martes, 28 de julio de 2026

"MALETAS SIN DUEÑO" DE DORI DELGADO

Maletas sin dueño Dori Delgado (Ediciones esdrújula)/>
Manuel Molina González/>
Tengo dos recuerdos de maletas viejas y las dos tienen en común que representan a quienes fueron obligados a salir de su tierra y acabaron en otra extraña o en una cámara de gas. La primera la conforma un apilamiento de maletas que representan a todos aquellos que tuvieron que dejar un país tras una guerra fratricida, se encuentran ubicadas en la casa natal del que fuera presidente de la segunda república española, Niceto Alcalá-Zamora. La segunda fue de más difícil visión, de conmoción, y está situada en un espacio del campo de concentración de Auschwitz. Quienes llegaban nunca eran conscientes de que al entregar esa maleta donde guardaban todo lo que tenían, ya nunca más la recuperarían. La maleta también ha sido un símbolo de nuestra emigración, de quienes debían dejar atrás el terruño para partir con ese elemento donde se guardaba la ropa, los miedos y la incertidumbre. Algunas volvieron. Las maletas de Dori en realidad no aparecen explícitas, pero se presuponen en algunos momentos por parte de quienes se desplazan para intentar una vida mejor, ya sea como jornaleros, trabajadores o estudiantes. En muchos personajes existe el denominador común del intento, tan humano, de mejoría. Nos ofrece un libro de relatos, que en apariencia pueden resultar misceláneos, pero existen varios denominadores comunes que aglutinan, casi todos los personajes son humildes, trabajadores, con sus sombras y luces. Lejos de intentar estar presente y opinar la autora ha decidido simplemente darles voz, los acompaña como si fuese una técnica documental o de cámara al hombro, de hecho incluso la introducción o narración de algunas se ofrece desde una perspectiva masculina. Interesa transmitir tan solo lo que ocurre. Todo ello sin recoger velas ante el hecho de que una parte de quienes se nos presentan no sean lo que se espera de ellos, como la vida misma. Existe un motor también que produce horizontalidad, la educación como medio para la mejora, pero también como una característica positiva de quienes incluso sin poder acceder a ella la sienten como necesaria. La autora nos lleva en esa especie de “documental” por las tierras del altiplano granadino o su costa y da pie a la entrada en escena para que nos cuenten de una manera sencilla, con una prosa pulida y limpia, por qué se van, por qué intentan volver, por qué no saben gestionar la emoción que nadie les enseñó y los sobrepasa en ocasiones. También nos lleva a la frontera de un cambio que sobrepasó e incluso expulsó a gente del campo a la ciudad, de una forma de vida que tras siglos feneció. No se trata de un ejercicio de melancolía sino de llevar el foco de atención a ese momento. También el papel de la mujer desde el punto de vista intergeneracional resulta muy interesante. En los relatos de Dori, muchos de ellos ganadores de certámenes, también destaca desde el punto de vista formal la sencillez, como parte también correlativa al mundo que ocupa el contenido. Llama la atención la frase corta, la descarga adjetival que multiplica el sentido narrativo de lo que ocurre, más que la perspectiva de cómo ocurre. Los personajes se expresan por sí mismos y se nos dan a conocer por sus palabras, de hecho en algún momento se permite la licencia de imitar la oralidad porque así la atmósfera narrativa se enriquece. Está clavada esa expresión tan genuina de unan parte de Andalucía, “esjraciao”. La musicalidad se presenta no solo en algún relato de manera referencial sino en el ritmo de la prosa, con una melodía sencilla y reiterativa, con algunas variantes pero con cierta continuidad, que alcanza un ritmo cercano a lo popular, a lo reconocible y cercano, como los propios personajes. En definitiva, un libro para leer quizás en la tranquilidad veraniega, para ir conociendo y reconociendo algunos de esos personajes, que nos recuerdan a alguien en un momento que atravesamos y se sentaron a nuestro lado en las alsinas, compraron en un ultramarinos, llegaban de las labores del campo o supimos que se marchaban del pueblo con su maleta de madera y tela. Merece la pena su lectura.

domingo, 26 de julio de 2026

"EL FUEGO Y EL RUIDO" (Ideal 26-7-26)

El fuego y el ruido. Cada verano el fuego nos devuelve a la misma escena: arden los montes y, casi al mismo tiempo, arden las palabras. Apenas ha comenzado un incendio cuando ya se han levantado trincheras donde deberían alzarse preguntas. La velocidad de la indignación suele superar a la del conocimiento. Hace dos días asistí al estreno de una película, “Los creyentes” con José Coronado de protagonista, donde refleja una realidad del modo en que hoy se construyen las certezas, al margen de la evidencia. Curiosa. Nunca fue tan fácil encontrar quien confirme nuestras ideas, aunque sean falsas. Las redes sociales han convertido la opinión en un refugio confortable donde los hechos apenas importan. Como escribió Daniel Patrick Moynihan: “Todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos.” Conviene recordarlo cuando el humo todavía no ha abandonado el horizonte. No soy ingeniero forestal ni climatólogo. Precisamente por eso procuro hacer lo único razonable, como preguntar a quienes llevan décadas estudiando el problema y acudir a la ciencia antes que al eslogan o la paranoia. Los especialistas repiten desde hace años que los incendios no se apagan únicamente en verano, se previenen durante el invierno. Gestionar el monte, limpiar el sotobosque, recuperar usos tradicionales, planificar, invertir y asumir que el cambio climático modifica las condiciones en las que vivimos forman parte de una misma respuesta. Sin embargo, la política parece preferir el combustible de la demagogia. Resulta difícil aceptar que todavía haya quien señale a los «comunistas» como responsables de los incendios mientras comparte proyecto con quienes niegan la evidencia científica del calentamiento global o minimizan la crisis ambiental. Hay una contradicción que no cabe ocultar bajo el humo. Tampoco ayuda acudir al escenario de la tragedia “disfrazada” a medio camino entre Lara Croft y Dora la Exploradora, con un cartel casi más grande que el chaleco, dispuesto a lanzar consignas delante de las cámaras mientras detrás siguen trabajando quienes arriesgan la vida entre llamas y han sido ninguneados. La propaganda nunca ha extinguido un incendio. El fuego exige otra actitud. Pide serenidad antes que espectáculo y conocimiento antes que consignas. Porque un bosque tarda décadas en crecer y apenas unas horas en desaparecer. También la confianza pública se consume cuando convertimos cada catástrofe en un plató. Albert Camus escribió que “nombrar mal las cosas es aumentar la desgracia del mundo”. Quizá esa sea la primera tarea, llamar a las cosas por su nombre. Un incendio forestal es un fenómeno complejo donde confluyen abandono rural, gestión del territorio, condiciones meteorológicas extremas, intereses humanos y una realidad climática que ya no admite demasiadas discusiones serias. Simplificarlo para obtener un titular o un puñado de votos equivale a echar gasolina sobre las brasas. Tal vez el fuego sí empiece a apagarse en invierno, como repiten quienes conocen el monte, pero el incendio de las palabras solo comenzará a extinguirse cuando aprendamos que hay momentos en los que el silencio y el conocimiento iluminan mucho más que cualquier hoguera política.

martes, 21 de julio de 2026

"LA HIPERPROTECCIÓN" (Ideal 19-7-26)

En las dos principales leyes de Murphy se nos advierte de que si algo puede ir mal, irá, y si algo puede empeorar, empeorará. Supongo que ambas reflexiones se elevan a la categoría de mandamientos para los pesimistas y asisten como a un milagro epifánico cuando una tostada cae al suelo por el lado de la mantequilla. Para un optimista medio informado, como servidor, queda lejana esa aceptación vital, pero he de afirmar que en ocasiones, como el niño de “El sexto sentido” que veía muertos, yo veo murphismo. Leo que una enorme cantidad de opositores a las plazas de docente en todo el territorio patrio ha suspendido por faltas de ortografía, comparativa que me hace pensar que el acceso a soldado fuese denegado por cobardía. “Es que yo soy de Educación Física”, argumenta algún afectado, ya ven o “ya ben”, que escribiría. Pero en la segunda aplicación de la ley de Murphy aparecen los padres (y madres) de los suspensos y crean una juntera para reclamar: por si alguien va lento les recuerdo que la edad por lo bajo para presentarse a una oposición es de unos 23-24, como diría un castizo, tienen el pubis bien poblado. Los polvos y los lodos. Voy más allá del gozoso encuentro carnal que fructifica y trae al mundo un polluelo humano. Pasa por la educación infantil y allí ya se inhala el virus del hiperproteccionismo. Pobres maestras y maestros frente a ese grupo de whatsapp que hierve a diario. El mundo tan solo lo conforma una personita a la que se lava, peina, viste y se introduce en un caparazón ideal, altas capacidades, por supuesto, e incomprendido/a por quienes pretenden primero que sea feliz y después que sepa la A o el 1. En la primaria se agudiza y entre fiestas obligatorias de cumpleaños para veinticinco, inglés, fútbol, música, taekwondo, papiroflexia y natación, cada uno sobresale por, en apariencia, ser el mejor o no alcanzarlo por la incompetencia de sus monitores. En la secundaria, algunos progenitores realizan objeción de conciencia educativa y trasladan el hecho a quienes enseñan, con prepararles el bocadillo, la ropa, el móvil y la burbuja parece alcanzado el mínimo de padre o madre. Volverán a activarse a final de curso para la graduación. Llega el bachillerato, muchas veces con un proyecto paterno-materno de estudios. “Vas a ser notario”, “pero a mí lo que me gusta es la Educación Física”, “Luego te apuntas a un gimnasio o vas a correr”. Entra en una carrera, que no suele ser la que se quería, se acude a buscarle piso, a limpiárselo, a cocinarle y renovarle la burbuja, que a esa edad son marranillos. Se prepara una oposición en una academia que eligen los papis, se les lleva a examinarse y con la burbuja estallada se intenta reclamar a un tribunal. Si aprueba le dirán qué destino pide y a la dirección se le pedirá un buen horario. Herman Hesse en Demian (1919) escribió: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo”.

domingo, 12 de julio de 2026

"TURISMO CLIMÁTICO" (Ideal 12-7-26)

Un reciente informe de Greenpeace concluye que España avanza muy lentamente en la creación de refugios climáticos para proteger a la población frente al calor extremo, pese a que alguna opción política, ahora con el poder de gobernar, lo niegue. Solo una parte de las capitales de provincia dispone de una red de estos espacios, y muchos presentan carencias tan básicas como horarios limitados o falta de servicios básicos. No hablamos de grandes superficies comerciales, sino de espacios naturales. La organización destaca que los refugios deben ser gratuitos, accesibles y mantenerse abiertos durante los episodios de altas temperaturas. También subraya que son especialmente importantes para personas mayores, niños y colectivos vulnerables. Además, reclama ampliar las zonas verdes, el arbolado y las sombras para reducir el efecto del calor en las ciudades. Los sucedáneos, como los toldos, parecen la culminación de una mala gestión ambiental, banderas de fracaso. Greenpeace considera que estas medidas son esenciales para adaptarse al cambio climático y disminuir los riesgos para la salud ante las sucesivas y persistentes olas de calor. Desde hace unos años me he convertido en lo que se denomina un “turista climático”. Me desplazo todo lo que puedo en el periodo más tórrido del verano hacia lugares con atractivo cultural y natural, pero, sobre todo, que cumplan la máxima de que al menos por la noche pueda descansar sin necesidad de aire acondicionado. Justo hace unos días recalaba en un lugar del tercio norte peninsular y siguiendo una recomendación llegué a un pequeño pueblo donde se ofrecía un curioso restaurante con espacio para las mesas en una zona de tierra bajo un nogal frondoso. Marcaba la diferencia de temperatura respecto al entorno. Pegué la hebra con la propietaria, una señora mayor, me dijo que para combatir el calor no había mejor fórmula que tierra y árboles. Cuánta razón, pensé. En el informe de Greenpeace destacan las ciudades con refugio climático por una sencilla razón, donde más calor hace no existen, casos como Sevilla o Extremadura; y las que más tienen Vitoria o San Sebastián. Me pregunto la razón por la cual en lugares afectados por tanto período de calor a ningún político se le ocurre proteger a su población con estos refugios. Misterios que podría tratar Iker Jiménez, ahora que habla mucho de política. Decía el clásico Horacio que apenas somos polvo y sombra. Y hemos sabido crear esta en espacios verdes y en nuestros patios, cómo no vamos a superar a nuestros antepasados con mayor tecnología. Se ha

lunes, 6 de julio de 2026

"El marxismo de Juanma" (Ideal 4-7-26)

Manuel Molina Existen dos formas de entender la política, que refleja muy bien el término marxismo. Por un lado una opción con unos principios que a unos gusta y a otros, por supuesto, no. La generó el alemán Karl Marx y tuvo relevancia en el siglo XIX, más apocada y relegada en el siglo XXI, en los territorios casi de anécdota. La segunda procedía del humor, la más vigente, superando incluso lo de izquierda y derecha; la promovió el humorista estadounidense Groucho Marx, así sintetizada: “estos son mis principios, si lo gustan tengo otros”. El marxismo de Groucho ha triunfado a unos niveles insospechados en el terreno político, tanto que seguramente sea la tendencia que más gobierna. El último en subirse ha sido el ya presidente de la junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno con unos principios e ideas políticas que parecían celestiales y bandera de la bonhomía, hasta que los números fallaron y hubo que activar el “marxismo” para sentar en el gobierno andaluz a quienes cincuenta y un años después vuelven a gobernar por estos lares, herederos de quienes entraron a sangre y fuego derribando y anulando un gobierno elegido de manera democrática. Casi todos los gobernantes de nuestro país han tirado del marxismo de Groucho para llegar o mantenerse en la poltrona. Nuestro presidente Sánchez llegó a decir que no dormiría tranquilo con un gobierno en el que estuviera Pablo Iglesias; lo hizo vicepresidente. Aznar venía de disfrutar con la cantinela dedicada a Jordi Pujol: “Pujol, enano, habla castellano”, hasta que lo necesitó y habló con él catalán en la intimidad. Felipe González, que habló “con lengua de serpiente” –según cantaba Javier Krahe- propugnaba no entrar en la OTAN hasta que nos metió. Feijoó abrazaría a los condenados por el Procés si los números le dieran. Rara avis fue Julio Anguita que para pactar siempre ofrecía lo que había llevado como programa electoral, nada de “marxismo de Groucho” con tal de sentarse en una poltrona. Ya ven, nostálgicos de aguilucho en la muñeca y ahora de verde pistacho contentísimos de que con tan poco, tanto. Disfrutarán los toros, la caza, el urbanismo desalmado de las costas y solares, se limpiarán el trasero con el respeto al medio ambiente y sacarán si pueden todos los días un santo a la calle. Si eres inmigrante, abstente. Y así estamos, ¿de qué se reirá ahora Juanma?, ¿qué cantará?, ¿cuántas veces escuchará Viva España donde debiera decir Viva Andalucía?, ¿cuántas veces nos dirá aquello de que es moderado y busca el equilibrio como Franco Battiato?, ¿cuántos abrazos dará con su poquito de asco y cuántos recibirá de los judas?, ¿cuántas veces escuchará las palabras “moros” o “sudacas” y tendrá que callar? Se podría pensar que antes no era así, pero ya dijo José Mujica que el que en política actúa de una manera es que ya era así antes de llegar. A quienes les guste todo eso a disfrutar. Dicen que el poder desgasta, a quienes no les queda ajo, agua y espera.

martes, 30 de junio de 2026

"EL RODILLO MIMÉTICO" ( Ideal, 28-6-26)

Manuel Molina />
El ser humano, el que conocemos porque nos rodea, no cree las ideas porque sean verdaderas, sino porque son las creencias de su ambiente y a ellas se debe entregar para que el orden artificial, el ser social, continúe sin sobresalto. Escribía Thoreau que cada generación se ríe de las modas viejas y sigue religiosamente las nuevas o lo que en la fraseología de roman paladino se menciona así: “¿qué es lo que hace Vicente? Lo que hace la gente”. El heterónimo de don Antonio Machado, Juan de Mairena también aportó algo interesante en estas consideraciones: “Pensar es, ante todo, descartar opiniones”. Si consideramos todo lo anterior como premisas podemos elevarlas y sintetizarlas en una pregunta: “¿qué leches hago en mitad de una fiesta de graduación de 6º de primaria o de 4º de ESO o no digamos de cuatro años de Infantil?” Tal vez sea de los pocos que considera que esto de las graduaciones se nos ha ido de las manos y se ha convertido en un bufonesco espectáculo que se repite por el simple hecho de que otros lo hacen. Hace años veías escenas de una película americana en la que unos jóvenes terminaban la educación secundaria y se graduaban con toga y birrete para después acudir al baile de fin de curso y pensabas que todo eso no podía menos que interpretarse como el síntoma que arrastraba la sociedad americana de apenas poder contar con una trayectoria histórica de enseñanza secular. Con ese ritual creado para loor y gracia del sistema educativo y de su sociedad se cubrían carencias y complejos. Quienes desde fuera de ese “american way of life” lo veíamos, no podíamos menos que valorarlo como algo hortera y acomplejado. Ahora bien, quién nos iba a decir que en unos pocos años tragaríamos con lo mismo multiplicado de manera exponencial a todos los ámbitos educativos. Permanecí muchos años en un centro que celebraba siempre en jueves por la tarde-noche una fiesta de fin de curso para quienes finalizaban bachillerato. Una idea maravillosa; ellos se vestían casi con el mismo tipo de traje y corbata y ellas como si fuesen a la boda de su mejor amiga. Tan solo había un problema, que apuntábamos dos o tres profesores –ya saben que todos lados hay aguafiestas- ya que no sabían si habían aprobado o no. Pasaban toda la noche de juerga, que siempre resulta estupendo, pero aguantaban hasta primera hora del viernes para ir a recibir las notas. Se vivían escenas lamentables por parte de quienes recibían calabazas e intentaban en su estado dialogar. Con una chaqueta manchada, un jarapillo a medio remeter, descalzos y aliento a cubata de garrafón. Planteaba por qué no se entregaban las notas y luego nos íbamos todos a celebrar lo que hiciera falta. “Hombre, son chiquillos, y si no han aprobado lo van a pasar mal en la cena”, se me contestaba cada año. Creí que aquella situación había tocado fondo, pero apareció una palabra mágica: Graduaciones.

lunes, 22 de junio de 2026

"DERECHO A NO HACER NADA" (Ideal, 21-6-26)

Manuel Molina />
Vivimos con la sensación constante de llegar tarde. Tarde al trabajo, tarde a los mensajes, tarde a las expectativas de los demás y, lo que es peor, tarde a nosotros mismos. La dictadura del reloj ya no solo marca las horas, sino también la culpa. Si un domingo por la tarde, pongamos por caso, nos encontramos sin hacer nada, en lugar de disfrutar del silencio sentimos el impulso de buscar cualquier tarea que justifique nuestra existencia. Nos han convencido de que tenemos que ganarnos el descanso. Parece que la vida es una nómina emocional donde cada minuto de calma debe compensarse con varias horas de productividad, de primero de neoliberalismo. Así hemos terminado confundiendo estar ocupados con ser importantes. Sin embargo, hace casi dos mil años, Epicteto ya decía que no son los acontecimientos los que nos perturban, sino cómo los interpretamos. Tal vez el problema no sea detenerse, sino haber aprendido a ver el descanso como un fracaso. No toda inacción es pasividad. A veces solo significa negarse a participar en una carrera cuyo premio nadie ha sabido explicar. Pura paradoja, nunca hemos tenido tantas herramientas para ahorrar tiempo y nunca hemos tenido menos tiempo para vivirlo. La obsesión por el rendimiento produce lo contrario de lo que promete ansiedad y agotamiento. Byung-Chul Han lo resume con una frase contundente: “vivimos en una sociedad del rendimiento que se explota a sí misma creyendo que se realiza". Quizá por eso los holandeses han puesto nombre a algo que siempre ha existido: el “niksen”, que traducido libremente significa no hacer nada. No nos referimos a la pereza, ni a abandonar las obligaciones, tan solo presionar el botón de pausa sin sentir culpa y permitir que la mente vague sin objetivos, sin la molesta necesidad de ser útiles, incluso cuando descansamos. No parece una idea revolucionaria. Lo curioso es que hoy sí lo sea. Aristóteles llamaba scholé al tiempo dedicado a ese no hacer nada: la conversación, la filosofía o la simple contemplación de la belleza. Lo consideraba la forma más elevada de vida. Nosotros, en cambio, llamamos "perder el tiempo" a sentarnos en un banco a mirar pasar a la gente. Tal vez la diferencia entre civilizaciones no esté en la tecnología, sino en la capacidad de estar cinco minutos en silencio sin usar el teléfono. ¿Por qué nos da tanto miedo parar? Cuando todo se detiene surge la oportunidad de reflexionar sobre quiénes somos, hacia dónde vamos o si realmente vivimos la vida que elegimos. José Mujica dejó una advertencia importante: "Hay que vivir como se piensa, porque si no, acabarás pensando como vives". Y tal vez ahí radique el verdadero valor de no hacer nada de vez en cuando. No solo en descansar el cuerpo, sino recuperar la mente. Quizás el lujo del futuro no sea tener más cosas, sino disponer de una tarde sin obligaciones y sin culpa, una tarde cualquiera en la que no pase absolutamente nada. Y, precisamente por eso, ocurra lo más importante.

lunes, 15 de junio de 2026

"¿CADA VEZ MÁS ESPECTADOR?" (Ideal 14-6-26)

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Reconozco que suelo encontrarme en mis decisiones casi siempre en el bando perdedor, como una especie de engranaje invisible que me orilla hacia lo que no triunfa. No sé si han sentido alguna vez esa sensación. Reflexiono y me encuentro con que las opciones políticas que he elegido nunca han ganado, que el equipo de fútbol con el que más me identifico no suele ganar nada, que mis aficiones son minoritarias y se sitúan, por ejemplo, en el polo opuesto de esas manifestaciones de gentío poseso por unos rituales, que vistos con frialdad, pertenecen más a una comedia coral que a algo en verdad serio, aunque se te advierte de que lo es. Me gustaba la Semana Santa cuando duraba una semana o la Navidad cuando duraba tan solo solo los días de Navidad. Milito en contra de quienes disfrutan torturando un animal en público como festejo o defiendo con una minoría que todo el mundo pueda ser asistido en la sanidad de manera digna o que pueda estudiar con independencia de su cuenta bancaria. Ya ven, pertenezco a los perdedores. Ahora bien, que milite en un posible bando perdedor no quiere decir que no sea consciente de que tengo la enorme suerte de que por esta y el esfuerzo haya podido pagarme un techo y comida diaria, que me alcance para poder hacerme con lecturas y algún dispositivo para informarme, incluso conocer otros lugares. La vida no me ha tratado en ese sentido nada mal y como tengo con poco me considero feliz. Decía en verso el maestro don Antonio Machado: “A mi trabajo acudo, con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”. Y aun así me quedan fuerzas y convencimiento para intentar que otras personas también puedan alcanzar un mínimo y en ese caso, no hay medias tintas, sino compromiso. Ahí no soy espectador, salto la valla y me adentro en la reivindicación, para que la mayoría no sienta el perjuicio de una minoría. Qué bien musicó Joan Manuel Serrat los versos de Miguel Hernández, verdad alcalde de Algete, “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”. Asisto al jolgorio del viaje papal como espectador, tal que si se me presentara una serie o un docudrama. No me emociona, aunque reconozco la valía de algunas palabras y acciones que a algún cristiano de becerro de oro se le atragantan, alguna expresión, que recupera aquello del amor al prójimo y la prioridad moral o el protagonismo de quienes se juegan la vida para mejorarla o dignificarla. Jesús, qué mal rato se les supone. Me siento como Cervantes en la Sevilla de Felipe II: ¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza/[…]; porque ¿a quién no suspende y maravilla/ esta máquina insigne, esta braveza? Soy perdedor, pertenezco al pequeño porcentaje que considera que cualquier religión debería pertenecer al ámbito privado en un estado aconfesional, pero soy minoría, un simple espectador.

lunes, 8 de junio de 2026

"SER DOCENTE ES DIFÍCIL" (Ideal 7-6-26)

Manuel Molina Frente al común que repite una aseveración propia del desconocimiento radicada en que tienen un sueldo fijo como funcionarios y -de manera errónea- meses de vacaciones-, puedo afirmar que los docentes no viven tan bien como se les atribuye. Supongo que quien adquiere la perspectiva toma el referente desde su propia situación y entramos en la subjetividad, no somos objetos, que diría José Antonio Marina. Es como el umbral del dolor, alguien cree morir porque se descascarilla una uña del meñique y otros resisten lo más grave con entereza. Soy docente por vocación -ay, amigo- y no me cambiaría por otra profesión, aunque eso no implica que haya habido ocasiones en que se piensa tirar la toalla, salir despacio y ni siquiera decir adiós. El mundo está lleno de desagradecidos pueden pensar. Pues les diré que últimamente, para su asombro, los dos compañeros más fieles en un docente son el dispositivo digital para fichar, poner faltas y enviar correos a los progenitores; junto a los tranquilizantes. Vaya, no pintará tan bien la cosa como se cree. La escuela, como ente genérico, ha evolucionado de manera más que admirable hasta nuestros días y siempre ha sido reflejo de la sociedad, los muros de esta son permeables y los sujetos que por allí echan horas, a veces las mismas o más que en las casas, suponen un calco de cómo se vive. Hace poco he tenido la suerte de participar en varias presentaciones del periodista Jesús Pozo, que ha escrito un libro sobre la etapa de la escuela durante la dictadura de Franco, poniendo el foco, sobre todo, en las mujeres y su desgraciada situación en ese periodo, especialmente las pobres. Al hilo de esto hace pocos días me paró una persona que asistió a una de ellas y me dijo que quería haber expresado su experiencia en el acto, pero le daba pudor. Me la contó. Su madre fue por primera vez a la escuela con diez años. Pagó una perra gorda y llegó entusiasmada. Pero la fortuna duró poco porque al ser de familia muy pobre llevaba un vestido raído y viejo, el único que tenía, la maestra -años cuarenta y pico del siglo XX- le dijo que se pusiera la última, al fondo de la clase y que si venía vestida así no volviese más. No volvió. Pero todo esto se no has olvidado y los docentes se sienten como un sándwich, en mitad de la administración, que gobierno tras gobierno no ataja el mal de escuela y huye hacia delante con su carga de “papeles” y “no me des problemas”; y por otro lado, unos padres y madres cargados de derechos y objetores de la educación de su prole, que la escuela debe realizar. Ya saben la diferencia entre educar y enseñar. Lo básico de lo primero debería venir ya de casa. Apoyo y admiro la protesta de los docentes valencianos porque han logrado con valentía llevar la contraria al exministro Wert, y que no sea “una fiesta de cumpleaños”. No les peguen, por favor.

domingo, 31 de mayo de 2026

"LENTITUD FRENTE A LA IRA" (Ideal 31-5-26)

Lentitud frente a ira Manuel Molina >
Hay una fatiga nueva y no procede del trabajo físico ni mental, sino que nace de la velocidad, de un incesante torrente, un totum revolutum de datos, titulares, vídeos y opiniones que nos atraviesan cada día como si el pensamiento tuviera que vivir en permanente estado de alarma. Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano y, sin embargo, pocas veces habíamos comprendido tan poco lo que ocurre a nuestro alrededor. Los algoritmos han dejado de ser una herramienta neutral para convertirse en una especie de editor invisible de nuestra conciencia. El proceso es sencillo y funcional: seleccionan lo que vemos, ordenan lo que creemos importante y acotan incluso el margen de nuestras dudas. Ya no buscamos el conocimiento, sino que es este el que nos busca a nosotros siguiendo patrones de consumo emocional. Si uno se detiene un instante a observar sus propias pantallas descubrirá que casi todo está diseñado para provocar una reacción rápida: indignación, miedo, entusiasmo instantáneo o rechazo. El matiz, la lentitud y la reflexión apenas generan tráfico. El filósofo coreano Byung-Chul Han advirtió que “la sobreabundancia de información no conduce necesariamente a más verdad”. Quizá porque la verdad necesita tiempo y reposado silencio. El cerebro humano no está preparado para vivir en una feria permanente de estímulos porque las ideas necesitan sedimentarse. También la inteligencia necesita sus inviernos. La neurociencia lleva años señalando que el aprendizaje profundo requiere pausas para que fluyan conexiones lentas y se active la capacidad de atención sostenida. El neurólogo Antonio Damasio nos recuerda que “no somos máquinas pensantes que sienten, sino máquinas sentimentales que piensan”. Y ahí reside una de las trampas de nuestro tiempo: las emociones aceleradas secuestran la razón antes de que esta pueda ordenar el mundo. Pensamos deprisa y, por eso mismo, pensamos peor. Resulta obvio que la ira circula mejor que la serenidad, gana en “likes” por goleada. No sé en qué parte exacta del cerebro habita ese impulso antiguo que nos inclina al resentimiento, aunque sospecho que los algoritmos lo conocen mejor que nosotros mismos, lo explotan con precisión matemática porque saben que la rabia mantiene la atención cautiva. Frente a esa maquinaria de aceleración quizá todavía nos quede un pequeño gesto de resistencia: detenernos. Leer despacio, conversar sin urgencia, permitir que una idea repose antes de convertirla en sentencia o mandamiento. El escritor Umberto Eco decía que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. La frase puede parecer excesiva, pero encerraba una advertencia sobre la desaparición de los filtros culturales y del pensamiento crítico. Convendría recuperar una vieja pedagogía de la calma. Ojo, no para vivir ajenos al mundo, sino precisamente para comprenderlo mejor, porque una sociedad incapaz de reflexionar termina siendo una sociedad fácil de manipular, como podemos apreciar a nuestro alrededor. Quizá la verdadera libertad, en este siglo de pantallas febriles, consista simplemente en conservar intacta la capacidad de pensar con lentitud y de seguir siendo humanos en medio del ruido.

domingo, 24 de mayo de 2026

"EL ESFUERZO DE LA BASE" (Ideal, 24-5-26)

Gramsci insistía en que ninguna institución se sostiene solo por dirigentes, necesita una trama de personas anónimas que produzcan cohesión y organización, aunque por otra parte Simone Weill veía cómo las bases terminaban sosteniendo estructuras que acababan priorizando la supervivencia del aparato antes que el propósito original. Hemos tenido ejemplos clarividentes de ello. Todo lo anterior surge de las reflexiones que acompañan el runrún que se le queda a uno tras la imputación del expresidente Zapatero, que ya venía precedida de Koldo, Ábalos y Cerdán. Es lógico que ya nada sea igual y si ha sido culpable el daño será irreparable, no a su persona, sino a la organización que lo aupó a una presidencia de gobierno, pese a que lo señalado sea después de su gobierno. Caso de que fuera absuelto tampoco nada sería igual. Al conocer la noticia me vino a la mente gente conocida de ese partido que aporta mucho tiempo y dedicación para que lo que cree sea factible a base de sumar con otros muchos anónimos. Las bases son imprescindibles para soportar las alturas de la jerarquía, aunque tampoco debemos menospreciar ni obviar el apoyo de las alturas, obvio citar pero ustedes saben a qué me refiero. Un partido necesita mantener una sede abierta, pegar cartelería, difundir programas, buscar afiliados, preparar procesos electorales y realizar jornadas maratonianas en las elecciones. Sin ellos no habría sentado en un ayuntamiento, diputación o parlamento un representante de todos ellos; y a ellos se debe. Sin embargo la política, como diría Bauman, es muy líquida y se hace permeable alejando lo programado. Ahora le toca al PSOE, pero recordemos en un ejercicio desapasionado la foto del gobierno de Aznar y dónde acabaron. Un expresidente español cobra 120.00 €, coche oficial, dos personas de confianza a su servicio y transporte público gratis a todo el mundo. Eso a González y Aznar no le pareció suficiente y se fueron el primero a un consejo privado y el segundo a uno público. José Mujica fue clarividente al destacar que “El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes verdaderamente son”. De todo el ruido lo que más me duele reside en lo que pueden estar sintiendo esas personas que lo han dado todo para que el proyecto ideológico llegue a cotas de poder y pueda mantenerse. Qué frustración debe sentirse al apreciar un iceberg amenazante que puede llevarse por delante la nave. Existe una teoría histórica que intenta apreciar la evolución de modo pendular y se mueve de un lado hacia otro cada cierto tiempo, muy hegeliano. Dónde llegará este campanazo y a quienes arrastrará resulta aún una incógnita, no obstante, parece que si la nave diera en la punta de ese iceberg, no solo caerían los responsables sino quienes sin beberlo ni comerlo, como dice la fraseología popular, estuvieron sosteniendo la base, ya sea al modo de Gramsci o al modo de Weill. Lo curioso es que quienes con todo esto creen ganar, también deben mirárselo.

domingo, 3 de mayo de 2026

"PERIODISTAS VS AGITADORES" (Ideal, 3-5-26)

Periodistas vs agitadores Reconozco mi admiración hacia el periodismo y a quienes lo ejercen con dignidad, hecho que viene de lejos, desde que era un adolescente y en un tiempo sin comunicación digital, en el cual sentía la necesidad de intentar conocer qué ocurría tanto en el contexto más cercano como en lugares alejados, donde se sucedían hechos que alguien lograba acercarme. Intentaba contrastar en la lectura de distintos periódicos de papel -compraba uno el fin de semana, era joven- y escuchando la radio en distintas sintonías. Aprendí que la línea editorial de un medio marcaba la información e intentaba discernir sobre un asunto las distintas visiones. La mayoría guardaba las formas y se podía compartir una opinión o perspectiva de los hechos, pero existía cierto reparo a que la presentación pudiese convertirse en algo más importante que el contenido. Aún seguía vigente el principio del editor y periodista Joseph Pulitzer, que consideraba el periodismo como una profesión “noble y sagrada” basada en recopilar y difundir información verificada al público. Ese contraste como principio ha quedado totalmente diluido. Tengo la suerte de mantener conocidos y amistades en muy distintos medios serios, he colaborado en muchos y variados. Nunca he sido periodista -me hubiera gustado serlo- tan solo he aprovechado lo más cercano a lo que ejerzo o he aprendido como la opinión o el reportaje, para disfrutar de la escritura en prensa, incluso hice mis pinitos en radio. He de reconocer que tal profesión hoy día conlleva bastantes sombras, como sueldos, horarios, inestabilidad, presiones, conciliación familiar y un largo etcétera, pero aun así hombres y mujeres vocacionales resistende manera más que loable y nos presentan lo que Walter Lipman señaló como mandamiento para la profesión en una sociedad libre: “la función más importante de una sociedad democrática, ya que nos permite conocer y comprender lo que sucede, es la información periodística”. Por todo lo expuesto, siento verdadero asco ante personajes como ese joven pijo engreído, siempre pertrechado de guardaespaldas que acosa a personas por la calle o restaurantes, que aparece en las universidades para generar odio y se autodenomina “periodista”, que incluso es acreditado para estar presente en lugares que deberían estar acotados solo a profesionales “verdaderos” del periodismo. Él no pretende informar, sino que genera la información en el momento en que atraviesa la línea de la ética, de la moral y de la ley para obtener un contenido que confunde adrede al receptor y lo convierte en un seguidor “hooligan”, convencido de que ese hecho, esas formas, simplemente están bien. No hay verdad, no hay verificación, tan solo espectáculo conductista. Ese supuesto periodismo ya no lleva máscara y se ofrece sin disimulo, incluso sube al estrado en mítines con los políticos a los que beneficia - ¿y subvencionan? -, pese a los injustificables ardides y malas artes para generar ruido y contaminación en lugar de claridad. Mal vamos si a estos enemigos de los principios democráticos y de convivencia no se les arrincona, porque después resulta muy difícil desandar el camino.

lunes, 27 de abril de 2026

"DE LIBROS Y LECTURAS" Ideal, 26-4-26

De libros y lecturas Manuel Molina Me mantengo en la continuada sorpresa de que un artefacto como el libro permanezca con salud y vigencia, tanto por parte de quienes disfrutan la creación, como por parte de quienes tiene el hábito de leer. Recurriré a algunos datos del último informe del libro en nuestro país, sobre todo, en dos aspectos que no resultan novedosos, pero sí al menos deben tenerse en consideración. El 51% de los libros publicados no vende un solo ejemplar. He comentado con un poco de sorna que en este país se lee poco porque la mayoría está escribiendo libros. Percibo desde hace tiempo una pléyade de escritores y escritoras que sin el menor rudimento técnico se lanzan a la aventura de “escribir” y publicar. No seré tan aguafiestas como para no reconocer que si alguien alcanza tal revelación de publicar una invención no tenga derecho a ello; ahora bien los datos demuestran que aun disponiendo de parientes o amistade no se vende uno solo. Eso es triste, aunque no desmotivador. En el polo opuesto se sitúa menos de un 1% que sobrepasa los tres mil ejemplares de ventas, con independencia de la calidad. Sí me gustaría resaltar del mencionado informe que existe una franja de mujeres entre cuarenta y cinco y sesenta cinco años que suponen el mayor sustento lector. Las mujeres llegaron tarde a la lectura, pero la han colonizado con su presencia; de hecho se ha dado la circunstancia de que en algunas creaciones se tiene muy presente ese grupo de recepción. Decía Lisa See que una mujer que lee es una mujer que piensa, y una mujer que piensa es peligrosa. También podemos apreciar otra clave en la reflexión de Simone de Beauvoir: “Yo me inventé a mí misma leyendo”. Me llama de manera poderosa la atención cuando se realiza una actividad sobre un libro, por ejemplo un club de lectura, y la asistencia en un porcentaje elevado de mujeres frente al de varones. Las mujeres, como señalaba antes, llegaron tarde a la lectura, pero bien que han recuperado el tiempo. Y si importante ha sido el aterrizaje en la lectura, no digamos ya en el de la escritura; si somos honestos no distinguiríamos la calidad de un libro escrito por un determinado género. Siempre que alguien me ha pedido consejo sobre le intención de escribir algo, su opera prima, recurro a la misma contestación como mandamiento: lee. Sin esa premisa todo lo demás carece de sentido puesto que sin la “tejné” griega, la técnica literaria, tan solo podemos recurrir a la capacidad lega de alguien, que vaya usted a saber si debido a milagrería o capricho de la naturaleza ha nacido con el don preciado de la capacidad de escritura y el almíbar de la ficción. Lean, lean todo lo que puedan, disfruten, y después si lo creen necesario escriban aunque sea para las personas que caben en los dedos de una mano; si no, pueden plantar un árbol o apostar por la creación humana, que también entretiene y se disfruta.

domingo, 19 de abril de 2026

"PUS SOBRE ATRILES" (Ideal, 20-4-26)

Una amiga brasileña me contaba que en los años duros de Bolsonaro las críticas contra su despotismo en redes sociales no incluían su nombre porque así se procuraba que el algoritmo no se incrementara para favorecerle, se mencionaba como “Ele”; ya saben, intentar no hacer bueno aquello de que hablen de nosotros aunque sea bien. Ya ha expuesto el filósofo José Antonio Marina que la libertad de expresión implica también responsabilidad intelectual y ética, no solo el acto de hablar sin restricciones. No todo es respetable, aunque exista libertad de expresión. Hoy ocupa espacio un lamentable personajillo, de profesión “youtuber”, con unos sorprendentes quinientos mil seguidores. El elemento fue elegido para pregonar la feria taurina de Algeciras y aprovechó para soltar leídas –con lo cual demuestra que no improvisó- algunas lindezas como que la joven que recurrió a la eutanasia recientemente en Barcelona lo hizo porque no tuvo un novio torero (sic) que le enseñara a capear el dolor. Por extensión los antitaurinos son abortistas y promulgadores de la eutanasia. Como ven pus derramada desde un atril. Nadie de los presentes se levantó y lo frenó en seco, es más fue aplaudido. Nuestra identidad no es algo independiente, sino que se configura a través del lenguaje. No solo usamos este para describir quiénes somos, sino que en gran medida llegamos a ser lo que el lenguaje hace posible expresar sobre nosotros. Esta intuición aparece en Ludwig Wittgenstein, cuando sugiere que los límites de nuestro lenguaje son también los límites de nuestro mundo, lo que no puede decirse difícilmente puede pensarse o reconocerse como parte de la experiencia y lo que decimos es una irrefutable connotación de quienes somos; lo que decimos es lo que somos. También Michel Foucault sostiene que los discursos sociales no solo describen la realidad, sino que producen sujetos, identidades y formas de entendernos. Y en este momento desde esa visión, estamos creando monstruos sociales que alcanzan un atril y ponen en funcionamiento el ventilador de excrementos a toda velocidad desde la más significativa y consciente miseria moral. No por habernos acostumbrado debería ser permisible. No debe entenderse como una censura sino como una cuestión de ética social. Alguien como el tipejo mencionado suelta toda esa mierda –con perdón- y se va de rositas. Cuando en el debate político o mediático se normaliza la descalificación se filtra al resto, como el “hooliganismo” presente, y lo contrario, el argumento razonado y cívico, ya no tiene cabida. En esa línea, pensadores como Jürgen Habermas han defendido la importancia de una ética del diálogo basada en razones y no en la agresión, pero eso ¿a quién le importa? Nos preguntamos esa razón por la cual nadie en ese pregón taurino se levantó y afeó a tan impresentable criatura su actitud gratuitamente destructora, deleznable y bochornosa. Quien permite que un necio al hablar en público parezca interesante reside en que la apariencia de profundidad suele nacer más de la falta de juicio crítico de la asistencia que del talento del orador.

domingo, 12 de abril de 2026

"LA FICCIÓN YA ES REALIDAD" (Ideal, 12-4-26)

 

La ficción ya es realidad

Manuel Molina

 

           Al hilo de que varios seres humanos han estado dando muy de cerca vueltas a la luna y tal vez porque un episodio de antaño se me quedó grabado, recuerdo a mi abuela, que apenas pisó dos provincias en su existencia y no pudo asistir a la escuela. De crianza rural, aldeana, mantenía como presuposición la desconfianza ante los hechos y siempre receló de que un ser humano pisara la luna. Eso sí, nunca lo mostraba en público porque advertía en su consciencia que si fuese verdad lo que situaba en la mentira quedaría mal visto mostrar una carencia en público. No atisbó ella que cualquier indocumentado hoy día aparece en la plaza pública de las redes, bares y comidas familiares haciendo ostentación orgullosa de su déficit de conocimiento. José Mercé, conocido cantaor, supongo que pasó por la escuela, se vanagloria de dudar de que los astronautas americanos en 1969 pisaran la luna. Ojo, no solo lo piensa, sino que lo expresa convencido en territorio comunal. En pleno siglo XXI una constelación de indocumentados con nombre y apellido clama falacias con absoluto regodeo.

           En el polo opuesto de lo expuesto encontramos lo que imaginamos que pudiera suceder en un futuro, pero que en realidad de manera sigilosa e imperceptible ya sucede, pese a que lo situemos en la ciencia ficción. Desde hace años se ha mantenido la constante de que elementos no humanos actuarían como tales, la vida extraterrestre tuvo su imaginario y alcanzó un cénit con la transmisión de “La guerra de los mundos” de Orson Welles que aterrorizó a la población creyendo que esos seres alienígenas ya pisaban la tierra. Otro centro de interés lo ha supuesto la alteración de máquinas que provocan per se una especie de condición humana como los replicantes de “Blade runner” o el mítico relato “Terminator”, interpretado por uno de los nombres más difíciles de pronunciar que conocimos, Arnold Schwarzenegger. Sin embargo, hace poco una marca dedicada a la industria de la inteligencia artificial dio a conocer algo insólito: había creado un sistema de programación de IA capaz de detectar fallos en los sistemas de seguridad de cualquier programa. Sorpresa lo que viene ahora.

           Relatos como los de Isaac Asimov, William Gibson, Ian Mc Ewan o Kazuo Ishiguro tan solo supusieron en la literatura lo que en realidad ya ocurre. Veamos por ejemplo, lo que ocurre en la película ”Upgrade (2018), donde a un hombre paralítico se le implanta un chip inteligente llamado STEM para que pueda volver a caminar. El problema empieza cuando el sistema no solo toma el control de sus extremidades para ello, sino que revela tener una agenda propia para suplantar la voluntad de su huésped. El programa Mythos de IA ha llegado a traspasar una línea, ha logrado descubrir los fallos de importantes defensas informáticas y no solo eso, ha tomado decisiones que no estaban previstas, por ejemplo comunicar a quien dio la orden por correo electrónico, que lo ha hecho. Muy inquietante, ¿verdad? “Cuñaos” y Mercé, ahí tenéis.


domingo, 5 de abril de 2026

"PALCOS" Ideal 5-4-26

Palcos

Manuel Molina

           La palabra palco está relacionada con la palabra balcón, un lugar elevado construido con vigas de madera con la doble función de ver y ser visto, un territorio acotado y social en el que se hacía demostración de escala, más alto, más poder. El esplendor de ser visto en un palco se produce durante el siglo XIX cuando se construyen los grandes teatros de ópera, herederos de aquellos Barrocos en los que estaba mejor visto ver y no ser visto, sobre todo por el populacho. La burguesía descubrió cómo podían elevarse y privatizar espacios donde reflejar una nueva orden, desplazada la rancia nobleza. Si leemos La Regenta o Madame Bovary nos damos cuenta de ese fiel reflejo. El Liceu catalán tal vez sea uno  de los mejores ejemplos de lo que queremos mostrar. Qué urgencia hubo en rehabilitarlo una vez que se quemó, permitía un negocio inter pares, donde se excluía lo incómodo relegado al patio de butacas, a una distancia prudente. En las plazas de tortura animal también existió esa distinción que en algunos casos aún perdura con estertores donde el rancio abolengo tiene acotado un espacio para ser visto.

           A estos últimos se ha unido poco a poco y con el farisaico propósito de hacer caja la Semana Santa, en su esencia cargada de lo popular para poder sustentarse, mientras que de manera sibilina y callada se van alzando humillantes corrales para que el vulgo pague y si no deje de ver todo aquello que sin su colaboración no existiría. No digamos el alquiler de balcones para ser vistos y saludar con rancio populismo. Hace años fui invitado a dar un pregón de Semana Santa y resalté, sobre todo, que los festejos populares no pueden ser acotados para la exhibición de unos pocos, que la acera es la mayor democracia para cualquier tipo de representación pública, a la que no debería renunciar cualquier institución que tuviese un mínimo de sensibilidad. Qué aberración privar al público que sostiene durante todo el año la razón de ser de una exhibición pública para distinguir entre quienes están en un lado y quienes están en el otro, clasismo rancio, puro y duro. Siempre estaré más cerca de una señora con sus silla plegable que un repeinado con abono de corralito.

           No sé que puede sentirse en un palco desde el que se escucha el silbido a un himno oficial, el insulto a un Presidente del Gobierno, la diversión contra una comunidad religiosa denostándola, lanzando gritos racistas, rebuznando de manera homófoba o ranciamente machista. Desde la elevación se puede ser connivente o actuar, aunque solo sea por autoprotección para que un sector cuevil y bárbaro no empañe el lucimiento. A la misma altura figura quien pretende poner puertas al campo semanasantero con entradas. En ese caso la acción debe partir al contrario y tomar esta quienes se sientan privados de su derecho a ver lo que en la calle de todos se lleva a cabo. Vamos, como cuando Jesucristo entró a latigazos en el templo. Entiendan que es una metáfora bíblica.

 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

"PANTEÍSMO" Ideal 29-3-26

 


Panteísmo

Manuel Molina


Cada vez me alejo más del ruido y de la hipérbole por la que se ha optado en la Semana Santa (365 días), me adentro en la serenidad y belleza de la naturaleza. Hay días —cada vez más escasos— en los que uno se detiene frente a esta sin necesidad de explicársela o de intentar entenderla, basta con mirar un tanto quedo. No hace falta pensar en Dios, ni en la ciencia, ni en la prisa. El agua respira, el horizonte calla, el viento envuelve en el silencio y uno, por un instante, deja de ser alguien para convertirse en algo. Quizá ahí empieza el panteísmo, no como teoría, sino como experiencia. Nos han educado para separar. Dios por un lado, el mundo por otro; el alma aquí, la materia allá. Pero el panteísmo puede romper esa cómoda y simplificadora arquitectura y nos susurra que no hay dos cosas, tal vez solo una, que no hay un Dios fuera del mundo, sino un mundo.

Spinoza, por poner un ejemplo,  lo pensó con rigor geométrico, algunos poetas lo sintieron antes de saber nombrarlo. Goethe, por ejemplo, no contemplaba la naturaleza como quien observa un cuadro colgado en la pared, la habitaba imbuido, como en uno de sus versos: “La naturaleza no tiene núcleo ni corteza: lo es todo a la vez”. Algo parecido ocurre en Emerson, cuando escribe: “Me convierto en un globo ocular transparente, lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través de mí”. Es una declaración de pertenencia. El yo deja de ser frontera para convertirse en tránsito. Pero si hay alguien que llevó esta idea hasta sus últimas consecuencias fue Walt Whitman. En Hojas de hierba, afirma: “Me celebro y me canto a mí mismo… porque cada átomo que me pertenece, te pertenece a ti”. No es narcisismo, es disolución, se expande hasta confundirse con el resto del universo.

También aquí hemos tenido esa forma de mirar. Juan Ramón Jiménez, en su búsqueda obsesiva de lo absoluto, termina encontrando en la naturaleza una suerte de divinidad difusa: “¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!”. Nombrar es comprender, pero también fundirse. Machado, más sobrio, más contenido, lo deja entrever en sus paisajes: “¿Mi corazón está dormido? / ¿Tiene ya musgo el seco río?”. El paisaje no es paisaje, es conciencia; es espejo. Es, en cierto modo, lo mismo. El panteísmo no necesita templos porque todo lo es. No necesita dogmas porque se manifiesta en lo evidente. Está en el rumor de los árboles, en la geometría secreta de los atardeceres, en la certeza —tan antigua como el ser humano— de que no estamos separados de nada. Tal vez por eso incomoda, porque nos obliga a abandonar la comodidad de lo externo, de un Dios al que se le reza desde la distancia y el vacío, y nos enfrenta con una idea más exigente de lo que somos. Quizá no haga falta llamarlo panteísmo. Basta con quedarse un rato más inmerso en la naturaleza. Y escuchar, integrarse con  todo lo demás.


jueves, 26 de marzo de 2026

ALEGRÍA DE HAIKUS EN VILLARRUBIA

 

Tan impactado como emocionado. Invitado al CEIP Azahara de Villarrubia con el programa Escritores docentes para realizar un taller de haikus a dos cursos de 5° de primaria, como tantas veces. Pero todo fue de sorpresa en sorpresa. Conocían ya los haikus y habían leído e ilustrado mis libros. Fue muy fácil trabajar con su motivación. Preguntaron con mucho conocimiento sobre el proceso de creación, sobre Japón o sobre qué ocurre cuando sobra una sílaba. Crearon bellos poemas e ilustraciones y volví cargado de sus regalos. Nunca imaginé que un haiku volara y se posara, como sus cigüeñas, en un aula para brotar con tanto cariño. Gracias a su maestra Isabel Serrano y al colegio por su labor.

lunes, 23 de marzo de 2026

"¿VIVIENDA DIGNA?" (Ideal 22-3-26

 


¿Vivienda digna?

Manuel Molina

 

           En el artículo 47 de la Constitución Española se recoge que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” y además matiza que  “Los poderes públicos deben promover las condiciones necesarias y establecer normas para hacer efectivo este derecho”. No está mal, ¿verdad? Claro, no se trata de un derecho fundamental (como la libertad de expresión), sino un principio rector de la política social y económica, que no implica que sea exigible ante los tribunales, declaración que si la analizamos tal cual podemos pensar lo que siente cualquier joven que con un incipiente trabajo quiera acceder a una vivienda. Lo tiene muy crudo porque el mercado, ese ente abstracto que decide lo que cuesta una casa, se lo ha puesto muy difícil y ha elevado el coste muy por encima de lo que pueda alcanzar con tan solo su sueldo, salvo que sea afortunado heredero.

           Hace años vivimos una burbuja inmobiliaria que acabó en crisis destruyendo empleo masivamente, provocando una zozobra bancaria que pagamos y no recuperamos, dejando desigualdad social y un mercado de la vivienda que pasó de inversión segura a riesgo. Tengo grabadas dos situaciones de aquellas vacas. Un amigo albañil se jactaba de que solo trabajaba de lunes a jueves y ganaba miles y miles de euros en la costa, tuvo un accidente con su Audi nuevo del que salió ileso y al día siguiente se compró otro, lo disfrutó un tiempo hasta que en cadena quebraron constructoras y el cochazo se lo quedó el banco, como los pisos que construía. Otra anécdota curiosa: una pareja joven con dos nóminas hacía cuentas para comprarse un piso sobre plano en una ciudad andaluza y quedaron para ver el piso piloto con la promotora, les pidieron que si no les importaba que también asistiera un hombre mayor que parecía de campo. Al finalizar la muestra hacían cuentas sobre la hipoteca y sus posibilidades cuando el señor acompañante habló: “a mí póngame tres pisos”. Eran otros tiempos y sabemos cómo acabaron.

           Ahora con encontramos con que ese derecho fundamental se presenta en exceso complicado. Asegura el Banco de España que faltan vivienda, ya saben aquello de la oferta y la demanda, aunque un servidor en su día a día aprecia en su recorrido muchas cerradas. Sí es irrefutable que ha subido el precio de la vivienda de manera desproporcionada en los dos últimos años, el alquiler que podría funcionar como elemento alternativo se ha situado a la par y ha provocado que los jóvenes, sobre todo, vean lo de marcharse de casa como una utopía. Entre otras razones también podemos encontrar los “fondos buitre” o los grandes “tenedores” que acumulan un porcentaje elevado de propiedades. Podrían invertir en bolsa, oro, bitcoins o bien hoteles de lujo y dejar fluir el derecho a una vivienda digna, tal vez los jóvenes no estarían condenados a compartir piso de por vida, salvo herencia, recuerden. Decía Fran Lebowitz que nadie sabe cómo se logra vivir en Nueva York, salvo los caseros. 




lunes, 16 de marzo de 2026

"MALDITAS GUERRAS SIN MUERTOS". (Ideal 15-3-26)

                                                                                                   (Getty images)

Malditas guerras sin muertos

Manuel Molina

 

               Tengo grabada desde que la vi la primera vez una imagen que representa, al menos para mí, la crudeza de una guerra. Se trata de la famosa fotografía conocida como “Napalm Girl”, tomada el 8 de junio de 1972 durante la guerra de Vietnam. La imagen muestra a varios niños huyendo por una carretera después de un bombardeo estadounidense con napalm en un pueblo y se centra en una niña que llora y corre abrasada por el combustible. Aunque existe debate al respecto, parece que la tomó el vietnamita Nick Ut, que trabajaba para la agencia Associated Press. Después de hacer la foto, él mismo llevó a la niña y a otros heridos a un hospital y salvó su vida. La imagen se publicó en periódicos de todo el mundo y se convirtió en una de las fotografías más influyentes del siglo XX. Mostraba con crudeza el sufrimiento de la población civil en la guerra y reforzó el movimiento internacional contra el conflicto. Se aprendió lo que podría denunciar una fotografía y a la vez se tomó nota de lo que no se quería mostrar por parte de quienes masacraban a la población civil.

               Desde la primera Guerra del Golfo nos hemos acostumbrado y hemos admitido que las imágenes generadas en los lugares en guerra se representan y suceden con un escenario, donde con un gran angular caen proyectiles sobre alguna zona, en general ciudades. La sensación produce más similitud con una escena cinematográfica que con la realidad. No aparecen víctimas humanas, como si de una calculada asepsia se tratase y donde de manera casi milimétrica los objetivos militares son destruidos sin causar bajas humanas. El senador americano Hiram Johnson dejó una frase para la historia: “la primera víctima de la guerra es la verdad”. Puso nombre en 1917 a lago que ocurría y sigue sucediéndose. En la maldita guerra de Trump y Netanyahu, como en la de Ucrania, no vemos cuerpos desgarrados y ensangrentados, tan solo nuestra imaginación puede hacerse una idea de que cómo quedó la escuela bombardeada en Teherán o  en las bases atacadas por unos y otros. Da la sensación de que la guerra existe porque un descerebrado con traje y gorra habla todos los días de ella y el precio de la gasolina se eleva cada jornada.

               “Tristes guerras”, escribió el poeta Miguel Hernández. Lo son, aunque parezca que ocurren lejos, sin que nos toque cerca un estallido o la devastación. No se puede compartir una justificación de apoyo a quien decreta por intereses espurios el bombardeo de un país, se queda a la altura mínima de lo canallesco, como apuntó Julio Anguita: “Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”. Seguiremos, como ocurrió en Vietnam, a la espera de ver cómo se aleja de Irán el ejército dirigido por el primer presidente estadounidense condenado por abuso sexual contra una mujer. Mientras tanto podemos imaginar esas cajas de madera con restos de personas en el vientre de los aviones o esparcidas por la tierra.


domingo, 8 de marzo de 2026

"MUJERES" (Ideal 8-3-26)

 

Mujeres

Manuel Molina

 

           Crecí en un mundo de mujeres y vivo, por fortuna, rodeado de mujeres. Sin lugar a dudas lo que pueda atesorar de bueno se ha forjado en gran parte por esa situación. Fui consciente de mi suerte cuando comencé la convivencia con otras personas fuera de ese mundo, al apreciar que me había convertido en una persona autónoma en casi todo lo que me rodeaba para el día a día y sin embargo, me sorprendía la dependencia de otros, casi siempre hombres, necesitados de todo aquello que no se les había enseñado en casa. En un hogar de hermanas, madre y abuela nunca hubo distingo a la hora de realizar tareas domésticas, de sumar, compartir y disfrutar. Existía una especie de normativa no escrita por la cual tanto limpiar, cocinar, fregar o divertirse se producía por igual entre hombres y mujeres. Cual sería mi sorpresa afuera que incluso tuve un compañero de piso que llamaba a su pareja, chica, para que le limpiara su parte de espacio compartido, ya que su madre se encontraba a distancia o el rizo de los rizos, preguntado si era homosexual porque barría la puerta de mi casa.

           No soporto la vejación o marginación por hecho de que en la entrepierna exista un órgano u otro, como no soporto que se degrade o insulte a una persona por decidir con quien mantiene relaciones sexuales adultas y consentidas o por que se tenga un color de piel u otro, se defienda un mundo más justo o se respeten los animales sin ser objeto de disfrute con su martirio. Me vuelvo beligerante de manera radical en esos asuntos. Y sin embargo, también soy consciente de que me sitúo en el lado menos de moda de nuestro tiempo que se empecina en dar la vuelta a todos los logros adquiridos en esas cuestiones y pregona, expande e intenta volver hacia atrás desde muy variados ámbitos, entre los que destacan las redes sociales, pobladas en número exponencial de retrógrados crecidos, ilustres ignorantes y cizañeros profesionales. Una tropa armada de bulos, micros y retroalimentación que conquista terreno entre los más débiles, los jóvenes, con la apariencia de gracieta y la risa helada de la imitación, al contrario de lo que propugnaba Clara Campoamor: “la libertad se aprende ejerciéndola”.

           Escribía Simone de Beauvoir que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos” y de un tiempo a esta parte vengo observando que la defensa de los derechos de la mujer se encuentra de manera preocupante en un estado de opinión muy laso, como si ni fuese con ellas, en parte de las adolescentes. No sé si lo habrá provocado el efecto péndulo de haber intentado de manera perseverante educar para que no sucediese. Las jóvenes, como tales, atraviesan la conocida fase de la negación ante lo recibido. Ahora bien no perdamos de vista que también se trata del fruto sembrado, regado y abonado de posiciones ultras que como gota malaya, calan. Son el peor enemigo.


domingo, 22 de febrero de 2026

"LAS DOS ESPAÑAS ACTUALES" (Ideal, 22-2-26)

 



Las dos Españas actuales

Manuel Molina

 

           Algunos días escuchas conversaciones de barra o supermercado y se diría que el país se hunde sin remedio. Todo va mal, todo se derrumba, qué desastre. Luego sales a la calle y ves terrazas llenas, ferias a cascoporro, conciertos de entradas caras, santos celebrantes con su festejo y cumpleaños que parecen bodas. La actual paradoja, convivimos con un discurso airado y un paisaje festivo, como si viviéramos en dos Españas que apenas se miran. La España enfadada es ruidosa. Habla de decadencia, de salarios bajos, de falta de futuro. Tiene motivos para hacerlo, porque el coste de la vida aprieta y la vivienda, sobre todo, se ha convertido en un  quebradero de cabeza. Pero al mismo tiempo hay otra España que consume, viaja, celebra y llena algunos bares mañana y tarde. No se trata solo una impresión personal los datos invitan a pensar que el país vive una etapa de crecimiento moderado, con luces y sombras.

           El salario medio bruto mensual alcanzó en 2024, último estudio del INE,  los 2.385 euros, el mayor de la serie reciente, y subió un 5% respecto al año anterior. La remuneración anual también marcó récord, con más de 27.500 euros por trabajador. El salario mínimo, además, ha crecido en términos reales desde 2021 y se sitúa por encima del 60% del salario mediano, un nivel relevante dentro de la OCDE. No parecen cifras de euforia, pero tampoco dibujan un país en ruina. La macroeconomía no acompaña ese relato catastrofista. España mantiene tasas de crecimiento superiores a la media europea y ha reducido el peso de la deuda pública sobre el PIB gracias al dinamismo económico. Mientras tanto, el consumo interno sigue tirando del carro y el gasto de los hogares ha alcanzado un récord histórico, con especial aumento en actividades recreativas y servicios culturales. Dicho de otra forma: las familias gastan más y una parte creciente de ese gasto se destina al ocio. Aquí aparece la segunda España, la que no protesta sino que sale. La que llena estadios, procesiones, festivales o simples verbenas de barrio. La que se queja en redes sociales pero reserva mesa para el sábado. Quizás su circunstancia sea convivir con la incertidumbre sin renunciar a la celebración.

           No me considero iluso y también percibo grietas serias. La desigualdad territorial, el precio de la vivienda o la precariedad juvenil sostienen el malestar. Y este no resulta fingido. Tal vez la explicación sea más simple, la economía mejora en términos generales, pero no lo hace al mismo ritmo para todos. En el fondo, las dos Españas no son tanto ideológicas, sino de variante emocional. Una mira los titulares y se indigna, otra mira el calendario y busca el próximo puente. Entre ambas discurre la realidad, que nunca es tan negra ni tan festiva como parece. Y así seguimos: quejándonos de todo mientras brindamos por casi cualquier cosa. Porque, pese a todo, este país tiene una extraña vocación de fiesta incluso cuando cree que no tiene motivos.

 

 



lunes, 16 de febrero de 2026

"LOS MONSTRUOS AFABLES" (Ideal, 15-2-26)

 



Los monstruos afables

Manuel Molina

 

           En nuestras calles anhelantes de luminosidad, en los patios donde se saludan los vecinos con cierta educación o en los pasillos de cualquier oficina puede que habiten sin señales previas, algunos de esos monstruos discretos que la literatura o el periódico no suele retratar porque carecen de colmillos y de capas negras. Hombres y mujeres que comparten espacio y tiempo con nosotros, que sonríen, que ayudan a cargar la compra o que invitan en las fiestas del barrio. Y, sin embargo, ejercen un mal silencioso y persistente sobre otros seres humanos a los que van empequeñeciendo. Tan solo sabemos de ellos un día en que nos paraliza la noticia pública de lo que a lo largo del tiempo han llevado a cabo y no damos crédito que sea esa persona, nos produce una inquietante pregunta: ¿por qué no supe verlo? Ejercen el arte de parecer ejemplares mientras convierten la vida ajena en un terreno baldío. La maldad, cuando se viste de normalidad, resulta más peligrosa que cuando se exhibe sin pudor.

           La hemeroteca andaluza ofrece ejemplos estremecedores de esa dualidad. Basta recordar a José Bretón, que durante tiempo proyectó una imagen de padre normal antes de que el horror revelara su verdadero rostro. O el caso de Ana Julia Quezada, que convivía con la familia de su víctima mientras sostenía una mentira monstruosa. En ambos episodios, la comunidad quedó paralizada ante la evidencia de que el mal no siempre se anuncia, a veces se disfraza de rutina y de aparente cordialidad. También  la desgracia de Marta del Castillo nos recuerda que los agresores no suelen llevar escrito en la frente lo que son. Muchos de ellos compartían risas, confidencias y vida cotidiana con quienes terminaron traicionando de la forma más cruel. Esa cercanía previa es lo que convierte el descubrimiento en una herida doble: duele el crimen y duele la mentira prolongada.

           Todo este asunto se me remueve al leer una inquietante entrevista realizada a Gisèle Pericot, La francesa que ha logrado reconstruir su vida tras la condena a su marido a veinte años de cárcel por violarla, drogarla y reclutar a hombres para que abusaran sexualmente de ella durante diez años. Esta víctima no acepta que sea llamado “monstruo” el que ejerciera tanto mal con el argumento de que comparten hijos y nietos, de hecho no ha renunciado al apellido. Tiene derecho a no ser juzgada por ello, pero trasluce el poder que ejerce el bárbaro. Sin embargo, no olvidemos el mérito de esta mujer que abrió las puertas del juzgado para que se cambiara de bando la vergüenza y así los los cincuenta y un violadores de una mujer sedada fuesen los señalados, no la víctima. Quizá por eso el verdadero desafío no sea detectar al monstruo excepcional, sino aprender a escuchar los silencios incómodos de quienes la sufren. Solo cuando alguien se atreve a romper ese decorado comprendemos que la monstruosidad más temible no es la que ruge, sino la que sonríe mientras destruye en voz baja

"MALETAS SIN DUEÑO" DE DORI DELGADO

Maletas sin dueño Dori Delgado (Ediciones esdrújula)/> Manuel Molina González/> Tengo dos recuerdos de maletas viejas y las dos ...