martes, 28 de julio de 2026

"MALETAS SIN DUEÑO" DE DORI DELGADO

Maletas sin dueño Dori Delgado (Ediciones esdrújula)/>
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Tengo dos recuerdos de maletas viejas y las dos tienen en común que representan a quienes fueron obligados a salir de su tierra y acabaron en otra extraña o en una cámara de gas. La primera la conforma un apilamiento de maletas que representan a todos aquellos que tuvieron que dejar un país tras una guerra fratricida, se encuentran ubicadas en la casa natal del que fuera presidente de la segunda república española, Niceto Alcalá-Zamora. La segunda fue de más difícil visión, de conmoción, y está situada en un espacio del campo de concentración de Auschwitz. Quienes llegaban nunca eran conscientes de que al entregar esa maleta donde guardaban todo lo que tenían, ya nunca más la recuperarían. La maleta también ha sido un símbolo de nuestra emigración, de quienes debían dejar atrás el terruño para partir con ese elemento donde se guardaba la ropa, los miedos y la incertidumbre. Algunas volvieron. Las maletas de Dori en realidad no aparecen explícitas, pero se presuponen en algunos momentos por parte de quienes se desplazan para intentar una vida mejor, ya sea como jornaleros, trabajadores o estudiantes. En muchos personajes existe el denominador común del intento, tan humano, de mejoría. Nos ofrece un libro de relatos, que en apariencia pueden resultar misceláneos, pero existen varios denominadores comunes que aglutinan, casi todos los personajes son humildes, trabajadores, con sus sombras y luces. Lejos de intentar estar presente y opinar la autora ha decidido simplemente darles voz, los acompaña como si fuese una técnica documental o de cámara al hombro, de hecho incluso la introducción o narración de algunas se ofrece desde una perspectiva masculina. Interesa transmitir tan solo lo que ocurre. Todo ello sin recoger velas ante el hecho de que una parte de quienes se nos presentan no sean lo que se espera de ellos, como la vida misma. Existe un motor también que produce horizontalidad, la educación como medio para la mejora, pero también como una característica positiva de quienes incluso sin poder acceder a ella la sienten como necesaria. La autora nos lleva en esa especie de “documental” por las tierras del altiplano granadino o su costa y da pie a la entrada en escena para que nos cuenten de una manera sencilla, con una prosa pulida y limpia, por qué se van, por qué intentan volver, por qué no saben gestionar la emoción que nadie les enseñó y los sobrepasa en ocasiones. También nos lleva a la frontera de un cambio que sobrepasó e incluso expulsó a gente del campo a la ciudad, de una forma de vida que tras siglos feneció. No se trata de un ejercicio de melancolía sino de llevar el foco de atención a ese momento. También el papel de la mujer desde el punto de vista intergeneracional resulta muy interesante. En los relatos de Dori, muchos de ellos ganadores de certámenes, también destaca desde el punto de vista formal la sencillez, como parte también correlativa al mundo que ocupa el contenido. Llama la atención la frase corta, la descarga adjetival que multiplica el sentido narrativo de lo que ocurre, más que la perspectiva de cómo ocurre. Los personajes se expresan por sí mismos y se nos dan a conocer por sus palabras, de hecho en algún momento se permite la licencia de imitar la oralidad porque así la atmósfera narrativa se enriquece. Está clavada esa expresión tan genuina de unan parte de Andalucía, “esjraciao”. La musicalidad se presenta no solo en algún relato de manera referencial sino en el ritmo de la prosa, con una melodía sencilla y reiterativa, con algunas variantes pero con cierta continuidad, que alcanza un ritmo cercano a lo popular, a lo reconocible y cercano, como los propios personajes. En definitiva, un libro para leer quizás en la tranquilidad veraniega, para ir conociendo y reconociendo algunos de esos personajes, que nos recuerdan a alguien en un momento que atravesamos y se sentaron a nuestro lado en las alsinas, compraron en un ultramarinos, llegaban de las labores del campo o supimos que se marchaban del pueblo con su maleta de madera y tela. Merece la pena su lectura.

domingo, 26 de julio de 2026

"EL FUEGO Y EL RUIDO" (Ideal 26-7-26)

El fuego y el ruido. Cada verano el fuego nos devuelve a la misma escena: arden los montes y, casi al mismo tiempo, arden las palabras. Apenas ha comenzado un incendio cuando ya se han levantado trincheras donde deberían alzarse preguntas. La velocidad de la indignación suele superar a la del conocimiento. Hace dos días asistí al estreno de una película, “Los creyentes” con José Coronado de protagonista, donde refleja una realidad del modo en que hoy se construyen las certezas, al margen de la evidencia. Curiosa. Nunca fue tan fácil encontrar quien confirme nuestras ideas, aunque sean falsas. Las redes sociales han convertido la opinión en un refugio confortable donde los hechos apenas importan. Como escribió Daniel Patrick Moynihan: “Todo el mundo tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos.” Conviene recordarlo cuando el humo todavía no ha abandonado el horizonte. No soy ingeniero forestal ni climatólogo. Precisamente por eso procuro hacer lo único razonable, como preguntar a quienes llevan décadas estudiando el problema y acudir a la ciencia antes que al eslogan o la paranoia. Los especialistas repiten desde hace años que los incendios no se apagan únicamente en verano, se previenen durante el invierno. Gestionar el monte, limpiar el sotobosque, recuperar usos tradicionales, planificar, invertir y asumir que el cambio climático modifica las condiciones en las que vivimos forman parte de una misma respuesta. Sin embargo, la política parece preferir el combustible de la demagogia. Resulta difícil aceptar que todavía haya quien señale a los «comunistas» como responsables de los incendios mientras comparte proyecto con quienes niegan la evidencia científica del calentamiento global o minimizan la crisis ambiental. Hay una contradicción que no cabe ocultar bajo el humo. Tampoco ayuda acudir al escenario de la tragedia “disfrazada” a medio camino entre Lara Croft y Dora la Exploradora, con un cartel casi más grande que el chaleco, dispuesto a lanzar consignas delante de las cámaras mientras detrás siguen trabajando quienes arriesgan la vida entre llamas y han sido ninguneados. La propaganda nunca ha extinguido un incendio. El fuego exige otra actitud. Pide serenidad antes que espectáculo y conocimiento antes que consignas. Porque un bosque tarda décadas en crecer y apenas unas horas en desaparecer. También la confianza pública se consume cuando convertimos cada catástrofe en un plató. Albert Camus escribió que “nombrar mal las cosas es aumentar la desgracia del mundo”. Quizá esa sea la primera tarea, llamar a las cosas por su nombre. Un incendio forestal es un fenómeno complejo donde confluyen abandono rural, gestión del territorio, condiciones meteorológicas extremas, intereses humanos y una realidad climática que ya no admite demasiadas discusiones serias. Simplificarlo para obtener un titular o un puñado de votos equivale a echar gasolina sobre las brasas. Tal vez el fuego sí empiece a apagarse en invierno, como repiten quienes conocen el monte, pero el incendio de las palabras solo comenzará a extinguirse cuando aprendamos que hay momentos en los que el silencio y el conocimiento iluminan mucho más que cualquier hoguera política.

martes, 21 de julio de 2026

"LA HIPERPROTECCIÓN" (Ideal 19-7-26)

En las dos principales leyes de Murphy se nos advierte de que si algo puede ir mal, irá, y si algo puede empeorar, empeorará. Supongo que ambas reflexiones se elevan a la categoría de mandamientos para los pesimistas y asisten como a un milagro epifánico cuando una tostada cae al suelo por el lado de la mantequilla. Para un optimista medio informado, como servidor, queda lejana esa aceptación vital, pero he de afirmar que en ocasiones, como el niño de “El sexto sentido” que veía muertos, yo veo murphismo. Leo que una enorme cantidad de opositores a las plazas de docente en todo el territorio patrio ha suspendido por faltas de ortografía, comparativa que me hace pensar que el acceso a soldado fuese denegado por cobardía. “Es que yo soy de Educación Física”, argumenta algún afectado, ya ven o “ya ben”, que escribiría. Pero en la segunda aplicación de la ley de Murphy aparecen los padres (y madres) de los suspensos y crean una juntera para reclamar: por si alguien va lento les recuerdo que la edad por lo bajo para presentarse a una oposición es de unos 23-24, como diría un castizo, tienen el pubis bien poblado. Los polvos y los lodos. Voy más allá del gozoso encuentro carnal que fructifica y trae al mundo un polluelo humano. Pasa por la educación infantil y allí ya se inhala el virus del hiperproteccionismo. Pobres maestras y maestros frente a ese grupo de whatsapp que hierve a diario. El mundo tan solo lo conforma una personita a la que se lava, peina, viste y se introduce en un caparazón ideal, altas capacidades, por supuesto, e incomprendido/a por quienes pretenden primero que sea feliz y después que sepa la A o el 1. En la primaria se agudiza y entre fiestas obligatorias de cumpleaños para veinticinco, inglés, fútbol, música, taekwondo, papiroflexia y natación, cada uno sobresale por, en apariencia, ser el mejor o no alcanzarlo por la incompetencia de sus monitores. En la secundaria, algunos progenitores realizan objeción de conciencia educativa y trasladan el hecho a quienes enseñan, con prepararles el bocadillo, la ropa, el móvil y la burbuja parece alcanzado el mínimo de padre o madre. Volverán a activarse a final de curso para la graduación. Llega el bachillerato, muchas veces con un proyecto paterno-materno de estudios. “Vas a ser notario”, “pero a mí lo que me gusta es la Educación Física”, “Luego te apuntas a un gimnasio o vas a correr”. Entra en una carrera, que no suele ser la que se quería, se acude a buscarle piso, a limpiárselo, a cocinarle y renovarle la burbuja, que a esa edad son marranillos. Se prepara una oposición en una academia que eligen los papis, se les lleva a examinarse y con la burbuja estallada se intenta reclamar a un tribunal. Si aprueba le dirán qué destino pide y a la dirección se le pedirá un buen horario. Herman Hesse en Demian (1919) escribió: “El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo”.

domingo, 12 de julio de 2026

"TURISMO CLIMÁTICO" (Ideal 12-7-26)

Un reciente informe de Greenpeace concluye que España avanza muy lentamente en la creación de refugios climáticos para proteger a la población frente al calor extremo, pese a que alguna opción política, ahora con el poder de gobernar, lo niegue. Solo una parte de las capitales de provincia dispone de una red de estos espacios, y muchos presentan carencias tan básicas como horarios limitados o falta de servicios básicos. No hablamos de grandes superficies comerciales, sino de espacios naturales. La organización destaca que los refugios deben ser gratuitos, accesibles y mantenerse abiertos durante los episodios de altas temperaturas. También subraya que son especialmente importantes para personas mayores, niños y colectivos vulnerables. Además, reclama ampliar las zonas verdes, el arbolado y las sombras para reducir el efecto del calor en las ciudades. Los sucedáneos, como los toldos, parecen la culminación de una mala gestión ambiental, banderas de fracaso. Greenpeace considera que estas medidas son esenciales para adaptarse al cambio climático y disminuir los riesgos para la salud ante las sucesivas y persistentes olas de calor. Desde hace unos años me he convertido en lo que se denomina un “turista climático”. Me desplazo todo lo que puedo en el periodo más tórrido del verano hacia lugares con atractivo cultural y natural, pero, sobre todo, que cumplan la máxima de que al menos por la noche pueda descansar sin necesidad de aire acondicionado. Justo hace unos días recalaba en un lugar del tercio norte peninsular y siguiendo una recomendación llegué a un pequeño pueblo donde se ofrecía un curioso restaurante con espacio para las mesas en una zona de tierra bajo un nogal frondoso. Marcaba la diferencia de temperatura respecto al entorno. Pegué la hebra con la propietaria, una señora mayor, me dijo que para combatir el calor no había mejor fórmula que tierra y árboles. Cuánta razón, pensé. En el informe de Greenpeace destacan las ciudades con refugio climático por una sencilla razón, donde más calor hace no existen, casos como Sevilla o Extremadura; y las que más tienen Vitoria o San Sebastián. Me pregunto la razón por la cual en lugares afectados por tanto período de calor a ningún político se le ocurre proteger a su población con estos refugios. Misterios que podría tratar Iker Jiménez, ahora que habla mucho de política. Decía el clásico Horacio que apenas somos polvo y sombra. Y hemos sabido crear esta en espacios verdes y en nuestros patios, cómo no vamos a superar a nuestros antepasados con mayor tecnología. Se ha

lunes, 6 de julio de 2026

"El marxismo de Juanma" (Ideal 4-7-26)

Manuel Molina Existen dos formas de entender la política, que refleja muy bien el término marxismo. Por un lado una opción con unos principios que a unos gusta y a otros, por supuesto, no. La generó el alemán Karl Marx y tuvo relevancia en el siglo XIX, más apocada y relegada en el siglo XXI, en los territorios casi de anécdota. La segunda procedía del humor, la más vigente, superando incluso lo de izquierda y derecha; la promovió el humorista estadounidense Groucho Marx, así sintetizada: “estos son mis principios, si lo gustan tengo otros”. El marxismo de Groucho ha triunfado a unos niveles insospechados en el terreno político, tanto que seguramente sea la tendencia que más gobierna. El último en subirse ha sido el ya presidente de la junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno con unos principios e ideas políticas que parecían celestiales y bandera de la bonhomía, hasta que los números fallaron y hubo que activar el “marxismo” para sentar en el gobierno andaluz a quienes cincuenta y un años después vuelven a gobernar por estos lares, herederos de quienes entraron a sangre y fuego derribando y anulando un gobierno elegido de manera democrática. Casi todos los gobernantes de nuestro país han tirado del marxismo de Groucho para llegar o mantenerse en la poltrona. Nuestro presidente Sánchez llegó a decir que no dormiría tranquilo con un gobierno en el que estuviera Pablo Iglesias; lo hizo vicepresidente. Aznar venía de disfrutar con la cantinela dedicada a Jordi Pujol: “Pujol, enano, habla castellano”, hasta que lo necesitó y habló con él catalán en la intimidad. Felipe González, que habló “con lengua de serpiente” –según cantaba Javier Krahe- propugnaba no entrar en la OTAN hasta que nos metió. Feijoó abrazaría a los condenados por el Procés si los números le dieran. Rara avis fue Julio Anguita que para pactar siempre ofrecía lo que había llevado como programa electoral, nada de “marxismo de Groucho” con tal de sentarse en una poltrona. Ya ven, nostálgicos de aguilucho en la muñeca y ahora de verde pistacho contentísimos de que con tan poco, tanto. Disfrutarán los toros, la caza, el urbanismo desalmado de las costas y solares, se limpiarán el trasero con el respeto al medio ambiente y sacarán si pueden todos los días un santo a la calle. Si eres inmigrante, abstente. Y así estamos, ¿de qué se reirá ahora Juanma?, ¿qué cantará?, ¿cuántas veces escuchará Viva España donde debiera decir Viva Andalucía?, ¿cuántas veces nos dirá aquello de que es moderado y busca el equilibrio como Franco Battiato?, ¿cuántos abrazos dará con su poquito de asco y cuántos recibirá de los judas?, ¿cuántas veces escuchará las palabras “moros” o “sudacas” y tendrá que callar? Se podría pensar que antes no era así, pero ya dijo José Mujica que el que en política actúa de una manera es que ya era así antes de llegar. A quienes les guste todo eso a disfrutar. Dicen que el poder desgasta, a quienes no les queda ajo, agua y espera.

martes, 30 de junio de 2026

"EL RODILLO MIMÉTICO" ( Ideal, 28-6-26)

Manuel Molina />
El ser humano, el que conocemos porque nos rodea, no cree las ideas porque sean verdaderas, sino porque son las creencias de su ambiente y a ellas se debe entregar para que el orden artificial, el ser social, continúe sin sobresalto. Escribía Thoreau que cada generación se ríe de las modas viejas y sigue religiosamente las nuevas o lo que en la fraseología de roman paladino se menciona así: “¿qué es lo que hace Vicente? Lo que hace la gente”. El heterónimo de don Antonio Machado, Juan de Mairena también aportó algo interesante en estas consideraciones: “Pensar es, ante todo, descartar opiniones”. Si consideramos todo lo anterior como premisas podemos elevarlas y sintetizarlas en una pregunta: “¿qué leches hago en mitad de una fiesta de graduación de 6º de primaria o de 4º de ESO o no digamos de cuatro años de Infantil?” Tal vez sea de los pocos que considera que esto de las graduaciones se nos ha ido de las manos y se ha convertido en un bufonesco espectáculo que se repite por el simple hecho de que otros lo hacen. Hace años veías escenas de una película americana en la que unos jóvenes terminaban la educación secundaria y se graduaban con toga y birrete para después acudir al baile de fin de curso y pensabas que todo eso no podía menos que interpretarse como el síntoma que arrastraba la sociedad americana de apenas poder contar con una trayectoria histórica de enseñanza secular. Con ese ritual creado para loor y gracia del sistema educativo y de su sociedad se cubrían carencias y complejos. Quienes desde fuera de ese “american way of life” lo veíamos, no podíamos menos que valorarlo como algo hortera y acomplejado. Ahora bien, quién nos iba a decir que en unos pocos años tragaríamos con lo mismo multiplicado de manera exponencial a todos los ámbitos educativos. Permanecí muchos años en un centro que celebraba siempre en jueves por la tarde-noche una fiesta de fin de curso para quienes finalizaban bachillerato. Una idea maravillosa; ellos se vestían casi con el mismo tipo de traje y corbata y ellas como si fuesen a la boda de su mejor amiga. Tan solo había un problema, que apuntábamos dos o tres profesores –ya saben que todos lados hay aguafiestas- ya que no sabían si habían aprobado o no. Pasaban toda la noche de juerga, que siempre resulta estupendo, pero aguantaban hasta primera hora del viernes para ir a recibir las notas. Se vivían escenas lamentables por parte de quienes recibían calabazas e intentaban en su estado dialogar. Con una chaqueta manchada, un jarapillo a medio remeter, descalzos y aliento a cubata de garrafón. Planteaba por qué no se entregaban las notas y luego nos íbamos todos a celebrar lo que hiciera falta. “Hombre, son chiquillos, y si no han aprobado lo van a pasar mal en la cena”, se me contestaba cada año. Creí que aquella situación había tocado fondo, pero apareció una palabra mágica: Graduaciones.

"MALETAS SIN DUEÑO" DE DORI DELGADO

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