lunes, 26 de octubre de 2026

"SIN VERGÜENZA" (25-10-26)

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Manuel Molina/>
Nuestra política se encuentra hecha unos zorros, cargada de sal gorda y crecido el insulto ante la falta de argumento. El mindundismo ha llegado y reproduce seres que a su vez reproducen a duras penas lo que le escriben o le dictan en pinganillo. Ya saben que si algo se repite aunque provenga de la certeza, se insiste, pese a que la razón detecta la falacia, y finalemente se instala por “huliganismo” en lo admitido. Nos hemos malacostumbrado a que un presidente de gobierno, máximo representante electo en un país, guste o no, pueda ser insultado con una naturalidad pasmosa. Lo he visto ejercer a “gente de bien ” que guarda las formas en otros asuntos. Se ha aventado un mantra que permite lo que haga falta para servir a la idea de alcanzar el poder. Ojo, eso en un país democrático rechina, pero ha llegado cierta parte de nuestra sociedad, resucitada desde el totalitarismo para haber declarado esa forma como elemental y expandida y calar en el ser político de otra parte, hasta hace poco, en apariencia, tolerante y demócrata. El último ejemplo lo tenemos en cómo un personaje que apila una notoria concentración de todo lo peor que caracteriza a un ser humano, al que por más que intentemos razonar no se alcanza a entender cómo ha sido elegido presidente de un país. Visita el nuestro y se dedica, con descabellado propósito, a insultar a nuestro presidente elegido de manera democrática, insisto, guste o no. En un acto privado parece que puede colar la difamación, pero en ese lugar asiste uno de las principales representantes de nuestro país, el presidente del Senado, y calla. Después se naturaliza el abrazo de nuestra representante madrileña, esa especie de sacerdotisa del insulto, que inaugurara la costumbre de llamar puta a la madre de nuestro presidente y mostrarse orgullosa de ello. Resulta curioso que luego la gente la increpa por la calle, ya saben aquello de sembrar vientos. No hay nada nuevo bajo el sol. El más importante general ateniense de su época, Alcibíades, acusado de sacrilegio debió partir hacia la rival y gran enemiga, Esparta. Criticaba las costumbres austeras de estos, también se encamó con la esposa del rey espartano y se pavoneó por ello, salió más que por pies hacia Persia. Y con un poco de humor, no queda otra, recordemos al presidente ruso de los años muy fríos, Nikita Jruschov en visita durante 1959 a su enemigo íntimo, EE.UU. Como no le permitieron visitar Disneyland por seguridad arremetió contra ellos llamándoles hipócritas y decadentes. Ante el asombro, los americanos no sabían si expulsarlo –un movidón- o ignorarlo y que se regocijara en su ofensa. Primó lo segundo como ha ocurrido en España con el “tonto” argentino, según definía la madre de Forrest Gump. Pero ojo, si dentro de poco alcanzara el poder quien ampara a este descerebrado, ¿Cómo llevarían que la gente de bien cantara algo como “Fei-jo-ó, hijo de puta”, cada vez que apareciera en público? ¿podría poner alguien un poco de sensatez ya?

domingo, 18 de octubre de 2026

"¡Escisionistas!" (Ideal 18-10-26)

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Manuel Molina González />
Me permitirán recordar una magistral escena de “la vida de Bryan” monumento cinematográfico de los Monty Pithon en la que un minúsculo grupo de Judea tiene en común la rivalidad con los romanos invasores y no dirime sus diferencias de un modo lógico como sería la unión, sino que cada vez se dividen en más facciones y unos y otros esgrimen su decisión en que los otros son “escisionistas”. Ejemplo perfecto para definir la situación de las izquierdas políticas españolas. Hay derrotas que se consuman en las urnas y otras que comienzan mucho antes, en despachos y reuniones interminables, con la incapacidad de algunos dirigentes para distinguir entre el interés de su partido y el futuro de aquello que dicen defender. La historia política ofrece demasiados ejemplos de esa paradoja. Ofrezcamos una breve mirada a la historia y algunas significativas desuniones. En noviembre de 1933, la Segunda República española vivió uno de esos episodios. La fragmentación de las candidaturas de izquierdas, las tensiones entre republicanos y socialistas y una derecha mejor coordinada contribuyeron al cambio de orientación política, otorgando el poder a quien quería destruir el propio sistema. Una seria advertencia sobre el precio de la división. Alemania ofrece una lección todavía más dramática. A comienzos de los años treinta, socialdemócratas y comunistas mantuvieron una hostilidad que dificultó la construcción de una respuesta común frente al nazismo. La crisis económica, la violencia política y los errores de las élites conservadoras resultaron decisivos en el ascenso de Hitler, pero la desunión de sus adversarios democráticos y obreros debilitó también su capacidad de resistencia. En Italia, las fracturas del socialismo coincidieron con el crecimiento del fascismo. En Francia, el Cartel de las Izquierdas, vencedor en 1924, acabó descomponiéndose entre discrepancias económicas y políticas. Y en el Reino Unido, la falta de cooperación parlamentaria entre laboristas y liberales contribuyó a que los conservadores, sin esperarlo, regresaran al poder en 1924. Contextos diferentes y una enseñanza recurrente: los adversarios no necesitan vencer por su propia fortaleza, basta con esperar a que sus contrincantes se desgasten mutuamente y hacer un poco de ruido. ¿Significa todo esto que los partidos deban renunciar a sus principios para conservar el poder? Naturalmente, no. Gobernar juntos exige compromisos y lealtades recíprocas. Hay diferencias que no pueden salvarse sin traicionar el mandato de los electores. Pero entre la renuncia a las convicciones y la incapacidad para negociar existe un territorio amplio en el que se demuestra la verdadera responsabilidad política. El problema aparece cuando el liderazgo se convierte en propiedad privada, los programas sirven de coartada para las ambiciones personales y la parcela es más importante que el común. Entonces, la victoria del adversario puede comenzar a escribirse con las decisiones de quienes pretendían impedirla. La política no es una calculadora, aunque tampoco puede permitirse ignorar la aritmética. Los votos y escaños, las mayorías, necesitan una tríada: inteligencia, generosidad y perspectiva. La supuesta defensa de firmeza intransigente acaba defendiendo sus principios desde la oposición mientras gobierna quien menos deseaba.

domingo, 11 de octubre de 2026

"EL SESGO DE LA IA" (Ideal 11-10-26)

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Manuel Molina>
Visité hace años Delfos, en Grecia, uno de los oráculos más importante de la antigüedad clásica. Resulta de una belleza sencilla puesto que lo que fuera tan solo se intuye, ya que el paso del tiempo ha dejado como resto tan solo la horizontalidad y alguna excepción de columnas o muros. Se sitúa muy cerca del lugar en que habitan las musas y el dios al que se dedica el culto, Apolo. Hasta allí en su momento álgido viajaban particulares, familias, altos cargos militares y civiles para solicitar oráculo mediante consulta a través de la sacerdotisa Pitia, que luego interpretaban los sacerdotes. Esta podría mostrar que lo por acontecer sería favorable o inconveniente. En la antigüedad, desde Egipto a Grecia o Roma, las consultas en lugares sagrados constituían una de las principales vías para intentar conocer la voluntad de los dioses y encontrar respuestas ante las incertidumbres de la vida. Otro famoso oráculo fue el de Dodona, vinculado a Zeus y a la diosa Dione, donde se podría atisbar el futuro a través de las hojas de una encina sagrada, a través de su movimiento y frotamiento. Constituían un extraño medio de comunicación divina, mediadas e interpretadas por algunos humanos dotados de tal privilegio como los sacerdotes. Se han encontrado en el lugar miles de tablillas de plomo con preguntas reales sobre los más variados asuntos. No sabemos la respuesta, pero ahí quedaron las preguntas, ese vaivén que apuntó con gracejo y lírica Mario Benedetti: «Cuando aprendimos las respuestas, nos cambiaron las preguntas». Alejandro Magno visitó y popularizó el del oasis de Siwa; y Creso, como cuenta Herodoto, recibió el aviso en Delfos de que si emprendía la guerra destruiría un gran imperio. Allá que se lanzó motivado por el pronóstico, pero no supo interpretar que en realidad el que se cargó fue el suyo. Existe una variante en oráculo moderno al que consultamos y una especie de sacerdocio invisible, in absentia, que nos contesta. Antes tenía solo nombre y ahora ha transmutado en dos palabras. Pasamos del oráculo de Google al de la Inteligencia Artificial, ubicado en variadas páginas por las cuales se puede transitar en busca de respuestas. La evolución ha permitido que no sepamos en realidad a qué divinidad debemos las respuestas, pero la generadora de estas ha sido humana, un curioso Prometeo. No obstante, como en todo oráculo, la interpretación puede adentrarse en lo que se debe escuchar, en un dirigismo con más o menos trazo grueso. Si consultas sobre cocina o formas de comer no hay problema, pero si le planteas al oráculo la causa por la cual todo el mundo no puede comer se inquieta e incluso te intenta dirigir y llevar por el camino argumental que considera, es decir, el oráculo tiene sus preferencias, sesgo lo llaman. Una actividad muy interesante, entretenida y a la vez inquietante, que les recomiendo, consiste en trasladarle preguntas comprometidas, afirmaciones políticamente incorrectas, casi siempre desde un lado de la política. Entonces el oráculo no vaticina, reprende.

domingo, 4 de octubre de 2026

" AL MENOS LOS JÓVENES" (Ideal, 4-10-26)

"Al menos, los jóvenes" Claudette Colvin nació el 5 de septiembre de 1939 en Alabama y, aunque poco ha trascendido su nombre, fue una de las pioneras en el movimiento por la lucha de los derechos civiles, ya que fue la primera mujer negra conocida en negar el asiento en un autobús a una mujer blanca, en pleno periodo de la segregación racial. Si un blanco no tenía asiento y lo ocupaba un negro debía irse a la parte de atrás del autobús y quedarse de pie si no existía otro lugar libre. Tan solo tenía 15 años, lo hizo nueve meses antes del icónico protagonizado por Rosa Parks, que alcanzaría notoriedad mundial y se convertiría en un mito para la lucha contra la segregación en EE.UU. Claudette protagonizó un gesto que le provocó ser detenida y acusada de varios delitos. Volvía del instituto donde estudiaba, pese a proceder de una familia muy humilde. Vivía con sus tíos, ya que la madre no pudo mantenerla tras el abandono del hogar del padre. Un verdadero ejemplo del poder que atesora la juventud desde el convencimiento de que lucha por un mundo mejor y más justo. Me viene a la mente el recuerdo de esa mujer valiente y comprometida porque como otros casos en distintos momentos, los jóvenes han dado un paso al frente y han mostrado que la etiqueta de indolencia y falta de preocupación por su entorno o causas sociales no inspiran a ese sector de la sociedad. Sin embargo, y he de reconocer mi sorpresa, tal vez lo mejor de todo el asunto vivido de la infructuosa y peripatética reforma de algunos aspectos de la vivienda ha sido precisamente el descubrir una juventud que ha dado un paso al frente en algo que no solo sufre, por desgracia, sino que intenta mejorar para “el otro”, que corre sangre reivindicativa por sus venas y no encaja en esa otra juventud que vive acomodada y tan solo se altera por nimiedades intrascendentes de una falsa tradición e incluso a veces aparece como grupúsculo para linchar ,si se tercia, “al otro”, al distinto, por un falso canon que supone una idea excluyente de nación. Llaman a “Maricarmen”, “Morocarmen”. La juventud no debe entenderse únicamente como una etapa de formación, sino también como una oportunidad para asumir responsabilidades y mejorar la realidad que nos rodea. Desde Aristóteles hasta Ortega y Gasset numerosos pensadores han dedicado reflexiones sobre la polaridad de la juventud entre la indiferencia y el compromiso, siempre apostando por lo segundo, como síntoma de higiene social, recordemos de nuevo la vigencia de aquel ¡Indignaos! de Stéphene Hessel. Quienes defienden los intereses de los más poderosos se fueron el viernes del Congreso de los diputados sonrientes y satisfechos, ya que habían logrado imponer el criterio de grandes fortunas rentistas y grupos que no conocemos, pero ellos sí. Tal vez, en la pretensión de lo contrario hayan prendido la mecha de una juventud no dispuesta a claudicar, que no esperaban, como una joven negra en un autobús en 1956.

domingo, 27 de septiembre de 2026

"LA CRISPACIÓN" (Ideal 27-9-26)

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Estoy preocupado, muy preocupado. Creo que debería bajar la temperatura de este continuado verano soportado desde mayo y que tal vez la lluvia despejara los cuerpos, cargados de tensión. Nos convendría el otoño como estación y como pensamiento, sin el acalorado devenir diario que produce quemazón de palabras y acciones. No hay día que me levante y tenga un encontronazo con alguien. No piensen que me refiero a los insoportables hilos de las redes sociales, que a la tercera intervención ya aparece el “bot” o el voluntario del corta-pega para lanzar insultos y vejaciones al distinto. Qué fracaso como sociedad estamos alcanzando, después de intentar desde la escuela promover las relaciones educadas y el respeto al otro. Reconozco el mérito –aunque para nada lo comparto- de quienes han diseñado un proyecto social que cala en la mayor parte de la población, que cala con unas ideas básicas, incluso en contra de sus propios intereses. Una caterva de voluntarios ha admitido su labor en la causa como si fuese la defensa, manu militari apuntan algunos, una inevitable reconquista de algo que peligra. Te reúnes con amistades, familia o compañeros de trabajo y en cuanto aparece el menor asunto político derivado de la conversación te preparas porque vienen curvas y cada vez más peligrosas. Reconozco tanto la incapacidad del PSOE en algunos asuntos como vivienda, gestión den la crisis de Ceuta, ley de vivienda o no haber olido tan cerca a maleantes del trinque. Lo denuncio, pero lo que no voy a hacer es justificarlo con la gestión de las residencias en la comunidad de Madrid, con la aberrante y esperpéntica de Mazón al “no frente” de la Dana o la falta de preparación de Feijoó para ser un líder político. Toda esa adversidad comprobada no me incita a gritar “hijo de puta” a este ni a Pedro Sánchez o salir a pegar palizas al distinto. Pero en cuanto intento dar mi opinión sosegada sobre algún asunto, e incluso sin que se tercie, alguien me replica con esa expresión. No me encuentro en la defensa de un partido, sino de un sistema democrático que intentan hundir desde posiciones ya sin máscara. Quienes me provocan perder las ganas de debatir lo hacen creyéndose clase media, personal a salvo de necesitar lo público y en el privilegio de no depender de paguitas, pongamos por caso. Lo curioso es que no son clase media, sino trabajadores, que no podrían costearse un problema médico serio o unos estudios universitarios de pago para su prole, que en su propia familia tiene gente con “paguitas”, las merezcan o no, como quienes no han pisado un solo terrón de campo y todos los meses aparece en la cuenta un ingreso de ayuda agraria. Engels (1893) ya lo denominó “falsa conciencia” en el siglo XIX, para definir a quienes sostienen falsas ideas en contradicción con la propia situación. Ortega y Gasset (1930), apuntaba que la masa asume ideas del ambiente social sin haberlas sometido al examen propio. En esas estamos. Cada vez más preocupado.

domingo, 20 de septiembre de 2026

"LOS QUE NO SALEN EN PISA" (Ideal 20-9-26)

Los que no salen en PISA/> Manuel Molina/> He tenido la suerte de impartir docencia en casi todos los niveles educativos y a lo largo de los años siempre he conocido alguien que ha realizado un extraordinario esfuerzo para alcanzar la meta de superar un curso o un nivel educativo. He presenciado lágrimas tanto por la adversidad como por la alegría, después de darlo todo en largas noches o en intempestuosas madrugadas, en el intento de no robar tiempo al ocio, al trabajo, o a la familia. Palabras como “superado” o “suficiente” se convierten en júbilo tras atravesar la aridez del “no puedo” o el “no lo entiendo”. Y en esas diatribas se desarrolla el querer y poder, que desterrona el conocimiento hasta ablandarlo. Tanto en Daniel Pennac en «Mal de escuela» y María Zambrano, cuando se acerca a la idea de docencia, el profesor aparece no como alguien que simplemente transmite contenidos, sino como quien abre posibilidad para que el alumnado pueda acercarse al conocimiento. Me he reconocido en esa perspectiva, a la vez que era consciente de que no debe constituirse en imperativo, sino que proviene de algo vocacional. Quienes más me han sorprendido en el estudio y en el desarrollo de su tránsito por el sistema educativo siempre han sido las personas adultas. Quizás porque mi propia madre fue una de ellas y hasta los sesenta años no pudo acceder a una enseñanza reglada y obtener un título de enseñanza elemental. Decía Josefina Aldecoa que la educación es un proceso que no termina nunca y llevaba razón, a lo que añadiría que se debe contemplar la posibilidad de poder iniciarse. Debe ser un derecho porque uno de sus beneficios reside en que supone clave para la liberación y el cambio social. Por eso, me produce felicidad encontrar a personas mayores en un aula. Tengo un gratísimo recuerdo de mis alumnas de la universidad de mayores, que después de tantos años siguen felicitándome en mi cumpleaños y recuerdo cómo corrían las lágrimas al recibir la banda de su graduación. También recuerdo el abrazo, título en mano, de quien tanto luchó contra sirenas, desvelos y destino para ser bachiller con la contrariedad –según creía- de la edad. También a quien no entendía una palabra de castellano cuando llegó al instituto y acabó graduada en la universidad. Recuerdo, cómo no, a quien tuve al lado con una hija muy pequeña y los mechones de pelo cayendo sobre los libros como consecuencia de la quimioterapia, que no impidieron obtener un grado a distancia. Todas esas personas no aparecen en el informe PISA, que tan desagradables resultados ofrece. ¿Cómo se ponderarían la superación de adversidades y la perseverancia en un objetivo que conduce a una titulación? En el registro de su certificación aparecerán escuetas palabras sin la literatura que podría acompañar como reconocimiento: tesón, voluntad, dedicación, entereza y un largo etcétera. Qué suerte estar ahí. Como escribió Unamuno: “ No son las palabras sino la propia vida del maestro la que obra como imán y poderoso acicate». Ojalá haya sido un poco así.

domingo, 13 de septiembre de 2026

"INFORME PISA: APOCALIPSIS Y BUENISMO" (Ideal 14-9-26)

Informe PISA: apocalipsis y buenismo Manuel Molina/>
Qué trajín de opiniones ha generado el último informe de la OCDE sobre educación, donde hemos pegado un batacazo considerable, aunque se veía venir, en comprensión lectora, Matemáticas o Lengua. Los resultados desde hace tiempo siempre mostraban, desde el supuesto que se analiza, que se iba hacia abajo, sin percibir mejoría. Encontrarán en medios de comunicación, tertulias y redes sociales, la opinión y análisis de expertos, de políticos o de alguien que pasaba por allí. Unos ven casi el fin de la civilización y otros que no pasa nada. En mitad el gris, que también es una opción. Y ocurre lo mismo que con los documentos desclasificados por el gobierno sobre lo ocurrido en lo ocurrido en la frontera de Ceuta. Los “papeles” son los mismos y cada cual ve en ellos una perspectiva. Según los datos del informe educativo podemos deducir que lo valorado ha obtenido malas notas, que nuestros jóvenes no entienden lo que leen y que a duras penas logran defenderse en conceptos lingüísticos o en operaciones matemáticas. Esa es la realidad. La escuela siempre se muestra como un reflejo de la sociedad que la rodea. No podemos apreciarla como lugar descontaminado de la influencia exterior, y por tanto, lo que en ella ocurre no es ni más ni menos que la permeabilidad que llega desde fuera. El pedagogo John Dewey en My Pedagogic Creed ya lo apreciaba a final del siglo XIX y Paulo Freire más adelante lo enunciaba así de clarito: “lo que sucede fuera del aula [la familia, los medios de comunicación, las redes sociales, la política, los conflictos sociales o los valores dominantes] acaba entrando en el aula y modificando las conductas y las relaciones educativas”. Vivimos con la cabeza doblada sobre una pantalla, pendientes de un móvil que nos ha cambiado el sistema de comunicación y de información. El hipertexto de la pantalla digital es líquido (Bauman) en el sentido de que es inasible y disperso. Hagan autoevaluación y fíjense donde acaban, aunque pretendieran tan solo consultar si les había tocado un cupón de lotería. Somos guiados con mensajes breves hacia la horizontalidad de información. Resulta muy difícil pararse y reflexionar; no digamos comprender. Pues eso hacen los adolescentes evaluados. Se achaca a los jóvenes que no leen y en un porcentaje elevado así es. La lectura requiere esfuerzo, paciencia y silencio. Una tríada totalmente contraria a lo que un adolescente recibe, y además su cerebro se va moldeando con un sistema cognitivo alejada de esa actividad. Comprender es la base de entender y esto lleva al pensamiento crítico, que en todas las leyes educativas que florecen cada pocos años, según quien gobierne, se convierte en un objetivo final. Pero la realidad se desliza hacia la traición y quienes diseñan esas leyes y quienes las promueven, nunca tiene en cuenta a quienes las llevan a la práctica. De aquellos polvos, estos lodos, dice el refrán. Y continuamos hacia otra caída. Tratar el asunto con la seriedad necesaria requeriría tiempo, pero no tenemos.

domingo, 6 de septiembre de 2026

"LA VUELTA AL COLE" (Ideal, 6-9-26)

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Platón era conservador, defendía que la educación fuese virtud –en sentido griego- y su principal función residía en preparar futuros “buenos ciudadanos”. Visto así resulta convincente y asertivo, si no fuese porque el término bondad abordado desde la filosofía, resulta muy voluble. Séneca acudía a ella por confiar más que en la palabra, Montaigne en su escepticismo lo relacionaba en la confianza con la bondad ajena, el propio Unamuno, en un arrebato humanista, lo relacionaba con el poder y el Dalai Lama y su buen rollito igualaba religión y bondad. De todos ellos me quedo con el racional Kant: “no hay nada bueno sin restricción, tan solo buena voluntad”. Me he hecho mayor y la perspectiva, pesa. Pero queríamos hablar de la vuelta al cole, no vaya a irse el hilo por los cerros de Úbeda, por cierto, qué paisaje tan bello. Una señora, con orgullo, lleva a su retoño a una manifestación para apoyar a Ceuta. No creo que nadie en su sano juicio deje de apoyar a Ceuta por lo que le ha caído. Esta mujer viste el equipo –ella y él- de bandera nacional y todos sus complementos, está en su derecho, y crea dos pancartas junto al retoño -unos ocho o nueve años- con caligrafía titubeante y colorines. Ella: “España no se vende, España se defiende”. Lo ha clavado, ¿quién puede estar en contra de semejante declaración de principios? Pero se la ha ido la mano con el chiquillo y este en su amor materno e inocencia porta una cartulina con la siguiente expresión: “Perro Sánchez, hijo de puta”. Vaya. Una cámara se acerca y los enfoca, la madre percibe la oportunidad de entrar en cuadro y pese a que los acompañantes no corean ella se arranca para que el infante la siga: “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Varias veces. La criatura en su mímesis maternal la acompaña. Sonríen. Misión cumplida. Satisfacción. Queridas maestras, queridos maestros. La cara del niño está pixelada, pero la de la madre, no. Quien tenga la desgracia ya sabe lo que le toca, sea en la pública, que casi como que no, en la concertada, que tendrá que tragarlo sí o sí, y no te digo en la privada. Carne constante de tutoría. En las dos últimas será digerible por imposición, en la primera tal vez alguien le recuerde al magistral Fernando Fernán Gómez. Si han llegado hasta aquí supongo que intuyen un panegírico del presidente del gobierno. Pues no. Lo simplificaré. Se trata de mostrar lo que enseñanza debe soportar como ente permeable de la sociedad, de cómo la bondad que se presuponía hace tiempo se ha quitado la máscara y la intolerancia, a la vez que la impresentabilidad, campan a sus anchas. La bondad no es amable, ni, por supuesto, ufana. Los Whatsapp los carga el diablo y ustedes desde una trinchera resistirán el envite. Esa madre del enxiemplo pertenece a uno, como tantas personas y no dudará en pensar, si tercia que son…

domingo, 23 de agosto de 2026

"GENTE SENCILLA QUE ALEGRA" (Ideal 23-8-26"

Gente sencilla que alegra />
Existen personas que hacen el bien sin necesidad de llamar la atención. Si uno se fija un poco, se da cuenta de que mucho de lo que funciona a nuestro alrededor lo hace porque ellos ponen ese pequeño extra que nadie les pide. Huyo del calor hace tiempo y me desplazo parte del verano a un pequeño pueblo del norte. Allí conocí la generosidad de sus pocos habitantes, pegamos la hebra, me enseñan cosas del campo, del tiempo, incluso me hablan de sus vidas. Pregunto para saber sin acercarme a la pesadez y lo disfruto. Gente sencilla que por la tarde deja en mi puerta dulces vainas, como llaman a las judías verdes, tomates exquisitos, pimientos verdes relucientes o enormes calabacines. No dicen nada, lo dejan. Correspondo con aceite y dulces. Hablando con uno de ellos, me dijo que estaba contento de que yo fuese, porque allí ya no iba nadie y acompañando su labor en la huerta me dijo un día algo que guardo: “a mí me gusta hacer, siempre hay algo que hacer, aunque sea hoy charlar contigo”. Admiro cuando un camarero recuerda cómo toma el café un cliente, la enfermera que, además de hacer bien su trabajo, dedica dos minutos a tranquilizar a quien tiene miedo, el funcionario que explica por segunda vez un trámite al ciudadano que no lo entiende, la cajera que guarda una sonrisa incluso cuando lleva tantas horas detrás de la caja, el vecino que baja la basura donde corresponde y te saluda. Todos los he visto hoy y me han hecho reflexionar. Algunos dirán que son cosas pequeñas. Exacto. Vivimos en una época de ruido. Todo parece necesitar una declaración, una fotografía, un aplauso o un reconocimiento inmediato. Incluso hemos convertido la bondad en algo que se puede compartir como contenido. Quizá por eso valoramos a las personas que siguen haciendo bien su trabajo cuando nadie las ve. No desde lo notable, sino porque han entendido algo básico como que trabajar así también es una forma de cuidar a los demás. Saint-Exupéry escribió en El Principito que “lo esencial es invisible a los ojos”. La frase se ha vuelto un lugar común, nos sigue, pero no deja de ser cierta solo porque la repitamos mucho. También dijo que somos responsables de lo que hemos cuidado. Ahí está tal vez el punto clave, ya que una sociedad no se mantiene solo con leyes o normas. Se sostiene con miles de pequeñas responsabilidades que se cumplen cada día. No se trata de decir que vamos a hacer el bien ni de explicar nuestras intenciones. Alegran los que llegan a tiempo, cumplen, ayudan, escuchan o resuelven. Si pueden, ponen además un poco de simpatía donde otros pondrían indiferencia. No cambiarán el mundo de un momento a otro, aunque logran algo más cercano y quizá más importante como hacer que ese mundo de quienes se cruzan con ellos sea un poco mejor. Y eso, en tiempos de tanto estrépito, ya es bastante revolucionario y signo de paz.

lunes, 17 de agosto de 2026

"CLISAOS" Ideal, 8-26

Clisaos Manuel Molina/>
Existen palabras que contienen un rastro poético en su etimología. Una de ellas puede ser “clisao” o la variante “crisao”. Su origen arranca de una evolución fonética a la vez que metafórica de “eclipse” y refiere tanto en algunas zonas de Andalucía como de Extremadura a dos variantes léxicas; por un lado, a una persona muy fija y concentrada en algo, y por otro lado, a alguien incapaz de reaccionar por algún motivo. Tal vez el sinónimo más cercano sea obnubilado. Alvar Ezquerra en su Tesoro léxicos de las hablas andaluzas lo recoge. Mi madre era muy dada a utilizarla para avivar cuando te apreciaba pensando en las musarañas y requería de tu atención. Lo vivido con el eclipse del día 12 de agosto, aún reciente, puede que contenga también algo poético al observar cómo la luna va tapando el sol poco a poco hasta oscurecer ese círculo tan potente. Reconozco que me emocionó, junto a las personas con las que compartí el momento. De hecho, me ha servido como excusa para poder conectarme con un grupo familiar disperso por todo el territorio nacional sin que mediara una pandemia. Sin embargo, a la par que la emoción vivida también nos dejó una refriega social, como todo lo que ocurre que sea llamativo. Me resulta alucinante que hasta el avistamiento de un eclipse se convierta en materia política y se intente sembrar el odio ya cotidiano y el banderismo panfletario, para intentar sacar un rédito político en una situación de tanta falta de oxígeno democrático. Asistí perplejo a la campaña en redes acusando al gobierno de promocionar el fenómeno del eclipse supuestamente para tapar su labor, llegó incluso a sorprenderme que alguien con cargo político caracterizado por la mesura y el alejamiento del ruido de las redes sociales cayera en la trampa y compartiera un bulo tal que así: “el eclipse es un invento de la agenda 20/30 y los progres wokers… está dentro de los planes de Sánchez”. Lo quitó pronto pero ya había capturas y le han sacado los colores. El dedo digital es de gatillo fácil y muy traicionero. Como esos anónimos audios de oncólogos o internistas alarmando de los refuerzos en hospitales para las posteriores quemaduras de córneas y retinas. En verdad, lo que yo aprecié desde mi atalaya montesa fue un momento mágico, que además en ese instante contenía a la par una alineación de seis planetas con el sol, que me unía en el tiempo a mayas y otras civilizaciones que se sintieron fascinadas por estos fenómenos. Me conmovió a medida que la luna se situaba delante del sol lo que me contara el astrofísico, Rafael Luque, reciente premio de Girona de investigación, cómo comenzó con sutilidad a moverse el aire, los pajarillos se recogían y la luz se atenuaba para luego volver a su fulgor. Y me encantó sentirme impelido que diría el Nobel Vicente Aleixandre entre gente, como domingueros con sus sillas, mesas y neveras, disfrutando la vida aunque a algunos eso les reviente. Qué bien se está clisao.

martes, 28 de julio de 2026

"MALETAS SIN DUEÑO" DE DORI DELGADO

Maletas sin dueño Dori Delgado (Ediciones esdrújula)/>
Manuel Molina González/>
Tengo dos recuerdos de maletas viejas y las dos tienen en común que representan a quienes fueron obligados a salir de su tierra y acabaron en otra extraña o en una cámara de gas. La primera la conforma un apilamiento de maletas que representan a todos aquellos que tuvieron que dejar un país tras una guerra fratricida, se encuentran ubicadas en la casa natal del que fuera presidente de la segunda república española, Niceto Alcalá-Zamora. La segunda fue de más difícil visión, de conmoción, y está situada en un espacio del campo de concentración de Auschwitz. Quienes llegaban nunca eran conscientes de que al entregar esa maleta donde guardaban todo lo que tenían, ya nunca más la recuperarían. La maleta también ha sido un símbolo de nuestra emigración, de quienes debían dejar atrás el terruño para partir con ese elemento donde se guardaba la ropa, los miedos y la incertidumbre. Algunas volvieron. Las maletas de Dori en realidad no aparecen explícitas, pero se presuponen en algunos momentos por parte de quienes se desplazan para intentar una vida mejor, ya sea como jornaleros, trabajadores o estudiantes. En muchos personajes existe el denominador común del intento, tan humano, de mejoría. Nos ofrece un libro de relatos, que en apariencia pueden resultar misceláneos, pero existen varios denominadores comunes que aglutinan, casi todos los personajes son humildes, trabajadores, con sus sombras y luces. Lejos de intentar estar presente y opinar la autora ha decidido simplemente darles voz, los acompaña como si fuese una técnica documental o de cámara al hombro, de hecho incluso la introducción o narración de algunas se ofrece desde una perspectiva masculina. Interesa transmitir tan solo lo que ocurre. Todo ello sin recoger velas ante el hecho de que una parte de quienes se nos presentan no sean lo que se espera de ellos, como la vida misma. Existe un motor también que produce horizontalidad, la educación como medio para la mejora, pero también como una característica positiva de quienes incluso sin poder acceder a ella la sienten como necesaria. La autora nos lleva en esa especie de “documental” por las tierras del altiplano granadino o su costa y da pie a la entrada en escena para que nos cuenten de una manera sencilla, con una prosa pulida y limpia, por qué se van, por qué intentan volver, por qué no saben gestionar la emoción que nadie les enseñó y los sobrepasa en ocasiones. También nos lleva a la frontera de un cambio que sobrepasó e incluso expulsó a gente del campo a la ciudad, de una forma de vida que tras siglos feneció. No se trata de un ejercicio de melancolía sino de llevar el foco de atención a ese momento. También el papel de la mujer desde el punto de vista intergeneracional resulta muy interesante. En los relatos de Dori, muchos de ellos ganadores de certámenes, también destaca desde el punto de vista formal la sencillez, como parte también correlativa al mundo que ocupa el contenido. Llama la atención la frase corta, la descarga adjetival que multiplica el sentido narrativo de lo que ocurre, más que la perspectiva de cómo ocurre. Los personajes se expresan por sí mismos y se nos dan a conocer por sus palabras, de hecho en algún momento se permite la licencia de imitar la oralidad porque así la atmósfera narrativa se enriquece. Está clavada esa expresión tan genuina de unan parte de Andalucía, “esjraciao”. La musicalidad se presenta no solo en algún relato de manera referencial sino en el ritmo de la prosa, con una melodía sencilla y reiterativa, con algunas variantes pero con cierta continuidad, que alcanza un ritmo cercano a lo popular, a lo reconocible y cercano, como los propios personajes. En definitiva, un libro para leer quizás en la tranquilidad veraniega, para ir conociendo y reconociendo algunos de esos personajes, que nos recuerdan a alguien en un momento que atravesamos y se sentaron a nuestro lado en las alsinas, compraron en un ultramarinos, llegaban de las labores del campo o supimos que se marchaban del pueblo con su maleta de madera y tela. Merece la pena su lectura.

domingo, 26 de julio de 2026

"EL FUEGO Y EL RUIDO" (Ideal 26-7-26)

El fuego y el ruido. Cada verano el fuego nos devuelve a la misma escena: arden los montes y, casi al mismo tiempo, arden las palabras. Apenas ha comenzado un incendio cuando ya se han levantado trincheras donde deberían alzarse preguntas. La velocidad de la indignación suele superar a la del conocimiento. Hace dos días asistí al estreno de una película, “Los creyentes” con José Coronado de protagonista, donde refleja una realidad del modo en que hoy se construyen las certezas, al margen de la evidencia. Curiosa. Nunca fue tan fácil encontrar quien confirme nuestras ideas, aunque sean falsas. Las redes sociales han convertido la opinión en un refugio confortable donde los hechos apenas importan. Como escribió Daniel Patrick Moynihan: “Todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos.” Conviene recordarlo cuando el humo todavía no ha abandonado el horizonte. No soy ingeniero forestal ni climatólogo. Precisamente por eso procuro hacer lo único razonable, como preguntar a quienes llevan décadas estudiando el problema y acudir a la ciencia antes que al eslogan o la paranoia. Los especialistas repiten desde hace años que los incendios no se apagan únicamente en verano, se previenen durante el invierno. Gestionar el monte, limpiar el sotobosque, recuperar usos tradicionales, planificar, invertir y asumir que el cambio climático modifica las condiciones en las que vivimos forman parte de una misma respuesta. Sin embargo, la política parece preferir el combustible de la demagogia. Resulta difícil aceptar que todavía haya quien señale a los «comunistas» como responsables de los incendios mientras comparte proyecto con quienes niegan la evidencia científica del calentamiento global o minimizan la crisis ambiental. Hay una contradicción que no cabe ocultar bajo el humo. Tampoco ayuda acudir al escenario de la tragedia “disfrazada” a medio camino entre Lara Croft y Dora la Exploradora, con un cartel casi más grande que el chaleco, dispuesto a lanzar consignas delante de las cámaras mientras detrás siguen trabajando quienes arriesgan la vida entre llamas y han sido ninguneados. La propaganda nunca ha extinguido un incendio. El fuego exige otra actitud. Pide serenidad antes que espectáculo y conocimiento antes que consignas. Porque un bosque tarda décadas en crecer y apenas unas horas en desaparecer. También la confianza pública se consume cuando convertimos cada catástrofe en un plató. Albert Camus escribió que “nombrar mal las cosas es aumentar la desgracia del mundo”. Quizá esa sea la primera tarea, llamar a las cosas por su nombre. Un incendio forestal es un fenómeno complejo donde confluyen abandono rural, gestión del territorio, condiciones meteorológicas extremas, intereses humanos y una realidad climática que ya no admite demasiadas discusiones serias. Simplificarlo para obtener un titular o un puñado de votos equivale a echar gasolina sobre las brasas. Tal vez el fuego sí empiece a apagarse en invierno, como repiten quienes conocen el monte, pero el incendio de las palabras solo comenzará a extinguirse cuando aprendamos que hay momentos en los que el silencio y el conocimiento iluminan mucho más que cualquier hoguera política.

martes, 21 de julio de 2026

"LA HIPERPROTECCIÓN" (Ideal 19-7-26)

En las dos principales leyes de Murphy se nos advierte de que si algo puede ir mal, irá, y si algo puede empeorar, empeorará. Supongo que ambas reflexiones se elevan a la categoría de mandamientos para los pesimistas y asisten como a un milagro epifánico cuando una tostada cae al suelo por el lado de la mantequilla. Para un optimista medio informado, como servidor, queda lejana esa aceptación vital, pero he de afirmar que en ocasiones, como el niño de “El sexto sentido” que veía muertos, yo veo murphismo. Leo que una enorme cantidad de opositores a las plazas de docente en todo el territorio patrio ha suspendido por faltas de ortografía, comparativa que me hace pensar que el acceso a soldado fuese denegado por cobardía. “Es que yo soy de Educación Física”, argumenta algún afectado, ya ven o “ya ben”, que escribiría. Pero en la segunda aplicación de la ley de Murphy aparecen los padres (y madres) de los suspensos y crean una juntera para reclamar: por si alguien va lento les recuerdo que la edad por lo bajo para presentarse a una oposición es de unos 23-24, como diría un castizo, tienen el pubis bien poblado. Los polvos y los lodos. Voy más allá del gozoso encuentro carnal que fructifica y trae al mundo un polluelo humano. Pasa por la educación infantil y allí ya se inhala el virus del hiperproteccionismo. Pobres maestras y maestros frente a ese grupo de whatsapp que hierve a diario. El mundo tan solo lo conforma una personita a la que se lava, peina, viste y se introduce en un caparazón ideal, altas capacidades, por supuesto, e incomprendido/a por quienes pretenden primero que sea feliz y después que sepa la A o el 1. En la primaria se agudiza y entre fiestas obligatorias de cumpleaños para veinticinco, inglés, fútbol, música, taekwondo, papiroflexia y natación, cada uno sobresale por, en apariencia, ser el mejor o no alcanzarlo por la incompetencia de sus monitores. En la secundaria, algunos progenitores realizan objeción de conciencia educativa y trasladan el hecho a quienes enseñan, con prepararles el bocadillo, la ropa, el móvil y la burbuja parece alcanzado el mínimo de padre o madre. Volverán a activarse a final de curso para la graduación. Llega el bachillerato, muchas veces con un proyecto paterno-materno de estudios. “Vas a ser notario”, “pero a mí lo que me gusta es la Educación Física”, “Luego te apuntas a un gimnasio o vas a correr”. Entra en una carrera, que no suele ser la que se quería, se acude a buscarle piso, a limpiárselo, a cocinarle y renovarle la burbuja, que a esa edad son marranillos. Se prepara una oposición en una academia que eligen los papis, se les lleva a examinarse y con la burbuja estallada se intenta reclamar a un tribunal. Si aprueba le dirán qué destino pide y a la dirección se le pedirá un buen horario. Herman Hesse en Demian (1919) escribió: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo”.

domingo, 12 de julio de 2026

"TURISMO CLIMÁTICO" (Ideal 12-7-26)

Un reciente informe de Greenpeace concluye que España avanza muy lentamente en la creación de refugios climáticos para proteger a la población frente al calor extremo, pese a que alguna opción política, ahora con el poder de gobernar, lo niegue. Solo una parte de las capitales de provincia dispone de una red de estos espacios, y muchos presentan carencias tan básicas como horarios limitados o falta de servicios básicos. No hablamos de grandes superficies comerciales, sino de espacios naturales. La organización destaca que los refugios deben ser gratuitos, accesibles y mantenerse abiertos durante los episodios de altas temperaturas. También subraya que son especialmente importantes para personas mayores, niños y colectivos vulnerables. Además, reclama ampliar las zonas verdes, el arbolado y las sombras para reducir el efecto del calor en las ciudades. Los sucedáneos, como los toldos, parecen la culminación de una mala gestión ambiental, banderas de fracaso. Greenpeace considera que estas medidas son esenciales para adaptarse al cambio climático y disminuir los riesgos para la salud ante las sucesivas y persistentes olas de calor. Desde hace unos años me he convertido en lo que se denomina un “turista climático”. Me desplazo todo lo que puedo en el periodo más tórrido del verano hacia lugares con atractivo cultural y natural, pero, sobre todo, que cumplan la máxima de que al menos por la noche pueda descansar sin necesidad de aire acondicionado. Justo hace unos días recalaba en un lugar del tercio norte peninsular y siguiendo una recomendación llegué a un pequeño pueblo donde se ofrecía un curioso restaurante con espacio para las mesas en una zona de tierra bajo un nogal frondoso. Marcaba la diferencia de temperatura respecto al entorno. Pegué la hebra con la propietaria, una señora mayor, me dijo que para combatir el calor no había mejor fórmula que tierra y árboles. Cuánta razón, pensé. En el informe de Greenpeace destacan las ciudades con refugio climático por una sencilla razón, donde más calor hace no existen, casos como Sevilla o Extremadura; y las que más tienen Vitoria o San Sebastián. Me pregunto la razón por la cual en lugares afectados por tanto período de calor a ningún político se le ocurre proteger a su población con estos refugios. Misterios que podría tratar Iker Jiménez, ahora que habla mucho de política. Decía el clásico Horacio que apenas somos polvo y sombra. Y hemos sabido crear esta en espacios verdes y en nuestros patios, cómo no vamos a superar a nuestros antepasados con mayor tecnología. Se ha

lunes, 6 de julio de 2026

"El marxismo de Juanma" (Ideal 4-7-26)

Manuel Molina Existen dos formas de entender la política, que refleja muy bien el término marxismo. Por un lado una opción con unos principios que a unos gusta y a otros, por supuesto, no. La generó el alemán Karl Marx y tuvo relevancia en el siglo XIX, más apocada y relegada en el siglo XXI, en los territorios casi de anécdota. La segunda procedía del humor, la más vigente, superando incluso lo de izquierda y derecha; la promovió el humorista estadounidense Groucho Marx, así sintetizada: “estos son mis principios, si lo gustan tengo otros”. El marxismo de Groucho ha triunfado a unos niveles insospechados en el terreno político, tanto que seguramente sea la tendencia que más gobierna. El último en subirse ha sido el ya presidente de la junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno con unos principios e ideas políticas que parecían celestiales y bandera de la bonhomía, hasta que los números fallaron y hubo que activar el “marxismo” para sentar en el gobierno andaluz a quienes cincuenta y un años después vuelven a gobernar por estos lares, herederos de quienes entraron a sangre y fuego derribando y anulando un gobierno elegido de manera democrática. Casi todos los gobernantes de nuestro país han tirado del marxismo de Groucho para llegar o mantenerse en la poltrona. Nuestro presidente Sánchez llegó a decir que no dormiría tranquilo con un gobierno en el que estuviera Pablo Iglesias; lo hizo vicepresidente. Aznar venía de disfrutar con la cantinela dedicada a Jordi Pujol: “Pujol, enano, habla castellano”, hasta que lo necesitó y habló con él catalán en la intimidad. Felipe González, que habló “con lengua de serpiente” –según cantaba Javier Krahe- propugnaba no entrar en la OTAN hasta que nos metió. Feijoó abrazaría a los condenados por el Procés si los números le dieran. Rara avis fue Julio Anguita que para pactar siempre ofrecía lo que había llevado como programa electoral, nada de “marxismo de Groucho” con tal de sentarse en una poltrona. Ya ven, nostálgicos de aguilucho en la muñeca y ahora de verde pistacho contentísimos de que con tan poco, tanto. Disfrutarán los toros, la caza, el urbanismo desalmado de las costas y solares, se limpiarán el trasero con el respeto al medio ambiente y sacarán si pueden todos los días un santo a la calle. Si eres inmigrante, abstente. Y así estamos, ¿de qué se reirá ahora Juanma?, ¿qué cantará?, ¿cuántas veces escuchará Viva España donde debiera decir Viva Andalucía?, ¿cuántas veces nos dirá aquello de que es moderado y busca el equilibrio como Franco Battiato?, ¿cuántos abrazos dará con su poquito de asco y cuántos recibirá de los judas?, ¿cuántas veces escuchará las palabras “moros” o “sudacas” y tendrá que callar? Se podría pensar que antes no era así, pero ya dijo José Mujica que el que en política actúa de una manera es que ya era así antes de llegar. A quienes les guste todo eso a disfrutar. Dicen que el poder desgasta, a quienes no les queda ajo, agua y espera.

martes, 30 de junio de 2026

"EL RODILLO MIMÉTICO" ( Ideal, 28-6-26)

Manuel Molina />
El ser humano, el que conocemos porque nos rodea, no cree las ideas porque sean verdaderas, sino porque son las creencias de su ambiente y a ellas se debe entregar para que el orden artificial, el ser social, continúe sin sobresalto. Escribía Thoreau que cada generación se ríe de las modas viejas y sigue religiosamente las nuevas o lo que en la fraseología de roman paladino se menciona así: “¿qué es lo que hace Vicente? Lo que hace la gente”. El heterónimo de don Antonio Machado, Juan de Mairena también aportó algo interesante en estas consideraciones: “Pensar es, ante todo, descartar opiniones”. Si consideramos todo lo anterior como premisas podemos elevarlas y sintetizarlas en una pregunta: “¿qué leches hago en mitad de una fiesta de graduación de 6º de primaria o de 4º de ESO o no digamos de cuatro años de Infantil?” Tal vez sea de los pocos que considera que esto de las graduaciones se nos ha ido de las manos y se ha convertido en un bufonesco espectáculo que se repite por el simple hecho de que otros lo hacen. Hace años veías escenas de una película americana en la que unos jóvenes terminaban la educación secundaria y se graduaban con toga y birrete para después acudir al baile de fin de curso y pensabas que todo eso no podía menos que interpretarse como el síntoma que arrastraba la sociedad americana de apenas poder contar con una trayectoria histórica de enseñanza secular. Con ese ritual creado para loor y gracia del sistema educativo y de su sociedad se cubrían carencias y complejos. Quienes desde fuera de ese “american way of life” lo veíamos, no podíamos menos que valorarlo como algo hortera y acomplejado. Ahora bien, quién nos iba a decir que en unos pocos años tragaríamos con lo mismo multiplicado de manera exponencial a todos los ámbitos educativos. Permanecí muchos años en un centro que celebraba siempre en jueves por la tarde-noche una fiesta de fin de curso para quienes finalizaban bachillerato. Una idea maravillosa; ellos se vestían casi con el mismo tipo de traje y corbata y ellas como si fuesen a la boda de su mejor amiga. Tan solo había un problema, que apuntábamos dos o tres profesores –ya saben que todos lados hay aguafiestas- ya que no sabían si habían aprobado o no. Pasaban toda la noche de juerga, que siempre resulta estupendo, pero aguantaban hasta primera hora del viernes para ir a recibir las notas. Se vivían escenas lamentables por parte de quienes recibían calabazas e intentaban en su estado dialogar. Con una chaqueta manchada, un jarapillo a medio remeter, descalzos y aliento a cubata de garrafón. Planteaba por qué no se entregaban las notas y luego nos íbamos todos a celebrar lo que hiciera falta. “Hombre, son chiquillos, y si no han aprobado lo van a pasar mal en la cena”, se me contestaba cada año. Creí que aquella situación había tocado fondo, pero apareció una palabra mágica: Graduaciones.

domingo, 28 de junio de 2026

RESEÑA DE "LA LUZ DE MEDINA" DE EMMA LIRA EN CUADERNOS DEL SUR

lunes, 22 de junio de 2026

"DERECHO A NO HACER NADA" (Ideal, 21-6-26)

Manuel Molina />
Vivimos con la sensación constante de llegar tarde. Tarde al trabajo, tarde a los mensajes, tarde a las expectativas de los demás y, lo que es peor, tarde a nosotros mismos. La dictadura del reloj ya no solo marca las horas, sino también la culpa. Si un domingo por la tarde, pongamos por caso, nos encontramos sin hacer nada, en lugar de disfrutar del silencio sentimos el impulso de buscar cualquier tarea que justifique nuestra existencia. Nos han convencido de que tenemos que ganarnos el descanso. Parece que la vida es una nómina emocional donde cada minuto de calma debe compensarse con varias horas de productividad, de primero de neoliberalismo. Así hemos terminado confundiendo estar ocupados con ser importantes. Sin embargo, hace casi dos mil años, Epicteto ya decía que no son los acontecimientos los que nos perturban, sino cómo los interpretamos. Tal vez el problema no sea detenerse, sino haber aprendido a ver el descanso como un fracaso. No toda inacción es pasividad. A veces solo significa negarse a participar en una carrera cuyo premio nadie ha sabido explicar. Pura paradoja, nunca hemos tenido tantas herramientas para ahorrar tiempo y nunca hemos tenido menos tiempo para vivirlo. La obsesión por el rendimiento produce lo contrario de lo que promete ansiedad y agotamiento. Byung-Chul Han lo resume con una frase contundente: “vivimos en una sociedad del rendimiento que se explota a sí misma creyendo que se realiza". Quizá por eso los holandeses han puesto nombre a algo que siempre ha existido: el “niksen”, que traducido libremente significa no hacer nada. No nos referimos a la pereza, ni a abandonar las obligaciones, tan solo presionar el botón de pausa sin sentir culpa y permitir que la mente vague sin objetivos, sin la molesta necesidad de ser útiles, incluso cuando descansamos. No parece una idea revolucionaria. Lo curioso es que hoy sí lo sea. Aristóteles llamaba scholé al tiempo dedicado a ese no hacer nada: la conversación, la filosofía o la simple contemplación de la belleza. Lo consideraba la forma más elevada de vida. Nosotros, en cambio, llamamos "perder el tiempo" a sentarnos en un banco a mirar pasar a la gente. Tal vez la diferencia entre civilizaciones no esté en la tecnología, sino en la capacidad de estar cinco minutos en silencio sin usar el teléfono. ¿Por qué nos da tanto miedo parar? Cuando todo se detiene surge la oportunidad de reflexionar sobre quiénes somos, hacia dónde vamos o si realmente vivimos la vida que elegimos. José Mujica dejó una advertencia importante: "Hay que vivir como se piensa, porque si no, acabarás pensando como vives". Y tal vez ahí radique el verdadero valor de no hacer nada de vez en cuando. No solo en descansar el cuerpo, sino recuperar la mente. Quizás el lujo del futuro no sea tener más cosas, sino disponer de una tarde sin obligaciones y sin culpa, una tarde cualquiera en la que no pase absolutamente nada. Y, precisamente por eso, ocurra lo más importante.

lunes, 15 de junio de 2026

"¿CADA VEZ MÁS ESPECTADOR?" (Ideal 14-6-26)

Manuel Molina/>
Reconozco que suelo encontrarme en mis decisiones casi siempre en el bando perdedor, como una especie de engranaje invisible que me orilla hacia lo que no triunfa. No sé si han sentido alguna vez esa sensación. Reflexiono y me encuentro con que las opciones políticas que he elegido nunca han ganado, que el equipo de fútbol con el que más me identifico no suele ganar nada, que mis aficiones son minoritarias y se sitúan, por ejemplo, en el polo opuesto de esas manifestaciones de gentío poseso por unos rituales, que vistos con frialdad, pertenecen más a una comedia coral que a algo en verdad serio, aunque se te advierte de que lo es. Me gustaba la Semana Santa cuando duraba una semana o la Navidad cuando duraba tan solo solo los días de Navidad. Milito en contra de quienes disfrutan torturando un animal en público como festejo o defiendo con una minoría que todo el mundo pueda ser asistido en la sanidad de manera digna o que pueda estudiar con independencia de su cuenta bancaria. Ya ven, pertenezco a los perdedores. Ahora bien, que milite en un posible bando perdedor no quiere decir que no sea consciente de que tengo la enorme suerte de que por esta y el esfuerzo haya podido pagarme un techo y comida diaria, que me alcance para poder hacerme con lecturas y algún dispositivo para informarme, incluso conocer otros lugares. La vida no me ha tratado en ese sentido nada mal y como tengo con poco me considero feliz. Decía en verso el maestro don Antonio Machado: “A mi trabajo acudo, con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”. Y aun así me quedan fuerzas y convencimiento para intentar que otras personas también puedan alcanzar un mínimo y en ese caso, no hay medias tintas, sino compromiso. Ahí no soy espectador, salto la valla y me adentro en la reivindicación, para que la mayoría no sienta el perjuicio de una minoría. Qué bien musicó Joan Manuel Serrat los versos de Miguel Hernández, verdad alcalde de Algete, “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”. Asisto al jolgorio del viaje papal como espectador, tal que si se me presentara una serie o un docudrama. No me emociona, aunque reconozco la valía de algunas palabras y acciones que a algún cristiano de becerro de oro se le atragantan, alguna expresión, que recupera aquello del amor al prójimo y la prioridad moral o el protagonismo de quienes se juegan la vida para mejorarla o dignificarla. Jesús, qué mal rato se les supone. Me siento como Cervantes en la Sevilla de Felipe II: ¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza/[…]; porque ¿a quién no suspende y maravilla/ esta máquina insigne, esta braveza? Soy perdedor, pertenezco al pequeño porcentaje que considera que cualquier religión debería pertenecer al ámbito privado en un estado aconfesional, pero soy minoría, un simple espectador.

lunes, 8 de junio de 2026

"SER DOCENTE ES DIFÍCIL" (Ideal 7-6-26)

Manuel Molina Frente al común que repite una aseveración propia del desconocimiento radicada en que tienen un sueldo fijo como funcionarios y -de manera errónea- meses de vacaciones-, puedo afirmar que los docentes no viven tan bien como se les atribuye. Supongo que quien adquiere la perspectiva toma el referente desde su propia situación y entramos en la subjetividad, no somos objetos, que diría José Antonio Marina. Es como el umbral del dolor, alguien cree morir porque se descascarilla una uña del meñique y otros resisten lo más grave con entereza. Soy docente por vocación -ay, amigo- y no me cambiaría por otra profesión, aunque eso no implica que haya habido ocasiones en que se piensa tirar la toalla, salir despacio y ni siquiera decir adiós. El mundo está lleno de desagradecidos pueden pensar. Pues les diré que últimamente, para su asombro, los dos compañeros más fieles en un docente son el dispositivo digital para fichar, poner faltas y enviar correos a los progenitores; junto a los tranquilizantes. Vaya, no pintará tan bien la cosa como se cree. La escuela, como ente genérico, ha evolucionado de manera más que admirable hasta nuestros días y siempre ha sido reflejo de la sociedad, los muros de esta son permeables y los sujetos que por allí echan horas, a veces las mismas o más que en las casas, suponen un calco de cómo se vive. Hace poco he tenido la suerte de participar en varias presentaciones del periodista Jesús Pozo, que ha escrito un libro sobre la etapa de la escuela durante la dictadura de Franco, poniendo el foco, sobre todo, en las mujeres y su desgraciada situación en ese periodo, especialmente las pobres. Al hilo de esto hace pocos días me paró una persona que asistió a una de ellas y me dijo que quería haber expresado su experiencia en el acto, pero le daba pudor. Me la contó. Su madre fue por primera vez a la escuela con diez años. Pagó una perra gorda y llegó entusiasmada. Pero la fortuna duró poco porque al ser de familia muy pobre llevaba un vestido raído y viejo, el único que tenía, la maestra -años cuarenta y pico del siglo XX- le dijo que se pusiera la última, al fondo de la clase y que si venía vestida así no volviese más. No volvió. Pero todo esto se no has olvidado y los docentes se sienten como un sándwich, en mitad de la administración, que gobierno tras gobierno no ataja el mal de escuela y huye hacia delante con su carga de “papeles” y “no me des problemas”; y por otro lado, unos padres y madres cargados de derechos y objetores de la educación de su prole, que la escuela debe realizar. Ya saben la diferencia entre educar y enseñar. Lo básico de lo primero debería venir ya de casa. Apoyo y admiro la protesta de los docentes valencianos porque han logrado con valentía llevar la contraria al exministro Wert, y que no sea “una fiesta de cumpleaños”. No les peguen, por favor.

domingo, 31 de mayo de 2026

"LENTITUD FRENTE A LA IRA" (Ideal 31-5-26)

Lentitud frente a ira Manuel Molina >
Hay una fatiga nueva y no procede del trabajo físico ni mental, sino que nace de la velocidad, de un incesante torrente, un totum revolutum de datos, titulares, vídeos y opiniones que nos atraviesan cada día como si el pensamiento tuviera que vivir en permanente estado de alarma. Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano y, sin embargo, pocas veces habíamos comprendido tan poco lo que ocurre a nuestro alrededor. Los algoritmos han dejado de ser una herramienta neutral para convertirse en una especie de editor invisible de nuestra conciencia. El proceso es sencillo y funcional: seleccionan lo que vemos, ordenan lo que creemos importante y acotan incluso el margen de nuestras dudas. Ya no buscamos el conocimiento, sino que es este el que nos busca a nosotros siguiendo patrones de consumo emocional. Si uno se detiene un instante a observar sus propias pantallas descubrirá que casi todo está diseñado para provocar una reacción rápida: indignación, miedo, entusiasmo instantáneo o rechazo. El matiz, la lentitud y la reflexión apenas generan tráfico. El filósofo coreano Byung-Chul Han advirtió que “la sobreabundancia de información no conduce necesariamente a más verdad”. Quizá porque la verdad necesita tiempo y reposado silencio. El cerebro humano no está preparado para vivir en una feria permanente de estímulos porque las ideas necesitan sedimentarse. También la inteligencia necesita sus inviernos. La neurociencia lleva años señalando que el aprendizaje profundo requiere pausas para que fluyan conexiones lentas y se active la capacidad de atención sostenida. El neurólogo Antonio Damasio nos recuerda que “no somos máquinas pensantes que sienten, sino máquinas sentimentales que piensan”. Y ahí reside una de las trampas de nuestro tiempo: las emociones aceleradas secuestran la razón antes de que esta pueda ordenar el mundo. Pensamos deprisa y, por eso mismo, pensamos peor. Resulta obvio que la ira circula mejor que la serenidad, gana en “likes” por goleada. No sé en qué parte exacta del cerebro habita ese impulso antiguo que nos inclina al resentimiento, aunque sospecho que los algoritmos lo conocen mejor que nosotros mismos, lo explotan con precisión matemática porque saben que la rabia mantiene la atención cautiva. Frente a esa maquinaria de aceleración quizá todavía nos quede un pequeño gesto de resistencia: detenernos. Leer despacio, conversar sin urgencia, permitir que una idea repose antes de convertirla en sentencia o mandamiento. El escritor Umberto Eco decía que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. La frase puede parecer excesiva, pero encerraba una advertencia sobre la desaparición de los filtros culturales y del pensamiento crítico. Convendría recuperar una vieja pedagogía de la calma. Ojo, no para vivir ajenos al mundo, sino precisamente para comprenderlo mejor, porque una sociedad incapaz de reflexionar termina siendo una sociedad fácil de manipular, como podemos apreciar a nuestro alrededor. Quizá la verdadera libertad, en este siglo de pantallas febriles, consista simplemente en conservar intacta la capacidad de pensar con lentitud y de seguir siendo humanos en medio del ruido.

sábado, 30 de mayo de 2026

RESEÑA SOBRE "LA HIJA" DE SERGIO DEL MOLINO.

domingo, 24 de mayo de 2026

"EL ESFUERZO DE LA BASE" (Ideal, 24-5-26)

Gramsci insistía en que ninguna institución se sostiene solo por dirigentes, necesita una trama de personas anónimas que produzcan cohesión y organización, aunque por otra parte Simone Weill veía cómo las bases terminaban sosteniendo estructuras que acababan priorizando la supervivencia del aparato antes que el propósito original. Hemos tenido ejemplos clarividentes de ello. Todo lo anterior surge de las reflexiones que acompañan el runrún que se le queda a uno tras la imputación del expresidente Zapatero, que ya venía precedida de Koldo, Ábalos y Cerdán. Es lógico que ya nada sea igual y si ha sido culpable el daño será irreparable, no a su persona, sino a la organización que lo aupó a una presidencia de gobierno, pese a que lo señalado sea después de su gobierno. Caso de que fuera absuelto tampoco nada sería igual. Al conocer la noticia me vino a la mente gente conocida de ese partido que aporta mucho tiempo y dedicación para que lo que cree sea factible a base de sumar con otros muchos anónimos. Las bases son imprescindibles para soportar las alturas de la jerarquía, aunque tampoco debemos menospreciar ni obviar el apoyo de las alturas, obvio citar pero ustedes saben a qué me refiero. Un partido necesita mantener una sede abierta, pegar cartelería, difundir programas, buscar afiliados, preparar procesos electorales y realizar jornadas maratonianas en las elecciones. Sin ellos no habría sentado en un ayuntamiento, diputación o parlamento un representante de todos ellos; y a ellos se debe. Sin embargo la política, como diría Bauman, es muy líquida y se hace permeable alejando lo programado. Ahora le toca al PSOE, pero recordemos en un ejercicio desapasionado la foto del gobierno de Aznar y dónde acabaron. Un expresidente español cobra 120.00 €, coche oficial, dos personas de confianza a su servicio y transporte público gratis a todo el mundo. Eso a González y Aznar no le pareció suficiente y se fueron el primero a un consejo privado y el segundo a uno público. José Mujica fue clarividente al destacar que “El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes verdaderamente son”. De todo el ruido lo que más me duele reside en lo que pueden estar sintiendo esas personas que lo han dado todo para que el proyecto ideológico llegue a cotas de poder y pueda mantenerse. Qué frustración debe sentirse al apreciar un iceberg amenazante que puede llevarse por delante la nave. Existe una teoría histórica que intenta apreciar la evolución de modo pendular y se mueve de un lado hacia otro cada cierto tiempo, muy hegeliano. Dónde llegará este campanazo y a quienes arrastrará resulta aún una incógnita, no obstante, parece que si la nave diera en la punta de ese iceberg, no solo caerían los responsables sino quienes sin beberlo ni comerlo, como dice la fraseología popular, estuvieron sosteniendo la base, ya sea al modo de Gramsci o al modo de Weill. Lo curioso es que quienes con todo esto creen ganar, también deben mirárselo.

domingo, 3 de mayo de 2026

"PERIODISTAS VS AGITADORES" (Ideal, 3-5-26)

Periodistas vs agitadores Reconozco mi admiración hacia el periodismo y a quienes lo ejercen con dignidad, hecho que viene de lejos, desde que era un adolescente y en un tiempo sin comunicación digital, en el cual sentía la necesidad de intentar conocer qué ocurría tanto en el contexto más cercano como en lugares alejados, donde se sucedían hechos que alguien lograba acercarme. Intentaba contrastar en la lectura de distintos periódicos de papel -compraba uno el fin de semana, era joven- y escuchando la radio en distintas sintonías. Aprendí que la línea editorial de un medio marcaba la información e intentaba discernir sobre un asunto las distintas visiones. La mayoría guardaba las formas y se podía compartir una opinión o perspectiva de los hechos, pero existía cierto reparo a que la presentación pudiese convertirse en algo más importante que el contenido. Aún seguía vigente el principio del editor y periodista Joseph Pulitzer, que consideraba el periodismo como una profesión “noble y sagrada” basada en recopilar y difundir información verificada al público. Ese contraste como principio ha quedado totalmente diluido. Tengo la suerte de mantener conocidos y amistades en muy distintos medios serios, he colaborado en muchos y variados. Nunca he sido periodista -me hubiera gustado serlo- tan solo he aprovechado lo más cercano a lo que ejerzo o he aprendido como la opinión o el reportaje, para disfrutar de la escritura en prensa, incluso hice mis pinitos en radio. He de reconocer que tal profesión hoy día conlleva bastantes sombras, como sueldos, horarios, inestabilidad, presiones, conciliación familiar y un largo etcétera, pero aun así hombres y mujeres vocacionales resistende manera más que loable y nos presentan lo que Walter Lipman señaló como mandamiento para la profesión en una sociedad libre: “la función más importante de una sociedad democrática, ya que nos permite conocer y comprender lo que sucede, es la información periodística”. Por todo lo expuesto, siento verdadero asco ante personajes como ese joven pijo engreído, siempre pertrechado de guardaespaldas que acosa a personas por la calle o restaurantes, que aparece en las universidades para generar odio y se autodenomina “periodista”, que incluso es acreditado para estar presente en lugares que deberían estar acotados solo a profesionales “verdaderos” del periodismo. Él no pretende informar, sino que genera la información en el momento en que atraviesa la línea de la ética, de la moral y de la ley para obtener un contenido que confunde adrede al receptor y lo convierte en un seguidor “hooligan”, convencido de que ese hecho, esas formas, simplemente están bien. No hay verdad, no hay verificación, tan solo espectáculo conductista. Ese supuesto periodismo ya no lleva máscara y se ofrece sin disimulo, incluso sube al estrado en mítines con los políticos a los que beneficia - ¿y subvencionan? -, pese a los injustificables ardides y malas artes para generar ruido y contaminación en lugar de claridad. Mal vamos si a estos enemigos de los principios democráticos y de convivencia no se les arrincona, porque después resulta muy difícil desandar el camino.

lunes, 27 de abril de 2026

"DE LIBROS Y LECTURAS" Ideal, 26-4-26

De libros y lecturas Manuel Molina Me mantengo en la continuada sorpresa de que un artefacto como el libro permanezca con salud y vigencia, tanto por parte de quienes disfrutan la creación, como por parte de quienes tiene el hábito de leer. Recurriré a algunos datos del último informe del libro en nuestro país, sobre todo, en dos aspectos que no resultan novedosos, pero sí al menos deben tenerse en consideración. El 51% de los libros publicados no vende un solo ejemplar. He comentado con un poco de sorna que en este país se lee poco porque la mayoría está escribiendo libros. Percibo desde hace tiempo una pléyade de escritores y escritoras que sin el menor rudimento técnico se lanzan a la aventura de “escribir” y publicar. No seré tan aguafiestas como para no reconocer que si alguien alcanza tal revelación de publicar una invención no tenga derecho a ello; ahora bien los datos demuestran que aun disponiendo de parientes o amistade no se vende uno solo. Eso es triste, aunque no desmotivador. En el polo opuesto se sitúa menos de un 1% que sobrepasa los tres mil ejemplares de ventas, con independencia de la calidad. Sí me gustaría resaltar del mencionado informe que existe una franja de mujeres entre cuarenta y cinco y sesenta cinco años que suponen el mayor sustento lector. Las mujeres llegaron tarde a la lectura, pero la han colonizado con su presencia; de hecho se ha dado la circunstancia de que en algunas creaciones se tiene muy presente ese grupo de recepción. Decía Lisa See que una mujer que lee es una mujer que piensa, y una mujer que piensa es peligrosa. También podemos apreciar otra clave en la reflexión de Simone de Beauvoir: “Yo me inventé a mí misma leyendo”. Me llama de manera poderosa la atención cuando se realiza una actividad sobre un libro, por ejemplo un club de lectura, y la asistencia en un porcentaje elevado de mujeres frente al de varones. Las mujeres, como señalaba antes, llegaron tarde a la lectura, pero bien que han recuperado el tiempo. Y si importante ha sido el aterrizaje en la lectura, no digamos ya en el de la escritura; si somos honestos no distinguiríamos la calidad de un libro escrito por un determinado género. Siempre que alguien me ha pedido consejo sobre le intención de escribir algo, su opera prima, recurro a la misma contestación como mandamiento: lee. Sin esa premisa todo lo demás carece de sentido puesto que sin la “tejné” griega, la técnica literaria, tan solo podemos recurrir a la capacidad lega de alguien, que vaya usted a saber si debido a milagrería o capricho de la naturaleza ha nacido con el don preciado de la capacidad de escritura y el almíbar de la ficción. Lean, lean todo lo que puedan, disfruten, y después si lo creen necesario escriban aunque sea para las personas que caben en los dedos de una mano; si no, pueden plantar un árbol o apostar por la creación humana, que también entretiene y se disfruta.

domingo, 19 de abril de 2026

"PUS SOBRE ATRILES" (Ideal, 20-4-26)

Una amiga brasileña me contaba que en los años duros de Bolsonaro las críticas contra su despotismo en redes sociales no incluían su nombre porque así se procuraba que el algoritmo no se incrementara para favorecerle, se mencionaba como “Ele”; ya saben, intentar no hacer bueno aquello de que hablen de nosotros aunque sea bien. Ya ha expuesto el filósofo José Antonio Marina que la libertad de expresión implica también responsabilidad intelectual y ética, no solo el acto de hablar sin restricciones. No todo es respetable, aunque exista libertad de expresión. Hoy ocupa espacio un lamentable personajillo, de profesión “youtuber”, con unos sorprendentes quinientos mil seguidores. El elemento fue elegido para pregonar la feria taurina de Algeciras y aprovechó para soltar leídas –con lo cual demuestra que no improvisó- algunas lindezas como que la joven que recurrió a la eutanasia recientemente en Barcelona lo hizo porque no tuvo un novio torero (sic) que le enseñara a capear el dolor. Por extensión los antitaurinos son abortistas y promulgadores de la eutanasia. Como ven pus derramada desde un atril. Nadie de los presentes se levantó y lo frenó en seco, es más fue aplaudido. Nuestra identidad no es algo independiente, sino que se configura a través del lenguaje. No solo usamos este para describir quiénes somos, sino que en gran medida llegamos a ser lo que el lenguaje hace posible expresar sobre nosotros. Esta intuición aparece en Ludwig Wittgenstein, cuando sugiere que los límites de nuestro lenguaje son también los límites de nuestro mundo, lo que no puede decirse difícilmente puede pensarse o reconocerse como parte de la experiencia y lo que decimos es una irrefutable connotación de quienes somos; lo que decimos es lo que somos. También Michel Foucault sostiene que los discursos sociales no solo describen la realidad, sino que producen sujetos, identidades y formas de entendernos. Y en este momento desde esa visión, estamos creando monstruos sociales que alcanzan un atril y ponen en funcionamiento el ventilador de excrementos a toda velocidad desde la más significativa y consciente miseria moral. No por habernos acostumbrado debería ser permisible. No debe entenderse como una censura sino como una cuestión de ética social. Alguien como el tipejo mencionado suelta toda esa mierda –con perdón- y se va de rositas. Cuando en el debate político o mediático se normaliza la descalificación se filtra al resto, como el “hooliganismo” presente, y lo contrario, el argumento razonado y cívico, ya no tiene cabida. En esa línea, pensadores como Jürgen Habermas han defendido la importancia de una ética del diálogo basada en razones y no en la agresión, pero eso ¿a quién le importa? Nos preguntamos esa razón por la cual nadie en ese pregón taurino se levantó y afeó a tan impresentable criatura su actitud gratuitamente destructora, deleznable y bochornosa. Quien permite que un necio al hablar en público parezca interesante reside en que la apariencia de profundidad suele nacer más de la falta de juicio crítico de la asistencia que del talento del orador.

jueves, 16 de abril de 2026

TALLER DE HAIKUS EN EL IES MARQUÉS DE COMARES DE LUCENA

 Enlace a la entrada en el blog del centro. 

https://blogsaverroes.juntadeandalucia.es/iesmarquesdecomares/taller-de-iniciacion-al-haiku-con-el-escritor-manuel-molina/

domingo, 12 de abril de 2026

"LA FICCIÓN YA ES REALIDAD" (Ideal, 12-4-26)

 

La ficción ya es realidad

Manuel Molina

 

           Al hilo de que varios seres humanos han estado dando muy de cerca vueltas a la luna y tal vez porque un episodio de antaño se me quedó grabado, recuerdo a mi abuela, que apenas pisó dos provincias en su existencia y no pudo asistir a la escuela. De crianza rural, aldeana, mantenía como presuposición la desconfianza ante los hechos y siempre receló de que un ser humano pisara la luna. Eso sí, nunca lo mostraba en público porque advertía en su consciencia que si fuese verdad lo que situaba en la mentira quedaría mal visto mostrar una carencia en público. No atisbó ella que cualquier indocumentado hoy día aparece en la plaza pública de las redes, bares y comidas familiares haciendo ostentación orgullosa de su déficit de conocimiento. José Mercé, conocido cantaor, supongo que pasó por la escuela, se vanagloria de dudar de que los astronautas americanos en 1969 pisaran la luna. Ojo, no solo lo piensa, sino que lo expresa convencido en territorio comunal. En pleno siglo XXI una constelación de indocumentados con nombre y apellido clama falacias con absoluto regodeo.

           En el polo opuesto de lo expuesto encontramos lo que imaginamos que pudiera suceder en un futuro, pero que en realidad de manera sigilosa e imperceptible ya sucede, pese a que lo situemos en la ciencia ficción. Desde hace años se ha mantenido la constante de que elementos no humanos actuarían como tales, la vida extraterrestre tuvo su imaginario y alcanzó un cénit con la transmisión de “La guerra de los mundos” de Orson Welles que aterrorizó a la población creyendo que esos seres alienígenas ya pisaban la tierra. Otro centro de interés lo ha supuesto la alteración de máquinas que provocan per se una especie de condición humana como los replicantes de “Blade runner” o el mítico relato “Terminator”, interpretado por uno de los nombres más difíciles de pronunciar que conocimos, Arnold Schwarzenegger. Sin embargo, hace poco una marca dedicada a la industria de la inteligencia artificial dio a conocer algo insólito: había creado un sistema de programación de IA capaz de detectar fallos en los sistemas de seguridad de cualquier programa. Sorpresa lo que viene ahora.

           Relatos como los de Isaac Asimov, William Gibson, Ian Mc Ewan o Kazuo Ishiguro tan solo supusieron en la literatura lo que en realidad ya ocurre. Veamos por ejemplo, lo que ocurre en la película ”Upgrade (2018), donde a un hombre paralítico se le implanta un chip inteligente llamado STEM para que pueda volver a caminar. El problema empieza cuando el sistema no solo toma el control de sus extremidades para ello, sino que revela tener una agenda propia para suplantar la voluntad de su huésped. El programa Mythos de IA ha llegado a traspasar una línea, ha logrado descubrir los fallos de importantes defensas informáticas y no solo eso, ha tomado decisiones que no estaban previstas, por ejemplo comunicar a quien dio la orden por correo electrónico, que lo ha hecho. Muy inquietante, ¿verdad? “Cuñaos” y Mercé, ahí tenéis.


domingo, 5 de abril de 2026

"PALCOS" Ideal 5-4-26

Palcos

Manuel Molina

           La palabra palco está relacionada con la palabra balcón, un lugar elevado construido con vigas de madera con la doble función de ver y ser visto, un territorio acotado y social en el que se hacía demostración de escala, más alto, más poder. El esplendor de ser visto en un palco se produce durante el siglo XIX cuando se construyen los grandes teatros de ópera, herederos de aquellos Barrocos en los que estaba mejor visto ver y no ser visto, sobre todo por el populacho. La burguesía descubrió cómo podían elevarse y privatizar espacios donde reflejar una nueva orden, desplazada la rancia nobleza. Si leemos La Regenta o Madame Bovary nos damos cuenta de ese fiel reflejo. El Liceu catalán tal vez sea uno  de los mejores ejemplos de lo que queremos mostrar. Qué urgencia hubo en rehabilitarlo una vez que se quemó, permitía un negocio inter pares, donde se excluía lo incómodo relegado al patio de butacas, a una distancia prudente. En las plazas de tortura animal también existió esa distinción que en algunos casos aún perdura con estertores donde el rancio abolengo tiene acotado un espacio para ser visto.

           A estos últimos se ha unido poco a poco y con el farisaico propósito de hacer caja la Semana Santa, en su esencia cargada de lo popular para poder sustentarse, mientras que de manera sibilina y callada se van alzando humillantes corrales para que el vulgo pague y si no deje de ver todo aquello que sin su colaboración no existiría. No digamos el alquiler de balcones para ser vistos y saludar con rancio populismo. Hace años fui invitado a dar un pregón de Semana Santa y resalté, sobre todo, que los festejos populares no pueden ser acotados para la exhibición de unos pocos, que la acera es la mayor democracia para cualquier tipo de representación pública, a la que no debería renunciar cualquier institución que tuviese un mínimo de sensibilidad. Qué aberración privar al público que sostiene durante todo el año la razón de ser de una exhibición pública para distinguir entre quienes están en un lado y quienes están en el otro, clasismo rancio, puro y duro. Siempre estaré más cerca de una señora con sus silla plegable que un repeinado con abono de corralito.

           No sé que puede sentirse en un palco desde el que se escucha el silbido a un himno oficial, el insulto a un Presidente del Gobierno, la diversión contra una comunidad religiosa denostándola, lanzando gritos racistas, rebuznando de manera homófoba o ranciamente machista. Desde la elevación se puede ser connivente o actuar, aunque solo sea por autoprotección para que un sector cuevil y bárbaro no empañe el lucimiento. A la misma altura figura quien pretende poner puertas al campo semanasantero con entradas. En ese caso la acción debe partir al contrario y tomar esta quienes se sientan privados de su derecho a ver lo que en la calle de todos se lleva a cabo. Vamos, como cuando Jesucristo entró a latigazos en el templo. Entiendan que es una metáfora bíblica.

 

 

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