena la boca con esa distinción le resbala por guarro y/o putero. Los incidentes más recientes que han sacudido a los principales partidos, especialmente el PSOE, no deberían verse como simples anécdotas, sino que son síntomas graves, de un problema más profundo. Cuando comienzan a surgir denuncias internas por acoso y las respuestas se quedan atascadas en protocolos que nunca llegan a activarse, es precisamente en ese momento cuando la credibilidad pública de toda la institución comienza a resquebrajarse.

           Hablamos de esos comentarios sutiles, dichos a veces en el fragor del hemiciclo acodados en el atril (“me pone verlas enfadadas”), detrás de la mesa de alcaldía (“estoy solito en el ayunta”, “te tengo muchas ganas”, ”¿echas de menos una buena comida de almeja?”) o con el descaro en un bar. Tratan a una mujer como si su verdadero mérito dependiera del afecto que le dispense un varón o, peor aún, de su simple aspecto físico. Las víctimas de este desprecio no son únicamente las mujeres que acaban señaladas en los titulares, sino que también lo son todos los votantes que depositaron su confianza en esas personas o siglas. La democracia, como bien sabemos, se fundamenta en la promesa de que todos seremos tratados con dignidad; por eso, cuando esa promesa se traiciona a causa de comentarios degradantes o por la inacción frente a una denuncia de acoso, se traiciona de forma directa el voto de la ciudadanía. La humillación pública es, en esencia, una forma de violencia política que erosiona gravemente la legitimidad y la ética.

           Los aparatos internos de los partidos, de hecho, suelen mostrar una  doble cara, proclaman sus protocolos y exhiben poses muy correctas, pero cuando las denuncias finalmente aparecen, invocan la confidencialidad o la presunción de inocencia hasta que el rumor se vuelve algo absolutamente insoportable. Se requiere algo más que simples palabras, resulta urgente que haya tanta coherencia como firmeza y una auténtica tolerancia cero. Y la ciudadanía, especialmente quienes votaron esperando representación y respeto, merece que su confianza no sea tratada como objeto de gestos simbólicos (todos y todas), sino que se traduzca en medidas reales y efectivas. Si la política no es capaz de mirar con empatía a quien sufre y corregir a fondo su propia cultura interna, perderá algo que es irreparable, no solo votos, sino su autoridad moral. Una democracia que tolera el desprecio y acoso hacia las mujeres es, al fin y al cabo, una democracia que deja de representarnos a todos. No debemos permitirlo.


lunes, 8 de diciembre de 2025

"LA MENTIRA Y LA POLÍTICA" (Ideal 7-12-25)

 



La mentira y la política

Manuel Molina

 

Si miramos hacia atrás e intentamos encontrar la relación filosófica que se establece entre la verdad y la política nos encontramos con dos ejemplos muy significativos. Por un lado, Platón justifica la mentira (no cualquiera, sino la "noble") como una herramienta terapéutica, una “medicina” necesaria para proteger y beneficiar a la comunidad, no para el beneficio personal del gobernante. Esto veintipico siglos después nos cuesta entenderlo como ciudadanía. El gobernante, según este, debe usar el engaño para que las personas acepten ciertas decisiones difíciles o impuestas por el Estado, atribuyendo el resultado a otros factores en lugar de a la manipulación política. Esto ya nos suena más cercano. Por otra parte, Maquiavelo revelaba en su obra “El príncipe”, manual modernísimo de política, lo siguiente: "un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas." Se justifica la falta de palabra cuando esta  políticamente se basa en la necesidad y el interés del Estado. Praxis o empirismo. También recomienda al gobernante esta reflexión: "De vez en cuando las palabras deben servir para ocultar los hechos", enfocando en la eficacia del engaño, ya que la naturaleza humana tiende a ser crédula y se deja llevar mansa por las apariencias. Podemos asegurar que la verdad no es necesaria en política. De esto se sabe mucho ahora en los partidos mayoritarios, por un lado que la mentira no es delito, del PP; y por otro que no se sabe nada de quien está al lado y comparte el día a día gobernante, PSOE. Qué decir de Mazón.

En un término parecido, pero con matices, se encuentran estos versos de Goethe: "¿Debe engañarse al pueblo? / Desde luego que no / Más si le echas mentiras, / mientras más gordas fueren / resultarán mejor”. Una de las mejores radiografías la realiza mi admirada Hannah Arendt, ya que para ella: "quien miente en algo que cualquiera podría rebatir con una foto o un dato no está participando en una discusión acerca de la verdad de un enunciado, sino haciendo una ostentación de su poder en grado máximo”. Perfecta instantánea del maquiavélico MAR, de afamada y titiritera intervención reciente en los juzgados. Todo lo contrario de lo que cargado de utopía recomendaba Albert Camus: "la libertad consiste sobre todo en no mentir. Allá donde la mentira prolifera, la tiranía se anuncia o se perpetúa”. Tanto que se habla de falta de libertad, pero no desde esta interesante y necesaria perspectiva.

Una amistad muy capaz y con un elevado sentido de la res pública aceptó la oferta de ingresar en una candidatura política. A los pocos meses renunció al cargo electo y pasado el tiempo nos encontramos, sin pedirlo me ofreció una explicación que casa con lo que venimos hablando. “Al poco tiempo de comenzar la legislatura me encomendaron salir a defender un asunto que era mentira y un mes después me requirieron para hacer pública otra nueva mentira, así que dije, me voy”. Todos se extrañaron”. ¿Mentir o no mentir? Esa es la cuestión.

 


lunes, 17 de noviembre de 2025

"QUÉ BAJA ORATORIA" (Ideal, 16-11-25)


Qué baja oratoria

Manuel Molina


La verdadera noticia estos días por esta tierra es el agua, la lluvia que cae de forma y continuda, que nos hace recordar aquellos días de otoño o invierno en que no paraba de llover, como en el Macondo de García Márquez. Llovía tanto que en las fachadas y entre piedras de las calles aparecía verdín de la humedad. Resulta extraña la lluvia, que se convierte en noticia. Esta trata lo singular, ya saben, no que el perro muerda a una persona, sino al revés. De lo que les hablaré en estas líneas no es noticia, sino un mal continuado, que no por ello deberíamos prestarle la debida atención. Nuestros políticos se han convertido, o mejor dicho ya llegan a la política, como pésimos oradores; tanto que deben leer la mayoría textos preparados (con muy mala entonación), lo que se expone en foros, ayuntamientos, diputaciones o parlamentos. Ojo, también los hay sin papel que son incluso peores.

La oratoria consiste en hablar en público de manera eficaz y persuasiva para defender una argumentación que debe ser clara, a la vez que convincente, captando la atención del auditorio para generar el favor o anuencia de este para un posible debate o cambio de actitud. Andalucía se ha convertido en un  referente del debate educativo tanto en la educación secundaria como en la universitaria, donde un profesorado entusiasta prepara a su alumnado para defender tanto en una opción, o si se le toca en suerte la contraria, para para hacer que un jurado les haga ganadores frente a otro equipo porque su contenido, expresión, movimiento corporal y persuasión han sido más convincentes. No quiere decir que sea un proceso de automatismo para triunfar, cada personalidad también matiza. La política ha tenido siempre un gran componente de debate, aunque ahora la disciplina de voto hace que la convicción esté más en la orden de apretar un botón o levantar una mano que en escuchar y ser persuadido.

Hace pocos días apreciamos que (¿cómo se debe llamar a alguien que dimite y a la vez parece que no dimite?) Mazón leyó su “renuncia” y acudió a una comisión parlamentaria en su comunidad donde también leyó su intervención. Joan Baldoví de Compromís, como era de recibo, se lo afeó, insistiendo en que tomaba el pelo a esa comisión porque el texto que leía se lo habían escrito quienes lo acompañaban. Pocos políticos aprecio que no lean y muestren un discurso coherente e interesante. Destaca Gabriel Rufíán (quién me lo diría) en el parlamento nacional, Emilio Delgado en el de Madrid o José Ignacio García Sánchez en el andaluz. Me gustan porque no leen y tienen  capacidad de transmisión y “persuasión”, aunque eso no provoque que algún rival cambie de botón. La gran mayoría decepciona de manera supina porque apenas saben leer con soltura lo que les han preparado, incluso alguna con “pìnganillo” resultan de un artificio inverosímil. Si tuvieran que convencer poco podrían esperar, pero es lo que hay. Menos mal que llueve.


lunes, 10 de noviembre de 2025

"¿DÓNDE ESTÁ LA BANDERA ANDALUZA?" (Ideal 9-11-25)

 

¿Dónde está la bandera andaluza?

Manuel Molina

 

            Con lo poco que soy yo de banderas que escriba sobre una de ellas resulta un poco preocupante. Reconozco que las telas de identidad son complicadas porque pueden provocar una posibilidad excluyente dada su simbología y semiótica, otorgando a quien la exhibe una elevación respecto a quien no. Nuestro país, estado o como quieran llamarlo, mantiene una complejidad no resuelta respecto a las banderas, se le añade un color o se le quita según sople el aire o se tengan más muertos para añadirle un aguilucho, se quita el aguilucho pero no dejan de asomarla desde la ilegalidad nostálgicos del tiempo detenido, incluso se le pone un escudo con corona. Tan solo se le muestra verdadero entusiasmo unitivo cuando un deportista o un equipo nacional sube a un pódium y se acompaña de tarareo. Como en este estado, país, o lo que sea, algunos se empeñan en trazar fronteras, creamos más banderas, las autonómicas. En territorios concretos incluso han creado alguna más partiendo de la suya para demostrar que son más distintos aún. Otras apenas se conocen fuera de su terruño.

            La de esta tierra del sur se creó en 1918 en la asamblea de Ronda, diseñada por Blas Infante, sencilla, con dos franjas horizontales verdes y una central blanca que según la exégesis histórica simboliza nuestro pasado andalusí y la pureza, la paz; y además tiene nombre, “Arbonaida”, término este que proviene del árabe andalusí al-bulaida, diminutivo de balat, que significa "mi tierra" o "mi país". Se ha convertido en sentimiento de arraigo y pertenencia de los andaluces a su tierra, a su historia compartida. Se aprobó como oficial en el Estatuto de Autonomía en 1981, a la vez que su uso. Recuerdo esos años ochenta del pasado siglo que supusieron una verdadera expansión en su muestra pública. No había evento que no contuviese ese trozo de tela que nos identificara, incluso en otros territorios se exhibía no contra alguien sino para refrendar el lugar de procedencia. Nuestro nacionalismo andaluz nunca fue excluyente, sino más bien moderado, y de ahí que siempre contara con todos, como lo de “por la humanidad” de su himno.

            Viajo por Andalucía a menudo y me sorprende un hecho que se está produciendo de manera continuada y silenciosa como es la desaparición de la bandera andaluza de los espacios públicos. Reconozco el triunfo de la rojigualda, la derecha se la apropia y la izquierda suele obviarla. Con la eclosión extremoderechista esas banderas pululan por muñecas, balcones y fachadas, acompañando a santos inquietos y corrillos manifestantes nostálgicos de su aguilucho, en múltiples variedades; mientras la andaluza cada vez es menos apreciable en calles o rotondas, en lo público. Se ha creado un día de la bandera andaluza, como el día del quebrantahuesos o del lince, que se extinguen. No entiendo que tenga menos peso una bandera que no excluye, su denostación, pese a que sume y abra los brazos. Con lo poco que soy de banderas y aquí escribiendo de una.

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

"Segundo carnaval" (Ideal, 2-11-25)

 

Segundo carnaval

Manuel Molina

 

           Paseo por mitad de un carnaval temático entre esqueletos, zombis y vampiros salidos de los bazares chinos, tiernos infantes y chavalillas acompañadas de sus madres, que muestran largos colmillos, falsas cicatrices, caras blancas y demudadas con ceras, portando calabazas de plástico llenas de caramelos, y entre risas repiten un mantra cacofónico, “truco o trato”. La invasión comenzó poco a poco, sin que se llegara a calibrar el nivel alcanzado ahora. Los días de santos y difuntos eran muy tristes,  como las tardes con cambio de hora y honrar a quienes se fueron tampoco es que sea la alegría de la huerta. Qué mejor alternativa que un infantilismo desbordante a la vez que un consumismo impetuoso. Comenzó en los colegios a la vez que en los grandes almacenes, para contagiar de simpleza una celebración en la que han caído como promotores maestros y maestras,  que acuden estos días a sus aulas disfrazados,  potenciado con las familias encantadas de echar un rato en familia jugando a los terrores,  también disfrazados, entre escaparates con falsas telas de araña.

           Escucho estos días las palabras terrorífico, sobrecogedor o aterrador, vaciadas de su sentido y domesticado su significado, banalizado y llevado incluso al otro extremo, a la mansedumbre de lo inocente. Quién lo diría. La muerte naif y el miedo suave despojados de su principio repelente, de su incomodidad, se transmutan en una bufonada compartida, en un disfraz tranquilizador y risueño. No es de extrañar. Nuestra pacata sociedad alimenta lo genérico y acomodado, llevándolo a lo ridículo aceptado, como si convertir un sanguinario personaje en la apariencia de un monologuista de El club de la comedia fuese un ideal, o en un mal actor del tren de la bruja. Todo es mentira y se acepta. La realidad de la muerte y el verdadero terror son feos, ásperos, desagradables, y no interesan, se eleva la necesidad de triturar todo como un potito para digerirlo sin ningún problema, una causa más para engordar la blandengue sociedad que no resistiría un nivel inicial de contacto con esos dos conceptos.

           Vivimos de espaldas a una cuestión tan ineludible como la muerte. Apuntábamos cómo se ha desvirtuado el concepto en los centros educativos y cuando algun docente se rebela ante la idiotez seguidista se le ponen palos en las ruedas. Conozco el caso de quien ha pretendido llevar a su alumnado a un cementerio para que aprendan sus pupilos sobre la cultura de la muerte, sus rituales, historia, arquitectura, urbanismo, sociología y ha encontrado la negativa de quienes dirigen el centro porque algunos padres y madres, no más de dos o tres, han considerado que sus blanditos retoños podrían sufrir un impacto indeseado al pisar suelo funerario, como si fuese algo contagioso. Eso sí, los censores han salido disfrazados a celebrar el nuevo carnaval, el segundo del año, que seguro tiene más de sandez que de aprendizaje y crecimiento personal. Nuestra sociedad es emocionalmente infantil, somos reacios a la aceptación de la cruda realidad, por eso gusta tanto este amansado carnaval.

 


lunes, 27 de octubre de 2025

"EL ODIO DIARIO" (Ideal 26-10-25)

 

El odio diario

Manuel Molina

 

           Ya en la Atenas clásica, el odio entre facciones era visto como el veneno de la polis, el mîsos politikón, el odio político. Tucídides describe en la Guerra del Peloponeso cómo ese tipo de odio provocó atrocidades entre ciudadanos de Corcira. “El odio fue más fuerte que la piedad; los lazos de sangre fueron menos poderosos que las facciones.” Los dioses también odiaban: el phthonos theôn (la envidia o rencor divino) castigaba a los humanos. Por ejemplo, en Prometeo encadenado de Esquilo, Zeus castiga a Prometeo por amar a los hombres y robar el fuego divino. Sin embargo y pese a actitudes como la Séneca en contra del odio, en  Roma existía una particularidad, el odium hostium, que incluso era considerado legítimo, aquello de que al enemigo, ni agua. Virgilio en la Eneida lo retrata entre troyanos y cartagineses, originado por la furia de Juno: “Guarda este odio, oh diosa, y entre tus descendientes y los míos no haya paz ni tratados.”

           Un joven pseudopolítico se ha dedicado esta semana a recorrer los campus universitarios andaluces, cobijado por guardaespaldas y con una “performance” que incluía subirse a los hombros de uno de sus fornidos protectores y envolverse en una bandera nacional para gritar consignas de odio. Le ha salido rana por dos motivos, el sentido común de los rectorados impidiendo dar espacio público a tan deleznable y abyecto personaje y la respuesta de una gran mayoría de estudiantes, que en su aparente letargo tal vez hayan vislumbrado que ese tipo no merece estar ahí tan solo para odiar. El ridículo y un poco preocupante personaje intenta tan solo lo que los griegos llamaban hybris, es decir, alterar el orden de la res publica. En todo tiempo y momento ha habido personajes así, por miles. Han sido muy contados, por desgracia, los que han llegado a tocar verdadero poder con esa simpleza y eso que hoy día con redes sociales todo se multiplica.

           Cuando alguien  hace aparente fortuna en alguna forma de mal siempre surgen imitadores, peores casi siempre, con una especie de altanería que se erige incluso sobre lo moral, una elevación desde la que no existe compostura, ni respeto. La universidad, como templo del saber, debe ser un refugio inviolable para la libertad de pensamiento y la diversidad de ideas. Su misión no es imponer verdades, sino enseñar a buscarlas con rigor y apertura, con cientifismo. La intolerancia, en cualquiera de sus formas, atenta contra ese propósito y convierte el conocimiento en simple dogma y en ella no cabe el fanatismo, que no es lo mismo que censura. En ella debe prevalecer la salud moral de la sociedad. Decía Aristóteles que “El odio no admite término medio, pues su objeto es el mal absoluto.” El bullir de odio que ciega el  personaje de la “performance” no tiene cabida en la universidad; bastante que lo tiene en nuestra democracia que permite monstruos como ese, empeñado en lo que advertía también Aristóteles: “El odio no busca corrección, sino destrucción”.

lunes, 20 de octubre de 2025

"LA UJA, CORAZÓN DE JAÉN" (Ideal, 19-10-25)

La UJA, corazón de Jaén

Manuel Molina

 

           Hay lugares que crecen hacia arriba y otros que crecen hacia dentro. Jaén pertenece a los segundos. Poco dada a reconocer lo mejor de los suyos, transita con cierta indolencia que le impide dar golpes en la mesa y remangarse para la acción. Su desarrollo apenas existe y hay que marcharse lejos, contribuyendo con su goteo a la mejora de otros territorios, ya sea en forma de mano de obra barata o de especialistas preparados. Entre esa modorra provincial destaca una institución que con trabajo de hormiguita y la suma de voluntades ha provocado que no se generalice esa tendencia con el aporte de la formación para tener oportunidades. La universidad de Jaén, la popular UJA, ha sido reconocida en el ranking internacional Times Higher Education la segunda mejor universidad pública de Andalucía y la número 14 de España.

           He tenido la suerte de ver crecer esa realidad desde fuera y desde dentro –tal vez este sea el último curso de colaboración- y he apreciado desde un enorme espacio de solares a un conjunto expandido y reconocible de edificaciones modernas. De ser ahijada de la universidad de Granada a ser su inmediata “competidora”. Esta universidad, que apenas supera las tres décadas de vida, ha alcanzado un lugar entre las mil mejores del mundo, compitiendo con instituciones centenarias y consolidando su prestigio en ámbitos exigentes como la Inteligencia Artificial, la Energía y los Combustibles o la Ingeniería. Pero más allá de los merecidos y trabajados puestos obtenidos en los informes, la verdadera grandeza de la UJA no se mide en cifras ni en posiciones, sino en personas. Cada año, más de 7.900 estudiantes de la provincia llenan sus aulas. Llegan desde Linares, Andújar, Baeza, Alcalá la Real o cualquier otro rincón de Jaén. Cada uno de ellos trae consigo una historia y una ilusión para desarrollarla en una institución pública, que permite la igualdad de oportunidades y sin alejarse de su tierra. Esa es quizá su mayor victoria silenciosa: haber hecho que la educación superior sea también un derecho cercano y accesible.

           En sus aulas y laboratorios se investiga el futuro del olivar, la sostenibilidad energética, la digitalización de las empresas o se forman docentes que aterrizarán en la vida diaria. En ella se forja una nueva generación de jiennenses que tiene la oportunidad de no aceptar el papel victimista de provincia olvidada. En cuatro pilares básicos se puede sintetizar su relevancia: un organismo de los mayores generadores provinciales de empleo, dinamizador de la economía cercana, imán de talento y, sobre todo, inculcador del necesario pensamiento crítico. Su impacto se puede sentir en los comercios, en la cultura, en la vida cotidiana de la ciudad, incluso cómo revierte en industrias o sociedad su investigación. También la UJA abre puertas al mundo y, al mismo tiempo, abre el mundo a Jaén; cada convenio, cada estudiante extranjero que pisa el campus, se convierte en una declaración de confianza en el potencial de esta tierra, en un pequeño movimiento donde acostumbramos al estatismo.

 


 

domingo, 12 de octubre de 2025

"LA TRAICIÓN DEL PSOE" (Ideal, 12-10-25)



 

La traición del PSOE

Manuel Molina

 

           No resulta fácil escribir en contra de la tortura taurina por puro divertimento en una provincia como Jaén, que ostenta el más alto escalafón del país en esa barbaridad. Lo hago desde la tristeza que ha supuesto la decisiva abstención en voto del PSOE en el Congreso–pese a declarar un día antes que lo apoyaría- tumbando la ILP, apoyada por más de setecientas mil firmas, para que se tratara la condición que da privilegio y mucho dinero público a la tauromaquia. No me encontraba optimista, en ningún momento dudé que pudiera salir adelante en una votación, pero tenía claro que al menos se admitiría a debate. Ni siquiera se tuvo en cuenta esa opción, cercenada en el primer corte. Eso sí, tras declarar quienes llevaban el asunto en las filas socialistas que se aprobaría con su apoyo, para luego –seamos claros- tumbarla vergonzosamente con su abstención. Pero desde las altas instancias de Ferraz decidieron dar carpetazo sin ningún rubor a la primera tentativa. La decepción ha sido enorme.

           Hace tiempo hablaba con un alto cargo socialista que me recriminaba que mi posición estuviese situada en la abolición activa de la tauromaquia. Su argumento se basaba en que había temas más importantes que defender y que esta caería sola, por su propio peso, obligada por la falta cada vez mayor de afecto social a esa crueldad. Mi argumentación de respuesta fue la siguiente, ya estoy implicado también en otros asuntos importantes y para mí ese lo era, no había incompatibilidad en defender la enseñanza o sanidad pública y a la vez pedir que se cerrara el grifo de respiración asistida que mantiene el tormento taurino. La “teta” de la subvención pública lo mantiene, desde que el propio Partido Socialista lo incluyera en Cultura para así estar protegido y recibir riadas de millones de cada uno de los contribuyentes, incluidos quienes están en contra y sufren con esa masacre mal llamada “cultura taurina”. Me citaba también otro argumento que justifica su negativa como era la pérdida de votos de lugares muy taurinos que eligen meter en su sobre la papeleta socialista. El quid de la cuestión.

           Pero puede ocurrir al revés de lo que ha pretendido el PSOE y es que se le hayan ido votos por su sonrojante abstención, de tal modo que, como viene siendo la tendencia premien a los otros partidos bien a la derecha, o más bien a la izquierda. Los primeros intentan hacer de la tauromaquia símbolo de apropiación como la bandera de sus pulseritas y lo consideran un concepto patriota. De hecho los pocos jóvenes que acuden al martirio taurino público se sitúan como mayoría en esa ideología. El PSOE lo ha defendido, en su pretensión,  por un puñado de votos y porque no le merecía la pena. Verdadera traición, una más,  a quienes fundaron el partido. Recordemos un artículo de 1889 en El Socialista: “Mientras el pueblo se divierta con el derramamiento de sangre, no habrá esperanza de redención ni de cultura.” Pues eso.

 

domingo, 5 de octubre de 2025

"VIVIENDA DIGNA" (Ideal, 5-10-25)

 

Vivienda digna

Manuel Molina

 

           En la antigua Roma existían básicamente dos tipos de construcciones de viviendas, las “domus” y las “insulae”. Las primeras respondían a la tipología unifamiliar de la élite, en general patricios y adinerados, que disfrutaban lugares amplios, aireados y con luz, organizados entorno a un patio (atrio), con pinturas, mosaicos e incluso espacios para cultos propios, llegando incluso a ocupar una manzana entera (insula) o habitaciones que daban a la calle (tabernae) alquiladas para negocios. Por su parte las “insulae” suponían el tipo de vivienda más común y donde se alojaba la mayoría de la población, la plebe, en construcciones de baja calidad, con varias alturas -reguladas como máximo a seis-  mal ventiladas y oscuras, con demasiada madera, provocadora de grandes incendios, que se unía a los frecuentes derrumbes. Juvenal lo dejó recogido en sus Sátiras: “En Roma solo los ricos pueden dormir tranquilos; el resto debe temer al fuego, a los derrumbes y al peso de la pobreza.” Los propietarios de estas últimas y beneficiarios económicos eran los habitantes de las primeras.

           La vivienda siempre ha sido un problema, resulta evidente, para quienes no pueden disponer de ella y a la vez ha supuesto un pingüe beneficio para los propietarios,  como empresarios de envergadura y especulación, qué nombre fondos buitre, ¿verdad? Si recorremos la historia nos encontramos con revueltas considerable por culpa de la falta de vivienda y los altísimos precios que alcanzaban como las protagonizadas en el siglo XIV en Inglaterra o la propia Revolución Francesa, encendida entre otras cuestiones por los elevados precios de los alquileres y el hacinamiento. A principio de siglo y con la inmigración recién llegada a los barrios neoyorkinos se produjo una de las más importantes huelgas de inquilinos después de una subida entre el 25% y el 50%. Una película española reciente, “El 47”, nos muestra esa realidad en nuestro territorio en los años sesenta y setenta en las grandes urbes como Madrid o Barcelona.

           Vivimos un  grave problema de vivienda en nuestro país, que paradojas o ilusiones declara en su Constitución el derecho a una vivienda digna. Por un lado, la adquisición en propiedad está volviendo a uno de los factores que inflaron la ficción inmobiliaria de una de las mayores crisis económicas que vivimos, altos precios a la vez que financiación, para toda la vida. Y por otro lado, el alquiler se ha desbocado sin un control que provoca el choque de la realidad de las necesidades frente a los precios justos. Pregunten cuánto pagan unos estudiantes por un piso en una ciudad andaluza y los metros y servicios de que disponen o escuchen la peripecia de una pareja joven que quiera independizarse y la desmoralización al llegar a conocer la oferta. Los dueños de las “domus” siguen exprimiendo la ubre de las “insulae” veintitantos siglos después. El filósofo Henri Lefebvre lo dice mejor que yo: “El derecho a la ciudad no puede separarse del derecho a la vivienda: sin techo, no hay ciudadanía” (Le droit à la ville, 1968). No estamos bien.


lunes, 22 de septiembre de 2025

"CÓLERA, INDOLENCIA Y PROTESTA" (Ideal, 21-9-25)

 


Cólera, indolencia y protesta

Manuel Molina

 

En el último canto de la Ilíada se narra el momento en que el rey Príamo, padre de Héctor, se dirige al campamento de los aqueos para suplicar a un Aquiles colérico y vengativo que le entregue el cuerpo de su hijo, al que ha matado. El rey se humilla ante él, besando sus manos y con súplicas, y le solicita piedad. Aquiles se conmueve, vencido por el dolor y la compasión, acepta y le devuelve el cuerpo de Héctor para que los troyanos puedan celebrar sus ritos funerarios, para que el fallecido pueda también descansar en paz. Ese gesto de misericordia provoca en Aquiles la virtud, que lo aleja de la ira y lo aplaca. En las religiones monoteístas  esta es una característica de la divinidad, con la que se obsequia al ser humano, la misericordia. Si los que provocan el genocidio palestino creen en un dios deberían ser misericordes, como también debieron serlo quienes secuestraron a los israelitas del detonante, pero es desproporcionada la cólera resultante.

En la Antigüedad clásica, la indolencia ante la injusticia no se veía solo como un defecto personal, sino como un mal social que desestabilizaba la polis. Los pensadores y escritores grecolatinos dejaron constancia de su rechazo a esta actitud, entendiendo que el silencio y la pasividad ante la injusticia eran una forma de complicidad. Platón en La República hizo crítica de esto, aludiendo a que el "precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres". No se refería únicamente a la participación activa en el gobierno, sino también a  la justicia y lo común. Por su parte, Cicerón, fue un ferviente defensor de la acción. Señaló que "el mal es la inacción de los hombres buenos". Se enfrentó a la corrupción y la tiranía, ejemplificando con su vida la necesidad de oponerse activamente a la injusticia.

La falta de protesta pública permitía a los tiranos y a los poderosos perpetuar sus abusos sin temor a represalias. Bajo figuras como Sila o en el Segundo Triunvirato muchos ciudadanos fueron asesinados o vieron sus bienes confiscados sin un juicio justo, a menudo con la pasividad del resto de la sociedad, por miedo o desinterés. Sin embargo, los estoicos, como Séneca, sostenían que el hombre sabio debía cultivar la virtud, que incluía la valentía de oponerse a la injusticia, aunque fuera de forma individual y a través de la resistencia moral. Séneca mismo, consejero de Nerón, intentó moderar la tiranía del emperador y su posterior suicidio supuso su último acto de protesta contra un régimen injusto. La resistencia, aunque costara la vida, era vista por algunos como la única respuesta digna frente a la tiranía y la indiferencia de la mayoría. ¿Cómo se puede asistir impasible o mirando para otro lado cuando han matado a más de sesenta mil personas entre ellas casi veinte mil niños inocentes? No se puede ser connivente con la cólera, hace falta misericordia y no miseria humana. El corazón, (cord-cordis), las distingue.


domingo, 14 de septiembre de 2025

"SESGO DE CONFIRMACIÓN" (Ideal, 14-9-25)

Sesgo de confirmación

Manuel Molina

          

           Ya no importa la razón, cada día nuestro pensamiento está más cerca de la emoción para generar nuevas ideas que se establezcan como sólidas. Lo que buscamos en nuestro día a día es toda aquella noticia o información que encaje perfectamente con nuestro sentir, se rehúye lo que pueda a priori considerarse contrario a nuestra creencia y se navega entre redes y personas para encontrar un igual o algo que se acerque de manera pretendida, incluso de manera artificiosa, como tal. Ese es el famoso sesgo de confirmación, creer a aquellas personas que entendemos que están en sintonía con lo que sentimos, no con lo que pensamos. Lo explica el filósofo David Pastor Vico que aclara la consecuencia del proceso: “cuando entramos en esta perversión de la comunicación, una comunicación puramente emocional, en ese momento lo tragamos todo, aceptamos todo”. Alejada la razón, aceptamos todo. Un ejemplo: en las campañas políticas ya no se expone y difunde un programa electoral, sino que habla sobre cómo destrozar al oponente o resaltar algunas cuestiones básicas emocionales como el caso de un partido actual, al que esto le funciona muy bien y no se basa en un programa sino en ideas genéricas como patriotismo, nacionalismo, inmigrantes que “sobran” o pagas para “vagos”.

           Hasta ahora se había fomentado la práctica entre la extrema derecha y el nacionalismo, sobre todo el de la derecha catalana (“Espanya ens roba”), pero está cayendo en ella un partido que hace unos años no participaba con tanta entrega a esa práctica. Hace unos días el portavoz del Partido Popular, el diputado Tellado, se refería al intento de derrocar el gobierno democráticamente elegido según las reglas democráticas -nos pueden gustar más o menos- como que se iba “a comenzar a cavar la fosa del Sanchismo”. No se trataba de una bravata o exabrupto al uso sino que contenía una cápsula de inquina emocional diseñada ad hoc. Añadió otra “¿qué pasaría si alguien de ultraderecha asesinase a un activista de izquierdas?”. Todos sabemos interpretar la connotación de la palabra “fosa” en nuestro país. Tellado se mostraba eufórico después de lanzar tan lamentables bombas incendiarias porque cumplía su función al llegar a oídos de quienes quieren escuchar ese mensaje y así sumar y reforzar. La pena es que estos días aparecía una encuesta de intención de voto, donde el PP permanece anclado y suben, sobre todo, el partido ultra más a la derecha y el PSOE.  Un matiz, el ciudadano prefiere el original que promueve ese sesgo a la copia.

           De todas formas, creo que la ciudadanía no se merece esta agitación que intenta enviar mensajes de polarización desmedida. La gente ocupa terrazas llenas donde toma algo, pasea, viaja cada vez más, no cesa de mover santos con oropel y estipendio, celebra bautismos, bodas y banquetes como si no hubiera un mañana y sin embargo, vive muy cabreada. Cada cual ha elegido su demonio particular y se encomienda a él con un nosotros mimético que busca para reforzarse y multiplicarse.

 


 

domingo, 7 de septiembre de 2025

"REDUFLACIÓN: MENOS POR MÁS" ( Ideal 7-9-25)

 





Reduflación, menos por más

Manuel Molina

 

           Llega septiembre con su mitad de fin y su mitad de comienzo. Aún queda fiesta en las localidades que celebraban el fin de la cosecha de cereal y había taco en la cartera para disfrutar una feria, aunque ahora el motivo haya quedado diluido en otro cultivo, al menos por tierras jienenses. En una de estas celebraciones acudo a un local conocido y pido una cerveza fresca, un tanto especial, que me apetece de vez en cuando. Me gusta en vaso. La recibo, escancio y noto que en otras ocasiones quedaba líquido en la botella una vez completado el proceso, pero ahora cabe toda en la copa, que sigue siendo del mismo tamaño que en otras ocasiones. ¿Esto es un tercio?- pregunto. Sí, claro, me contestan. Miro la etiqueta y no responde a los 33 centilitros de este, sino que contiene 30. Cuesta igual. Al día siguiente en el trabajo, donde desayuno, apreciamos que los bollos de pan que hemos comprado siempre han menguado y también cuestan igual. Parece algo común.

           El hecho tiene un nombre: reduflación. Un concepto económico que tal vez desconocen, pero seguro que no olvidarán. Se trata ni más ni menos que una práctica en la que las empresas reducen la cantidad de un producto, y además aumentan su precio, lo que lleva a una subida encubierta del costo para el consumidor. Es una forma de inflación donde la disminución del tamaño pasa desapercibida, se paga el mismo precio por menos cantidad. Uno de los más sonoros casos es el de determinadas marcas de una multinacional, patatas con sabores y bolsas de chuches de las que se te queda, por ejemplo,  el sabor a queso en las manos varios días, aunque te laves con jabón Lagarto. Tomemos algunos datos ofrecidos por la asociación de usuarios, FACUA. Veamos cómo han evolucionado cantidad y precio en los últimos tres años en la bolsa de una de las más conocidas patatas con sabor a jamón. En enero de 2022, este producto contenía 295 gramos y se vendía a 2,89 euros. Un año después pasó a perder 20 gramos y su precio subió 45 céntimos; para llegar en junio a perder 32 gramos y aumentar su precio en 10 céntimos. El formato de la bolsa es el mismo pero tiene menos y cuesta más. Ocurre en otros muchos productos Otro birlibirloque.

           En 2022 ya lo denunciaba el economista Edgar Dworsky en un artículo de 2022 en The Guardian, esta estrategia permite a las empresas proteger sus márgenes de beneficio sin subir ostensiblemente los precios, el consumidor paga más por menos. Se nos erosiona como ciudadanos de manera prestidigitadora el poder adquisitivo sin que el aumento de precios sea evidente. Seguramente se hagan una pregunta, ¿y en el caso de otros productos más necesarios, menos ligados al ocio? También. Me permitirán un pequeño juego literario en homenaje a Bertolt Brecht, ¿qué es robar una cartera comparado con reducir 20 gramos de papas fritas sin avisar y cobrar más?

 





lunes, 1 de septiembre de 2025

"LOS GUARDIANES DEL NO" (Ideal 31-825)

 Los guardianes del “no”

Manuel Molina


Cada paso que ha dado la humanidad hacia adelante ha tenido enfrente a un coro que ponía palos en la rueda. Ocurrió con Galileo cuando se atrevió a mirar el cielo y vio que la Tierra no era el centro del universo, sino apenas un planeta más. Cuando la Inquisición le hizo en un tribunal abjurar de ello murmuró en voz baja “Eppur si muove”, (pero se mueve), como quien sabe que la verdad camina sola aunque tropiece con muros de dogmas. Ese mismo murmullo se escucha hoy cada vez que desde la ciencia, la cultura o la misma política se intentan abrir ventanas hacia la evolución. Los guardianes del “no” cambian de disfraz según la época: fueron inquisidores, luego moralistas de café, hoy se esconden tras tertulias televisivas o bulos digitales, voraces y simplistas indignados sin conocimiento. Siempre encuentran un argumento solemne para frenar la corriente evolutiva. Quizá lo que tenemos ahora es un ejército de esos constantes viejos miedos inquisidores que se niegan a morir

Si uno repasa la historia, la reticencia al progreso parece un reflejo casi natural. Cuando Edward Jenner probó la primera vacuna contra la viruela no faltaron quienes lo acusaron de jugar a ser Dios. Cuando Marie Curie habló de la radioactividad, hubo quien prefirió pensar en magia negra antes que en física y cuando Clara Campoamor defendió el voto femenino en el Congreso de los Diputados, en plena República,  algunos diputados sostuvieron que dar voz a las mujeres era “contrario a la naturaleza”. ¿Quién recuerda hoy esos nombres? La historia se ha encargado de sepultarlos en el olvido más justo. No obstante, conviene no subestimar el poder de la negación. Einstein advertía que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Y no le faltaba razón, cada reforma educativa que ha ampliado a mayor número de población, cada derecho social conquistado, incluso con vidas, o cada avance médico se enfrentan todavía a esa barricada de desconfianza alimentada de nostalgia mal entendida, la coartada mejor vestida del inmovilismo. En Jaén lo saben bien: basta asomarse a la historia del olivar para comprobar cómo la mecanización del campo fue vista como una amenaza, no como una oportunidad. Se miraban con recelo aquellas máquinas que acabarían multiplicando la productividad. El tiempo, juez sin prisa, siempre dicta sentencia a favor del progreso.

Ahora que las energías renovables, la igualdad de género o la movilidad de las personas marcan la agenda del presente, los guardianes del “no” vuelven a levantar la voz. Con los mismos argumentos de siempre, alertando contra los riesgos de lo nuevo. Como si lo viejo no hubiese tenido (y tiene) también sus peligros. El progreso, al fin y al cabo, nunca se impone por decreto ni por mayorías: avanza porque convence y demuestra, porque se instala en la vida cotidiana hasta volverse costumbre. Y cuando eso ocurre, los negacionistas, acaban convertidos en nota a pie de página; mientras tanto hacen mucho ruido, como el de quienes asistían a ver quemar herejes. 


domingo, 24 de agosto de 2025

"ESPERANDO A LOS DEL SENTIDO COMÚN"" (Ideal 24-8-25)

 

Esperando a los del sentido común

Manuel Molina

 

           El filósofo Bertrand Russel nos legó hace años un  pensamiento sobre un concepto muy actual: “todo fanatismo es un refugio de la inseguridad”. Resulta más que evidente que pese a poder disponer de la mayor información y además con inmediatez, pese a ello, no se ha logrado generar seguridad, sino todo lo contrario. Si realizáramos una breve radiografía de nuestra sociedad más cercana, encontraríamos quienes en apariencia han logrado tener una incuestionable seguridad en unos principios a los que se ha accedido a través de ese conocimiento que provoca la era digital. Ahora bien, un porcentaje muy elevado no se asienta en el conocimiento científico, sino en el dirigismo malintencionado o yendo un poco más allá en el bulo. Una vez que alguien se asienta en una parcela ideológica se retroalimenta de lo que ella produce y todo lo ajeno o aquello que lo pone en duda se desdeña; como militancia, se ataca sin miramientos. Nunca se reflexiona sobre el origen de ese planteamiento o la posibilidad de que haya nacido del error o mala intención.  

           Una parte considerable de nuestro país vive en un estado de crispación inusitado. Si realizamos el ejercicio de analizar algunos casos descubrimos que quienes se prestan a lo combativo diario en las filas del fanatismo hace unos años eran personas que no se distinguían por su irascibilidad, ni por su militancia en el cuñadismo exacerbado, pero han llegado a esa situación y se muestran como parte de un ejército adiestrado en defensa del melifluo peso racional. Eso sí, hacen mucho ruido, en redes sociales, barras de bar y reuniones familiares o de amistades. Sin embargo, la mayoría que los soporta o rehúye rara vez intenta contradecir o aportar su opinión frente a ellos. Ese silencio en quien vive enervado se toma como una victoria y puede que en parte lleven razón. Jürgen Habermas lo estudió como acción comunicativa, cuando alguien calla por no discutir, aunque sepa que el otro está equivocado, se rompe lo que él llama la “situación ideal de habla”, ya que se elimina la disensión en el debate. El fanático no sabe esto, pero lo intuye y se refuerza. Michel Foucault analizó cómo el poder se ejerce no solo con la fuerza, sino también a través de los discursos que delimitan lo que se puede decir o callar, basta con que los demás se autocensuren.

           Observo que ante las falacias e imposiciones diseñadas desde opciones de vocación totalitaria se gana terreno aumentando la idea del silencio del otro, frente al error fanático. La mayor parte de la sociedad que atiende a razones reconoce el engaño de la inseguridad, pero no se enfrenta a él y esa es la verdadera victoria de quienes quieren imponer su ideología a través del silencio de la gran mayoría. La historia nos muestra cómo suelen acabar esas situaciones. Como Kavafis esperaba a los bárbaros, esperamos la voz de la mayoría, de los que mantienen el sentido común, de lo contrario fracasaremos como democracia.


lunes, 11 de agosto de 2025

"LAS NOCHES AL FRESCO" (Ideal 10-8-25)


Las noches al fresco

Manuel Molina

 

           Hubo un tiempo de calma que brotaba en las calurosas noches del verano. En la puerta de las casas o en las plazuelas los vecinos se juntaban al caer el sol, cada uno con su silla, en torno a un espacio sin pretensiones, dispuestos a esperar una tregua de fresco mientras se hablaba de lo divino y de lo humano. En aquel instante no lo entendía en su trascendencia, pero lo disfrutaba en una inusual libertad porque a la chiquillería se nos permitía el trasnoche que daba pie al juego por los aledaños. Y no llegué a valorar hasta mucho más tarde, pasado el tiempo, que no hacer nada acompañado era un gesto social y enriquecedor. Me vienen como recuerdo los versos de Antonio Machado: “Siento en la noche,/ llena de aromas,/ la tibia paz del estío”. Leo hace poco que los porches de las casas americanas, esos que conocemos por las películas, como la de Clint Eastwood en “Gran Torino”, donde se sentaba el personal tan solo a ver pasar la vida, están desapareciendo. Los urbanistas consideraron que no servía porque allí la gente no hacía nada, salvo pensar. Los quitaron. En nuestro caso las veladas espontáneas perecieron ante el imán novedoso y atontador de la televisión, los ventiladores y las generaciones que consideraron aquello propio de otra época.

           Existe otra imposibilidad para salir a tomar el fresco. Las calles y plazas o aceras se están transmutando cada vez más en algo entregado a lo útil, y por ello entendemos que deben dar productividad. Han proliferado las terrazas de verano y han invadido el espacio de los peatones, de la ciudadanía. La gente puede salir a tomar el fresco pero debe consumir, ya que se acota cada vez el territorio público para sentarse sin más. El tráfico de coches y endiabladas motocicletas o patinetes eléctricos, tampoco favorece estar sentado, a lo que se añade la televisión que continúa, sobre todo en los mayores, con su imantación en sala de estar con aire acondicionado o ventilador. Leía hace poco una anécdota que contó en redes mi amigo el pintor Faustino Castillo, que sale aún a tomar el fresco con un grupo de personas. Pasó por allí la actriz Silvia Alarcón, del grupo sevillano Atalaya, que actuaba en el pueblo, y se quedó fascinada de que alguien todavía estuviera practicando lo de tomar el fresco. Pidió permiso tras presentarse y se quedó charlando animadamente con el grupo hasta que tocó la hora de ir a la función, había vuelto a su infancia a una costumbre que creía extinta.

           Dan ganas de unirse cuando descubro un grupo de personas, casi siempre mayores, que salen a tomar el fresco. No son conscientes de su revolución, de que su costumbre es un gesto de resistencia ante el materialismo unificador de que todos deben repetir el modelo que propicia entontecer y consumir adecuadamente, una defensa callada y continuada ante el individualismo ramplón. No hacer nada también puede hacer pensar y eso en grupo puede ser peligroso.

 

domingo, 3 de agosto de 2025

"UNA UNIVERSIDAD QUE INCOMODA" (Ideal 3-8-25)

 

Una universidad que incomoda
Manuel Molina

           La negativa de la Junta de Andalucía a implantar el grado de Ingeniería Biomédica en la Universidad de Jaén no es solo un error, es un síntoma. Algunos la califican de “decisión política”. Si entendemos por ello la preferencia por universidades privadas desde el gobierno autonómico, entonces claro que sí, es política. Cuesta creer que esta decisión obedezca a razones técnicas, cuando la realidad muestra otra cosa: hay más voluntad que objetividad en juego. Y, una vez más, Jaén queda fuera de las prioridades. La Universidad de Jaén (UJA), pese a su juventud, ha sido un motor esencial para una ciudad históricamente olvidada. Como recordó recientemente su rector, “la UJA es el principal activo estratégico con el que cuenta Jaén para su transformación social y económica”. En un territorio con escasa inversión privada, sin tejido industrial sólido y con un desempleo juvenil alarmante, el conocimiento se convierte en el único agente de cambio real. El hecho de que en Granada haya ocurrido algo parecido ha propiciado que el propio PP granadino se haya manifestado en contra de la decisión, claro que es política.

           Por eso resulta incomprensible frenar un grado como Ingeniería Biomédica: con demanda acreditada, viabilidad económica, recursos disponibles y más de ochocientas solicitudes en su primera preinscripción. ¿No era el momento adecuado? ¿Por qué en las universidades privadas no hay obstáculos, mientras en la pública se multiplican las exigencias? Se trata de una decisión que daña la autoestima de una provincia que lleva años reclamando una apuesta seria por su universidad. El propio alcalde de Jaén, Julio Millán, lo calificó de “varapalo” y no le falta razón. Cada vez que se deniega un nuevo grado se pierden inversiones, se dispersa el talento y se erosiona la imagen de una institución que ha cumplido con creces su papel de motor provincial. Esto no es un trámite menor, sino la confianza en un modelo de universidad pública que investiga, colabora con empresas y forma a cientos de jóvenes que, de otro modo, como conoce bien esta tierra, tendrían que marcharse. Eso también es cohesión territorial y justicia social.

           La Junta aún puede rectificar. Lo mínimo sería revisar el informe técnico, explicar con claridad los criterios aplicados y asumir responsabilidades por un retraso que ha dejado a cientos de estudiantes en el limbo. Cada decisión como esta alimenta la sospecha de un trato desigual, que empieza a parecer menos una percepción y más una evidencia. Hay instituciones que incomodan, precisamente porque funcionan. La Universidad de Jaén es una de ellas. Por eso hay que defenderla. No desde el victimismo, sino con la convicción de que una universidad pública fuerte no es un privilegio, sino una necesidad. Dice Boaventura Santos, citado por Emilio Díaz Berenguer, que “O defendemos la universidad pública como lugar de producción de saberes plurales y emancipadores, o estaremos renunciando a uno de los pocos espacios donde aún es posible pensar utopías, imaginar futuros y ejercer la democracia en serio.” Y eso, sin lugar a dudas, también es política.

 

 

 



"LA METÁFORA DEL TRANVÍA" (Ideal 28-12-25)

  La metáfora del tranvía Manuel Molina              En el corazón de Jaén, una serpiente de acero y cristal permanece inmóvil bajo el ...