¿Vivienda digna?
Manuel Molina
En el artículo 47 de la Constitución
Española se recoge que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una
vivienda digna y adecuada” y además matiza que
“Los poderes públicos deben promover las condiciones necesarias y
establecer normas para hacer efectivo este derecho”. No está mal, ¿verdad?
Claro, no se trata de un derecho fundamental (como la libertad de expresión),
sino un principio
rector de la política social y económica, que no implica que sea exigible ante los
tribunales, declaración que si la analizamos tal cual podemos
pensar lo que siente cualquier joven que con un incipiente trabajo quiera
acceder a una vivienda. Lo tiene muy crudo porque el mercado, ese ente
abstracto que decide lo que cuesta una casa, se lo ha puesto muy difícil y ha
elevado el coste muy por encima de lo que pueda alcanzar con tan solo su
sueldo, salvo que sea afortunado heredero.
Hace años vivimos una burbuja
inmobiliaria que acabó en crisis destruyendo empleo masivamente, provocando una
zozobra bancaria que pagamos y no recuperamos, dejando desigualdad social y un
mercado de la vivienda que pasó de inversión segura a riesgo. Tengo grabadas
dos situaciones de aquellas vacas. Un amigo albañil se jactaba de que solo
trabajaba de lunes a jueves y ganaba miles y miles de euros en la costa, tuvo
un accidente con su Audi nuevo del que salió ileso y al día siguiente se compró
otro, lo disfrutó un tiempo hasta que en cadena quebraron constructoras y el
cochazo se lo quedó el banco, como los pisos que construía. Otra anécdota
curiosa: una pareja joven con dos nóminas hacía cuentas para comprarse un piso
sobre plano en una ciudad andaluza y quedaron para ver el piso piloto con la
promotora, les pidieron que si no les importaba que también asistiera un hombre
mayor que parecía de campo. Al finalizar la muestra hacían cuentas sobre la
hipoteca y sus posibilidades cuando el señor acompañante habló: “a mí póngame
tres pisos”. Eran otros tiempos y sabemos cómo acabaron.
Ahora con encontramos con que ese
derecho fundamental se presenta en exceso complicado. Asegura el Banco de
España que faltan vivienda, ya saben aquello de la oferta y la demanda, aunque
un servidor en su día a día aprecia en su recorrido muchas cerradas. Sí es
irrefutable que ha subido el precio de la vivienda de manera desproporcionada
en los dos últimos años, el alquiler que podría funcionar como elemento
alternativo se ha situado a la par y ha provocado que los jóvenes, sobre todo,
vean lo de marcharse de casa como una utopía. Entre otras razones también
podemos encontrar los “fondos buitre” o los grandes “tenedores” que acumulan un
porcentaje elevado de propiedades. Podrían invertir en bolsa, oro, bitcoins o
bien hoteles de lujo y dejar fluir el derecho a una vivienda digna, tal vez los
jóvenes no estarían condenados a compartir piso de por vida, salvo herencia,
recuerden. Decía Fran Lebowitz que nadie sabe cómo se logra vivir en Nueva
York, salvo los caseros.

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