lunes, 15 de junio de 2026

"¿CADA VEZ MÁS ESPECTADOR?" (Ideal 14-6-26)

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Reconozco que suelo encontrarme en mis decisiones casi siempre en el bando perdedor, como una especie de engranaje invisible que me orilla hacia lo que no triunfa. No sé si han sentido alguna vez esa sensación. Reflexiono y me encuentro con que las opciones políticas que he elegido nunca han ganado, que el equipo de fútbol con el que más me identifico no suele ganar nada, que mis aficiones son minoritarias y se sitúan, por ejemplo, en el polo opuesto de esas manifestaciones de gentío poseso por unos rituales, que vistos con frialdad, pertenecen más a una comedia coral que a algo en verdad serio, aunque se te advierte de que lo es. Me gustaba la Semana Santa cuando duraba una semana o la Navidad cuando duraba tan solo solo los días de Navidad. Milito en contra de quienes disfrutan torturando un animal en público como festejo o defiendo con una minoría que todo el mundo pueda ser asistido en la sanidad de manera digna o que pueda estudiar con independencia de su cuenta bancaria. Ya ven, pertenezco a los perdedores. Ahora bien, que milite en un posible bando perdedor no quiere decir que no sea consciente de que tengo la enorme suerte de que por esta y el esfuerzo haya podido pagarme un techo y comida diaria, que me alcance para poder hacerme con lecturas y algún dispositivo para informarme, incluso conocer otros lugares. La vida no me ha tratado en ese sentido nada mal y como tengo con poco me considero feliz. Decía en verso el maestro don Antonio Machado: “A mi trabajo acudo, con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”. Y aun así me quedan fuerzas y convencimiento para intentar que otras personas también puedan alcanzar un mínimo y en ese caso, no hay medias tintas, sino compromiso. Ahí no soy espectador, salto la valla y me adentro en la reivindicación, para que la mayoría no sienta el perjuicio de una minoría. Qué bien musicó Joan Manuel Serrat los versos de Miguel Hernández, verdad alcalde de Algete, “Para la libertad sangro, lucho, pervivo”. Asisto al jolgorio del viaje papal como espectador, tal que si se me presentara una serie o un docudrama. No me emociona, aunque reconozco la valía de algunas palabras y acciones que a algún cristiano de becerro de oro se le atragantan, alguna expresión, que recupera aquello del amor al prójimo y la prioridad moral o el protagonismo de quienes se juegan la vida para mejorarla o dignificarla. Jesús, qué mal rato se les supone. Me siento como Cervantes en la Sevilla de Felipe II: ¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza/[…]; porque ¿a quién no suspende y maravilla/ esta máquina insigne, esta braveza? Soy perdedor, pertenezco al pequeño porcentaje que considera que cualquier religión debería pertenecer al ámbito privado en un estado aconfesional, pero soy minoría, un simple espectador.

lunes, 8 de junio de 2026

"SER DOCENTE ES DIFÍCIL" (Ideal 7-6-26)

Manuel Molina Frente al común que repite una aseveración propia del desconocimiento radicada en que tienen un sueldo fijo como funcionarios y -de manera errónea- meses de vacaciones-, puedo afirmar que los docentes no viven tan bien como se les atribuye. Supongo que quien adquiere la perspectiva toma el referente desde su propia situación y entramos en la subjetividad, no somos objetos, que diría José Antonio Marina. Es como el umbral del dolor, alguien cree morir porque se descascarilla una uña del meñique y otros resisten lo más grave con entereza. Soy docente por vocación -ay, amigo- y no me cambiaría por otra profesión, aunque eso no implica que haya habido ocasiones en que se piensa tirar la toalla, salir despacio y ni siquiera decir adiós. El mundo está lleno de desagradecidos pueden pensar. Pues les diré que últimamente, para su asombro, los dos compañeros más fieles en un docente son el dispositivo digital para fichar, poner faltas y enviar correos a los progenitores; junto a los tranquilizantes. Vaya, no pintará tan bien la cosa como se cree. La escuela, como ente genérico, ha evolucionado de manera más que admirable hasta nuestros días y siempre ha sido reflejo de la sociedad, los muros de esta son permeables y los sujetos que por allí echan horas, a veces las mismas o más que en las casas, suponen un calco de cómo se vive. Hace poco he tenido la suerte de participar en varias presentaciones del periodista Jesús Pozo, que ha escrito un libro sobre la etapa de la escuela durante la dictadura de Franco, poniendo el foco, sobre todo, en las mujeres y su desgraciada situación en ese periodo, especialmente las pobres. Al hilo de esto hace pocos días me paró una persona que asistió a una de ellas y me dijo que quería haber expresado su experiencia en el acto, pero le daba pudor. Me la contó. Su madre fue por primera vez a la escuela con diez años. Pagó una perra gorda y llegó entusiasmada. Pero la fortuna duró poco porque al ser de familia muy pobre llevaba un vestido raído y viejo, el único que tenía, la maestra -años cuarenta y pico del siglo XX- le dijo que se pusiera la última, al fondo de la clase y que si venía vestida así no volviese más. No volvió. Pero todo esto se no has olvidado y los docentes se sienten como un sándwich, en mitad de la administración, que gobierno tras gobierno no ataja el mal de escuela y huye hacia delante con su carga de “papeles” y “no me des problemas”; y por otro lado, unos padres y madres cargados de derechos y objetores de la educación de su prole, que la escuela debe realizar. Ya saben la diferencia entre educar y enseñar. Lo básico de lo primero debería venir ya de casa. Apoyo y admiro la protesta de los docentes valencianos porque han logrado con valentía llevar la contraria al exministro Wert, y que no sea “una fiesta de cumpleaños”. No les peguen, por favor.

domingo, 31 de mayo de 2026

"LENTITUD FRENTE A LA IRA" (Ideal 31-5-26)

Lentitud frente a ira Manuel Molina >
Hay una fatiga nueva y no procede del trabajo físico ni mental, sino que nace de la velocidad, de un incesante torrente, un totum revolutum de datos, titulares, vídeos y opiniones que nos atraviesan cada día como si el pensamiento tuviera que vivir en permanente estado de alarma. Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano y, sin embargo, pocas veces habíamos comprendido tan poco lo que ocurre a nuestro alrededor. Los algoritmos han dejado de ser una herramienta neutral para convertirse en una especie de editor invisible de nuestra conciencia. El proceso es sencillo y funcional: seleccionan lo que vemos, ordenan lo que creemos importante y acotan incluso el margen de nuestras dudas. Ya no buscamos el conocimiento, sino que es este el que nos busca a nosotros siguiendo patrones de consumo emocional. Si uno se detiene un instante a observar sus propias pantallas descubrirá que casi todo está diseñado para provocar una reacción rápida: indignación, miedo, entusiasmo instantáneo o rechazo. El matiz, la lentitud y la reflexión apenas generan tráfico. El filósofo coreano Byung-Chul Han advirtió que “la sobreabundancia de información no conduce necesariamente a más verdad”. Quizá porque la verdad necesita tiempo y reposado silencio. El cerebro humano no está preparado para vivir en una feria permanente de estímulos porque las ideas necesitan sedimentarse. También la inteligencia necesita sus inviernos. La neurociencia lleva años señalando que el aprendizaje profundo requiere pausas para que fluyan conexiones lentas y se active la capacidad de atención sostenida. El neurólogo Antonio Damasio nos recuerda que “no somos máquinas pensantes que sienten, sino máquinas sentimentales que piensan”. Y ahí reside una de las trampas de nuestro tiempo: las emociones aceleradas secuestran la razón antes de que esta pueda ordenar el mundo. Pensamos deprisa y, por eso mismo, pensamos peor. Resulta obvio que la ira circula mejor que la serenidad, gana en “likes” por goleada. No sé en qué parte exacta del cerebro habita ese impulso antiguo que nos inclina al resentimiento, aunque sospecho que los algoritmos lo conocen mejor que nosotros mismos, lo explotan con precisión matemática porque saben que la rabia mantiene la atención cautiva. Frente a esa maquinaria de aceleración quizá todavía nos quede un pequeño gesto de resistencia: detenernos. Leer despacio, conversar sin urgencia, permitir que una idea repose antes de convertirla en sentencia o mandamiento. El escritor Umberto Eco decía que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. La frase puede parecer excesiva, pero encerraba una advertencia sobre la desaparición de los filtros culturales y del pensamiento crítico. Convendría recuperar una vieja pedagogía de la calma. Ojo, no para vivir ajenos al mundo, sino precisamente para comprenderlo mejor, porque una sociedad incapaz de reflexionar termina siendo una sociedad fácil de manipular, como podemos apreciar a nuestro alrededor. Quizá la verdadera libertad, en este siglo de pantallas febriles, consista simplemente en conservar intacta la capacidad de pensar con lentitud y de seguir siendo humanos en medio del ruido.

domingo, 24 de mayo de 2026

"EL ESFUERZO DE LA BASE" (Ideal, 24-5-26)

Gramsci insistía en que ninguna institución se sostiene solo por dirigentes, necesita una trama de personas anónimas que produzcan cohesión y organización, aunque por otra parte Simone Weill veía cómo las bases terminaban sosteniendo estructuras que acababan priorizando la supervivencia del aparato antes que el propósito original. Hemos tenido ejemplos clarividentes de ello. Todo lo anterior surge de las reflexiones que acompañan el runrún que se le queda a uno tras la imputación del expresidente Zapatero, que ya venía precedida de Koldo, Ábalos y Cerdán. Es lógico que ya nada sea igual y si ha sido culpable el daño será irreparable, no a su persona, sino a la organización que lo aupó a una presidencia de gobierno, pese a que lo señalado sea después de su gobierno. Caso de que fuera absuelto tampoco nada sería igual. Al conocer la noticia me vino a la mente gente conocida de ese partido que aporta mucho tiempo y dedicación para que lo que cree sea factible a base de sumar con otros muchos anónimos. Las bases son imprescindibles para soportar las alturas de la jerarquía, aunque tampoco debemos menospreciar ni obviar el apoyo de las alturas, obvio citar pero ustedes saben a qué me refiero. Un partido necesita mantener una sede abierta, pegar cartelería, difundir programas, buscar afiliados, preparar procesos electorales y realizar jornadas maratonianas en las elecciones. Sin ellos no habría sentado en un ayuntamiento, diputación o parlamento un representante de todos ellos; y a ellos se debe. Sin embargo la política, como diría Bauman, es muy líquida y se hace permeable alejando lo programado. Ahora le toca al PSOE, pero recordemos en un ejercicio desapasionado la foto del gobierno de Aznar y dónde acabaron. Un expresidente español cobra 120.00 €, coche oficial, dos personas de confianza a su servicio y transporte público gratis a todo el mundo. Eso a González y Aznar no le pareció suficiente y se fueron el primero a un consejo privado y el segundo a uno público. José Mujica fue clarividente al destacar que “El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes verdaderamente son”. De todo el ruido lo que más me duele reside en lo que pueden estar sintiendo esas personas que lo han dado todo para que el proyecto ideológico llegue a cotas de poder y pueda mantenerse. Qué frustración debe sentirse al apreciar un iceberg amenazante que puede llevarse por delante la nave. Existe una teoría histórica que intenta apreciar la evolución de modo pendular y se mueve de un lado hacia otro cada cierto tiempo, muy hegeliano. Dónde llegará este campanazo y a quienes arrastrará resulta aún una incógnita, no obstante, parece que si la nave diera en la punta de ese iceberg, no solo caerían los responsables sino quienes sin beberlo ni comerlo, como dice la fraseología popular, estuvieron sosteniendo la base, ya sea al modo de Gramsci o al modo de Weill. Lo curioso es que quienes con todo esto creen ganar, también deben mirárselo.

domingo, 3 de mayo de 2026

"PERIODISTAS VS AGITADORES" (Ideal, 3-5-26)

Periodistas vs agitadores Reconozco mi admiración hacia el periodismo y a quienes lo ejercen con dignidad, hecho que viene de lejos, desde que era un adolescente y en un tiempo sin comunicación digital, en el cual sentía la necesidad de intentar conocer qué ocurría tanto en el contexto más cercano como en lugares alejados, donde se sucedían hechos que alguien lograba acercarme. Intentaba contrastar en la lectura de distintos periódicos de papel -compraba uno el fin de semana, era joven- y escuchando la radio en distintas sintonías. Aprendí que la línea editorial de un medio marcaba la información e intentaba discernir sobre un asunto las distintas visiones. La mayoría guardaba las formas y se podía compartir una opinión o perspectiva de los hechos, pero existía cierto reparo a que la presentación pudiese convertirse en algo más importante que el contenido. Aún seguía vigente el principio del editor y periodista Joseph Pulitzer, que consideraba el periodismo como una profesión “noble y sagrada” basada en recopilar y difundir información verificada al público. Ese contraste como principio ha quedado totalmente diluido. Tengo la suerte de mantener conocidos y amistades en muy distintos medios serios, he colaborado en muchos y variados. Nunca he sido periodista -me hubiera gustado serlo- tan solo he aprovechado lo más cercano a lo que ejerzo o he aprendido como la opinión o el reportaje, para disfrutar de la escritura en prensa, incluso hice mis pinitos en radio. He de reconocer que tal profesión hoy día conlleva bastantes sombras, como sueldos, horarios, inestabilidad, presiones, conciliación familiar y un largo etcétera, pero aun así hombres y mujeres vocacionales resistende manera más que loable y nos presentan lo que Walter Lipman señaló como mandamiento para la profesión en una sociedad libre: “la función más importante de una sociedad democrática, ya que nos permite conocer y comprender lo que sucede, es la información periodística”. Por todo lo expuesto, siento verdadero asco ante personajes como ese joven pijo engreído, siempre pertrechado de guardaespaldas que acosa a personas por la calle o restaurantes, que aparece en las universidades para generar odio y se autodenomina “periodista”, que incluso es acreditado para estar presente en lugares que deberían estar acotados solo a profesionales “verdaderos” del periodismo. Él no pretende informar, sino que genera la información en el momento en que atraviesa la línea de la ética, de la moral y de la ley para obtener un contenido que confunde adrede al receptor y lo convierte en un seguidor “hooligan”, convencido de que ese hecho, esas formas, simplemente están bien. No hay verdad, no hay verificación, tan solo espectáculo conductista. Ese supuesto periodismo ya no lleva máscara y se ofrece sin disimulo, incluso sube al estrado en mítines con los políticos a los que beneficia - ¿y subvencionan? -, pese a los injustificables ardides y malas artes para generar ruido y contaminación en lugar de claridad. Mal vamos si a estos enemigos de los principios democráticos y de convivencia no se les arrincona, porque después resulta muy difícil desandar el camino.

lunes, 27 de abril de 2026

"DE LIBROS Y LECTURAS" Ideal, 26-4-26

De libros y lecturas Manuel Molina Me mantengo en la continuada sorpresa de que un artefacto como el libro permanezca con salud y vigencia, tanto por parte de quienes disfrutan la creación, como por parte de quienes tiene el hábito de leer. Recurriré a algunos datos del último informe del libro en nuestro país, sobre todo, en dos aspectos que no resultan novedosos, pero sí al menos deben tenerse en consideración. El 51% de los libros publicados no vende un solo ejemplar. He comentado con un poco de sorna que en este país se lee poco porque la mayoría está escribiendo libros. Percibo desde hace tiempo una pléyade de escritores y escritoras que sin el menor rudimento técnico se lanzan a la aventura de “escribir” y publicar. No seré tan aguafiestas como para no reconocer que si alguien alcanza tal revelación de publicar una invención no tenga derecho a ello; ahora bien los datos demuestran que aun disponiendo de parientes o amistade no se vende uno solo. Eso es triste, aunque no desmotivador. En el polo opuesto se sitúa menos de un 1% que sobrepasa los tres mil ejemplares de ventas, con independencia de la calidad. Sí me gustaría resaltar del mencionado informe que existe una franja de mujeres entre cuarenta y cinco y sesenta cinco años que suponen el mayor sustento lector. Las mujeres llegaron tarde a la lectura, pero la han colonizado con su presencia; de hecho se ha dado la circunstancia de que en algunas creaciones se tiene muy presente ese grupo de recepción. Decía Lisa See que una mujer que lee es una mujer que piensa, y una mujer que piensa es peligrosa. También podemos apreciar otra clave en la reflexión de Simone de Beauvoir: “Yo me inventé a mí misma leyendo”. Me llama de manera poderosa la atención cuando se realiza una actividad sobre un libro, por ejemplo un club de lectura, y la asistencia en un porcentaje elevado de mujeres frente al de varones. Las mujeres, como señalaba antes, llegaron tarde a la lectura, pero bien que han recuperado el tiempo. Y si importante ha sido el aterrizaje en la lectura, no digamos ya en el de la escritura; si somos honestos no distinguiríamos la calidad de un libro escrito por un determinado género. Siempre que alguien me ha pedido consejo sobre le intención de escribir algo, su opera prima, recurro a la misma contestación como mandamiento: lee. Sin esa premisa todo lo demás carece de sentido puesto que sin la “tejné” griega, la técnica literaria, tan solo podemos recurrir a la capacidad lega de alguien, que vaya usted a saber si debido a milagrería o capricho de la naturaleza ha nacido con el don preciado de la capacidad de escritura y el almíbar de la ficción. Lean, lean todo lo que puedan, disfruten, y después si lo creen necesario escriban aunque sea para las personas que caben en los dedos de una mano; si no, pueden plantar un árbol o apostar por la creación humana, que también entretiene y se disfruta.

"¿CADA VEZ MÁS ESPECTADOR?" (Ideal 14-6-26)

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