domingo, 12 de mayo de 2024

"NOVELA HISTÓRICA" (Ideal 12-5-24)

Si nos hablan de novela histórica en nuestro país y nos piden un autor, casi seguro que uno de los más repetidos sería Benito Pérez Galdós, con una ingente parte de su producción literaria dedicada a reproducir cuidados argumentos ambientados en la Guerra de la Independencia o la Revolución Liberal, con una maestría absoluta hasta convertirlo en uno de nuestros más grandes escritores a través de los Episodios Nacionales. La novela histórica ha desempeñado un papel crucial en el panorama literario español, sirviendo como una popular herramienta para explorar el pasado y comprender mejor el presente. Este género no solo entretiene, sino que también ofrece la posibilidad de educar más allá del contacto con la historia que se produce tras la enseñanza reglada, ya que ofrece una privilegiada ventana retrovisora a la complejidad de los acontecimientos históricos, filtrados por tramas entretenidas. En un país tan rico en historia como el nuestro se convierte en un puente entre el pasado y el presente, permitiendo al lector sumergirse en agudos entresijos y conectar con las experiencias humanas de otros espacios y tiempos, puesto que existen emociones perdurables. La importancia de la novela histórica radica en su capacidad para recrear épocas pasadas de manera convincente, de forma verosímil aunque no real. Como afirmó la novelista española María Dueñas, "la novela histórica nos permite viajar al pasado sin renunciar al disfrute de la ficción". A través de la indispensable investigación meticulosa y la imaginación del autor, se recrean escenarios históricos, se da vida a personajes tal vez olvidados o desde perspectivas novedosas y se exploran los acontecimientos que han moldeado una identidad. Además de proporcionar entretenimiento, la novela histórica cumple una función pedagógica parecida al docere et delectare latino, enseñar deleitando. Al sumergirse en las páginas de este género, los lectores tienen la oportunidad de aprender de manera accesible y atractiva. Tal vez en ello radique el éxito editorial y consumo que la acompañan últimamente. Nos sorprenden las enormes cifras de ventas en librerías y préstamos en bibliotecas. No siempre todo puede contar con un beneplácito consensuado y nos encontramos críticas. Algunos la observan como un género que trivializa o distorsiona la historia en aras del entretenimiento. Pero no debemos desdeñar que quien realiza la lectura acepta el pacto literario de “creer” a lo largo de las páginas lo que le cuentan tratándose en realidad de una manera de ficcionalización, la cual utiliza fuentes documentales para moldear un acercamiento a un periodo, por ejemplo como señala Luz Gabás: "los personajes de una novela del siglo XVI no se expresan como en ese siglo, salvo tal vez una honrosa excepción”. El desaparecido Carlos Ruiz Zafón, recordaba que "la historia es nuestra memoria colectiva, y la novela histórica nos permite explorarla y comprenderla de una manera emocionante y significativa". Esos dos aspectos tal vez demuestren la viveza de un género en pleno esplendor. Y un apunte más, tal vez afortunado fruto de nuestro tiempo, cuántas escritoras de novela histórica y cuántas lectoras.

martes, 7 de mayo de 2024

"SOBRE EL TRABAJO" (Ideal 5-5-24)

Sobre el trabajo Manuel Molina Hace tiempo, cuando la televisión entretenía y transmitía conocimiento provechoso, es decir, antes de que se hubiese convertido en esta especie de casquería y especiado con la habilidad de la falta de digestión al deglutir, el periodista inigualable Jesús Quintero entrevistaba en uno de sus programas a un persona singular donde los hubiera –ambos ya nos están- “el sabio Tarifa”, de estampa senequista y humor socarrón. En el programa hablaban de lo anecdótico y de lo trascendente, de lo divino y lo humano. Para crear ambientación; y tras de una de esas expresivas pausas del “Loco” le lanza una pregunta al gaditano: “¿tú crees que el trabajo es bueno?”. El sabio se reincorpora del asiento, toma una copa de vino, da un sorbo, la vuelve a dejar en la mesa y con media sonrisa y voz contundente responde: “el trabajo es malo, pero nos hemos acostumbrado”. Recibí un saetazo, porque nunca había apreciado esa visión tan acertada. Había puesto la piedra basal de nuestra existencia, sobre la que basculamos con cierto entusiasmo o como una maldición. Eran otros tiempos. Me resulta curioso un aspecto del trabajo. Una visión que incardina con el tertuliano de Quintero radica en que la gran mayoría no desearía trabajar, como el escribiente Bartleby, creado por Herman Melville en 1853 caracterizado por su actitud pasiva en el trabajo y su repetida frase "Preferiría no hacerlo", la cual utiliza como respuesta a cualquier petición que se le hace para realizar una tarea. Una aspiración de muchas personas que he conocido, pese a tener un trabajo más o menos digno, residía en convertirse en jubilados prematuros, no por una cuestión real, sino por alcanzar un estado para dedicarse a lo que verdaderamente les interesaba; eso sí con la red protectora de una paga. Así conocí gente al modo del bíblico Lázaro que casi sin poder moverse adquirió tras su meta una capacidad inigualable de movimiento en sus propios asuntos. Se reían de Barack Obama que proclamaba que el trabajo no solo nos da dinero, sino también dignidad y un propósito en la vida. Bueno, si entendemos el no trabajo, también vale. Por otro lado, también me llama la atención la dicotomía existente entre quienes no quieren trabajar y se la averiguan de una u otra forma en esta vida para llevarlo a cabo con éxito; y sobre todo, quienes se empeñan en alcanzar un trabajo y no hay manera de que les sea fructífero, dando saltos de mata sin alcanzar una continuidad merecida. La preparación, el empeño y la constancia ante el fracaso no garantizan la certeza de alcanzar una situación laboral deseada. Existen quienes como Sísifo, caen una y otra vez y quienes con una flor en salva sea la parte obtienen su objetivo a las primeras de cambio. Pertenezco a los que le costó demasía lo pretendido. Por ello no soporto el más mínimo tipo de “enchufe” al que somos tan dados, ni a quienes ostentan acomodados trabajos y lo menosprecian.

lunes, 22 de abril de 2024

"LIBROS EN LA ERA DIGITAL" (Ideal 21-4-24)

Libros en la era digital Manuel Molina En la era digital instantánea los libros parecían estar destinados a su desaparición, como una muerte anunciada y si acaso relegados a poca lectura en pantallas. Sin embargo, el libro tradicional en papel goza de buena salud encontrando en nuestras calles rótulos maravillosos donde se lee “librería”. Es más, he encontrado en los últimos años románticos emprendedores afanados en abrir algún establecimiento con ese nombre. Su presencia tangible en nuestras vidas es crucial, resistiendo con la opción también extendida de la compra remota. Los libros, decía hace poco Manuel Vilas, mantienen el aroma de quien antes los leyó y de los lugares donde habitan. Todos tenemos la sensación que irradia la mezcla de tinta, papel y cola en un libro nuevo. A mí me retrotrae a los inicios de curso cuando recibías alguno para forrarlo o el primero que publiqué. Hemingway escribió lo siguiente: "No hay nada que escriba que no sea la verdad". Esta cita encapsula la esencia de la importancia de los libros. A través de las páginas impresas, los autores transmiten sus visiones del mundo y sus enriquecedoras reflexiones. Como lectores recibimos esa experiencia vicaria, somos espectadores de otro ser humano y comprendemos su perspectiva única. Conocemos un asesino o un redentor; no lo somos pero lo vivenciamos. Nos convertimos en testigos de otra verdad, la que contienen historias contadas por autores que incluso trascienden el tiempo y el espacio. La narrativa digital, tan unida a lo visual, no soporta esa circunstancia y queda fácilmente diluida. A través de la lectura, tenemos acceso a una vasta cantidad de conocimiento que va desde las teorías científicas más avanzadas hasta enormes lecciones de vida, de visiones poéticas de la realidad hasta el clásico placer de inventar historias que nos atrapan en su verosimilitud o fantasía. Los libros nos permiten expandir nuestros horizontes en un necesario ejercicio de concentración e individualidad, con independencia de que compartamos la experiencia a posteriori. Desplazamos la mirada por las líneas de un libro y alzamos de vez en cuando la vista para digerir lo leído. Qué comunión se produce cuando alguien percibe que le han contado lo que pensó o intuyó, pero de una manera enriquecida, cargada de belleza. Gabriel García Márquez, el ilustre nobel colombiano, lo expresó así: "La literatura es el arte de descubrir algo extraordinario sobre algo ordinario". Sin embargo, la importancia de los libros va más allá. Su presencia física en nuestras vidas tiene un impacto significativo y bienestar emocional. Hay libros sanadores o calmantes y no son precisamente de autoayuda La experiencia táctil de sostener un libro, pasar sus páginas y sumergirse en su historia proporciona una sensación de calma y satisfacción que es difícil de replicar en el mundo digital. En un momento en que la atención se dispersa fácilmente y la ansiedad está en aumento, los libros ofrecen un refugio tranquilo, se yerguen como faros de luz en la oscuridad, recordándonos que incluso en los momentos más difíciles, nunca estamos solos.

lunes, 15 de abril de 2024

"AUPA ATHLETIC" (Ideal 14-4-24)

Aupa Athletic Manuel Molina Hace ciento treinta y cuatro años se fundó un club en Bilbao que está de moda, el Athletic, fruto de la llegada de industriales ingleses y de estudiantes que conocieron ese deporte en las islas, entonces llamado “sport”. Ya había ocurrido algo parecido en Huelva, también fruto de la industrialización que llevaron a cabo empresas inglesas expandiendo la práctica del fútbol entre propietarios ingleses y trabajadores onubenses. Lo hicieron también el tenis o el golf, pero el primero se popularizó más. El equipo bilbaíno acaba de ganar la Copa del Rey y la ciudad se ha echado a la calle para celebrarlo, como se celebran esas cosas en la zona, a lo grande. En un deporte tan sobrevalorado e hiperbólico como el fútbol, uno de los mayores ejemplos de mercantilización globalizada, resulta curioso que un puñado de deportistas del terruño, le hayan plantado cara a los grandes clubes con sus carísimos fichajes internacionales - en el Real Madrid, por ejemplo suele jugar tan solo un jugador nacido en España- y los hayan derrotado, Hecho cada vez más infrecuente, que resta vistosidad e interés a ese deporte, megafinanciado por multinacionales y estados petroleros. Tengo dos entrañables anécdotas que hablan de la filosofía de ese admirable club. La primera ocurrió en el propio Bilbao, donde había llegado de paso hacia otro destino y decidí con mi familia visitar la ciudad. Recalamos en el bar y sociedad gastronómica de la peña más antigua del club, ubicada en el casco viejo de la ciudad. Poco puedo añadir de lo que puedan imaginar sobre cómo fue la degustación de pinchos y platos junto a txacolines. Pegamos la hebra con uno de los encargados del negocio. Le comenté que me hubiese gustado visitar el viejo San Mamés, ya cerrado, antes de que lo derribaran y habérselo mostrado a mi hija. Me dijo que eso no podía quedar así, si yo había hecho más de mil kilómetros con ese deseo no me podía marchar sin haberlo conocido. Realizó varias llamadas y volvió con una sonrisa: “a las cinco en la puerta tal, os esperan”. Agradecí de todo corazón tan generoso gesto y nos dirigimos hasta allí. Nos esperaba un empleado del club para sumarnos a una visita oficial que realizaban unos dirigentes del Ajax de Amsterdam, “Perdonad, pero para entendernos hablaremos en inglés”. No importaba. Emoción. La otra anécdota ocurrió más lejos, en un lugar muy deportivo, las ruinas de Olimpia en Grecia. Con un gran calor salimos a una terraza cercana tras el recorrido para refrescarnos. Un camarero griego, ya mayor, se dirigió a nosotros con un perfecto: “¿de dónde sois?”. Como la mayoría provenía de Córdoba indicaron ese nombre y este añadió: “pobrecillos su equipo de fútbol siempre hundido en segunda B”. Conocía al dedillo todo sobre las principales ligas de fútbol españolas. Le pregunté por su equipo favorito: “el único en el que todos sus jugadores son españoles”. Sacó un llavero con el escudo del Athletic y lo besó.

domingo, 7 de abril de 2024

"¿CLASE MEDIA?" Ideal 7-4-24

¿Clase media? Manuel Molina La clase media se desarrolló especialmente tras la Revolución Industrial, en la Europa Occidental a lo largo de los siglos XVIII y XIX. A medida que la economía agrícola se transformó en una economía industrial, se brindaron nuevas oportunidades económicas y de empleo a una gran proporción de la población anteriormente pobre. El surgimiento de la industria y las fábricas, así como el desarrollo del comercio y las finanzas, crearon puestos de trabajo y aumentaron las oportunidades de empleo, especialmente en las ciudades. La urbanización y la oportunidad de obtener ingresos estables provocaron el desarrollo y cambios de estilo de vida de un preponderante segmento de la población. Esa es la mirada hacia atrás, desde la historia. La clase media logró con mucho esfuerzo, incluso vidas, acceso a la educación, sanidad, al empleo y yendo más allá, la capacidad de poder adquirir bienes que no se encontraban entre las necesidades básicas. En un principio se conformaba el estrato por comerciantes, trabajadores independientes y oficinistas, para pasado el tiempo incluía a trabajadores de otros sectores de la economía. Podríamos hablar de una propia segmentación de la clase media que abarcaría una gradación en forma de alta, media y baja burguesía. Llegado el siglo XX con su incipiente clase media se supone que contribuyó a cambiar la concepción del capitalismo y dotarlo de una perspectiva integradora y hasta optimista. Una visión afable, llena de oportunidades, que sustituía esa época de arbitrariedad, explotación y violencia extrema que provocó la Revolución Industrial. Se afincó la meritocracia y reconocieron los derechos civiles en el marco de un estado de derecho que suponía el caldo de cultivo propuesto para su desarrollo. El capitalismo se reinventaba y triunfaba, a la vez que surgían ideologías más basadas en lo común y su defensa. Se animaba a sentirse orgulloso de no ser pobre, a llamarse clase media mejor que trabajador y a intentar imitar unos usos y costumbres por los cuales se podía creer que al realizarlos se pertenecía a esa clase. Hace poco avisté una breve intervención del humorista murciano Miguel Maldonado que respondía así a la pregunta de si era de clase media: “si tú tienes las sartenes apiladas en un mueble de tu cocina, tú no eres clase media”. Después de la risa, me hizo reflexionar y fruto de ello es la columna que usted lee. Desde el capitalismo más salvaje se ha hecho creer a mucha ciudadanía que pertenece a esa privilegiada clase media, utilizándola para venderle todo lo que no tiene, como si fuese una aspiración, para luego quitárselo. Es más, ha logrado que quienes proceden de la clase trabajadora, bajo esa influencia y convencimiento están siendo utilizados para desmontar dos pilares sociales fundamentales, la educación y la sanidad. Esa acción ha calado de tal modo que se logra enterrar un derecho sin mancharse las manos. A.B. Alcott hace dos siglos ya lo veía claro: “La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”. Y ser útil, sin saberlo, también.

domingo, 31 de marzo de 2024

"GENOCIDIO PALESTINO" (Ideal 31-4-24)

Genocidio palestino Manuel Molina El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó a favor de dividir Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío. Aquel día treinta y tres países respondieron de manera positiva a la partición, trece votaron en contra y otros diez países se pusieron de lado y se abstuvieron, declarando ser “neutrales”. Ese día, la ONU causó un desastre incesante en Medio Oriente con miles y miles de muertos desde esa decisión. Pero ya venía de lejos el asunto, desde el siglo XIX, donde se vinculó la reclamación de un territorio por un mito religioso de hacía más de tres mil quinientos años, con un principio que queramos o no cuesta entender, ya que el argumentarlo se basaba en que era el pueblo elegido de Dios. Las razones arqueológicas nunca han demostrado que lo escrito y lo hallado se correspondieran. También debemos tener en cuenta que en el citado XIX Palestina era territorio otomano, es decir, turco. Los judíos alentados por el sionista Thedor Herzl comenzaron a comprar tierras a estos con la idea de crear en el futuro un estado donde los judíos dispersos por el mundo pudieran establecerse. El resto tiene dos grandes culpables en el hecho de haber alentado un problema sin aparente solución: Francia y Gran Bretaña, que como potencias coloniales se repartieron los territorios otomanos y especialmente los últimos que vieron con buenos ojos los asentamientos tras la Primera Guerra Mundial. Tan solo el bueno de Lawrence de Arabia levantó la voz desde el ejército británico de lo que estaba ocurriendo, pero fue traicionado al intentar una solución racional del problema. Llegó la Segunda Guerra Mundial y desde el descubrimiento del Holocausto hitleriano el viento se puso a favor para desembocar en la creación de un estado israelí acorralando cada vez más a quienes allí habitaban, relegando su espacio a dos territorios comprimidos, Gaza y Cisjordania. Israel nunca tuvo suficiente y siempre quiso más con el beneplácito del silencio de la gran mayoría de países, ONU incluida. Ahora después de la respuesta a un condenable atentado y secuestro de cientos de personas los israelíes han comenzado una guerra que ya lleva más de treinta mil muertes y no discrimina en matanzas de poblaciones civiles, incluso con niños, bombardeando hospitales sin ningún escrúpulo y no permite accesos para que llegue la ayuda humanitaria internacional que calme la hambruna y nos haga ver las trágicas imágenes de gente que no sabe nadar arrojándose al mar para conseguir alimentos y pereciendo. Ya no se trata de que sea una opción Palestina libre o no, de que tenga su propio estado como debería, sino de que se frene la matanza de población que está llevando a cabo el ejército de Israel. Cómo será que la propia ONU lo ha calificado de “genocidio”. Mientras tanto, el silencio de quienes pueden frenarlo es sonrojante; también culpable. No se entiende que después de Auschwitz los descendientes de las víctimas sean ahora tan crueles verdugos.

lunes, 18 de marzo de 2024

"FUMAR, DONDE SEA". (Ideal,17-3-24)

Por circunstancias he debido pasar unas semanas en un hospital público (por cierto, viva la sanidad pública) y aparte de la casuística propia de ese hecho, donde profesionales se fajan a veces no en las mejores condiciones y sin embargo, una gran mayoría aporta un plus más allá de lo que exige su trabajo. Me he encontrado con un hecho muy llamativo. Se trata de la gran cantidad de gente que fuma en los hospitales. Voy a retrotraerme para centrar la atención en lo que he apreciado. Una de las mayores estupideces que cometí en mi vida fue la de seguir la tendencia imitativa y adolescente de tragar y expulsar humo. Durante dos décadas y pico fui fumador convulsivo, de cajetilla diaria. Cuando entendí la idiotez del asunto era un poco tarde y tras varios y deprimentes intentos logré dejarlo. Mi pareja fumaba también y con los ingresos destinados a fumar (ya superado) nos compramos un coche de segunda mano. No me convertí en un converso persecutor y he respetado a quien fuma, siempre y cuando se atenga a norma, como cualquier otra circunstancia cívica. Repasando datos sobre el asunto del tabaquismo descubro que alcanzaba al 32,7% de la población mundial mayor de 15 años en el año 2000 y ha bajado al 22,3% en 2020. En España se fuma mucho ,casi 20 millones de personas (datos de la intersectorial), más mujeres que hombres. La mortalidad relacionada con el tabaco alcanza un 18,9% de fumadores y el tabaquismo continúa siendo la principal causa de morbimortalidad en nuestro país ya que se estima una media nacional de 51.870 muertes atribuibles al año al tabaco, y a nivel mundial las muertes por cáncer de pulmón se han triplicado en los últimos 20 años. No son datos halagüeños, pese al descenso de consumo. Por eso, me llama la atención la cantidad de gente que en recónditos pasillos, terrazas, ventanas y sobre carteles de 'prohibido fumar' consuma tabaco o vapee. Algunas escenas son propias de esperpento como los enfermos con suero y vías, en silla de ruedas inhalando humo o quienes con vestuario de quirófano fuman tras unos setos. 'El dilema' (2000) de Michael Mann con Al Pacino y un grandioso Russell Crowe fue una película sonada que trataba sobre un famoso escándalo de una tabacalera americana, y de cómo incluían adictivos para fomentar el consumo de sus productos. Un ingeniero de la multinacional largó cómo se incluía entre las doscientas cincuenta y pico sustancias que lleva un cigarrillo, una para potenciar la adicción; ese era su trabajo, crear dependencia. Siempre se ha comentado el doble rasero del estado con el tabaco, por un lado recauda y por otro debe pagar el costoso tratamiento del tabaquismo. Me sorprenden también las escenas de películas, incluidas con calzador, donde se debe fumar compulsivamente a cascoporro. En la segunda parte del siglo XX fumaban los buenos, luego los malos en el XXI y ahora todos. Fumar en el hospital resulta una tremenda metáfora.

martes, 20 de febrero de 2024

TALLER DE HAIKUS EN MONTALBÁN (CÓRDOBA)

Después de bastante tiempo he vuelto a un taller de haikus. Alumnado muy motivado por su profesora Fátima, en el IES Maestro Eloy Moreno de Montalbán (Córdoba)

sábado, 17 de febrero de 2024

AGRICULTURA (Ideal, 18-2-24>)

Agricultura Manuel Molina Me crié en el campo junto a mis familiares, que vivían de este como jornaleros y con unas escasas tierras que producían lo que se llamaba “el aceite del año”; ni más ni menos que el destinado a su consumo interno durante unos meses. Mi madre fue consciente de la dureza e incertidumbre que provocaba vivir en un mundo marcado por la agricultura. “Estudia, que los olivos siempre van a estar ahí”. Se repetía el mantra incómodo, pero aquellas extenuantes jornadas de cuidado de la tierra y recolección del fruto en proporción a lo obtenido me hicieron mella y tuve la suerte de poder empañarme y conseguir no vivir del campo. Siempre me he alegrado. Otros amigos de la infancia y familiares viven bien y han logrado con su meritorio esfuerzo y dedicación obtener bastantes beneficios dedicándose a esa tarea como profesión. No soy el único ejemplo, en las última décadas de casi un millón y medio de agricultores dados de alta en Francia se ha pasado a cuatrocientos mil. Tienen buenas casas, buenos coches y una buena cuenta bancaria, pero no me cambiaría. Resulta obvio también que la población dedicada a esta tarea ha envejecido y no encuentra recambio generacional para su viabilidad. Viven una situación delicada por circunstancias que en gran parte se han generado por causas ajenas a su trabajo, pero que repercuten de manera directa en sus beneficios. Han sacado los tractores a las carreteras, con lo difícil que se convierte apreciar una protesta por causas importantes en este país. El campo ha sufrido unos cambios muy considerables en los últimos tiempos. Se ha ido entregando cada vez más a la subvención europea para poder ofrecer beneficios, que en algunos casos son esenciales y en otros han propiciado que al olor del dinero las rapiñas de casos como los fondos buitre –los usureros de Catón- hayan aterrizado con el único fin de obtener beneficio rápido y como consecuencia han extendido el cultivo intensivo, el trasvase de secanos en regadío y el abuso de fitosanitarios y plaguicidas. Las generaciones de latifundios diversificados han copiado el modelo. Revolotean también moscones políticos a por tajada. El choque contra la normativa medioambiental no ha tardado tampoco en llegar. Y a estos se une el problema que genera la globalización. Es más fácil para los distribuidores agroalimentarios traer cereal de Ucrania o frutícolas de Mercosur que comprar de los propios o comprar naranjas por debajo del coste europeo en Marruecos para poder pescar en sus caladeros. Me gusta pasear por el campo, pero me entristece en ocasiones al ir descubriendo viviendas derruidas, tierras yermas abandonadas, suelos como pátinas desbrozados y árboles regados cuando hace nada eran de secano. Como popularmente se dice la pescadilla se muerde la cola: no llueve, regamos, hay sequía, regamos, no hay agua. La necesidad de producir para competir provoca peligrosos efectos secundarios. "La agricultura es la madre y la nodriza de todas las demás ciencias." proclamaba Miguel de Cervantes. Las demás deberían ayudar. ¿Habrá solución?

domingo, 21 de enero de 2024

"EL BECERRO DE ORO" (Ideal, 21-1-24)

El becerro de oro Manuel Molina Hace unos días mantenía una charla con futuros docentes de secundaria y en un momento determinado derivamos hacia la situación que vive la enseñanza en nuestro país. Prácticamente todos consideraban que su situación era preocupante por mala. Insistí en que la enseñanza no era un territorio ajeno a la realidad sino que conformaba parte de ella y lo que ocurre fuera de las aulas se traslada a ellas de manera permeable convirtiéndose en un reflejo. La abulia, apatía y menosprecio por el esfuerzo que caraterizan a gran parte de nuestros adolescentes proviene de la consecuencia generada por lo aprendido y emulado en sus casas y entorno más cercano. Fíjense que ahora se ha generado un debate en las aulas sobre idoneidad o no de los dispositivos móviles en las clases; y sin embargo, no se plantea que un joven disponga de un “pepinaco” de casi mil euros para jugar, enviar tonterías a sus amistades y admirar a otros que ofertan vídeos haciendo el ganso. La cultura del becerro de oro, una metáfora bíblica que trasciende el tiempo, se relaciona con lo anterior y se eleva como característica de nuestra sociedad contemporánea. En nuestra búsqueda desenfrenada de riqueza y éxito material, de inmediatez, a menudo sacrificamos valores elementales y profundos derivando en la insustancialidad. En este afán por acumular riquezas y fruslerías, corremos el riesgo de perder nuestra humanidad esencial. Un sociólogo, Philip Slater, nos advirtió: "El becerro de oro exige que sacrifiquemos nuestra integridad, nuestra autenticidad, nuestras relaciones y, en última instancia, nuestra propia alma". Esta cultura nos sumerge en una espiral de consumo desenfrenado, donde la felicidad se mide en posesiones más que en experiencias significativas y su ausencia o medida insuficiente en frustración. Ante este desafío, el filósofo Albert Schweitzer nos insta a reflexionar: "El éxito es no lo que se tiene, sino lo que se es". Enfrentar la cultura del becerro de oro implica un cambio de enfoque hacia valores de mayor calado: la conexión humana, la empatía y el servicio a los demás. Solo así podemos liberarnos de las cadenas de la codicia y recuperar nuestra verdadera riqueza, la esencia misma de la vida. Pongamos un ejemplo compartido. Cada celebración, Navidad, carnaval, Semana Santa o ferias locales han ido degenerando en una apuesta por lo vacuo y se han desprovisto casi por completo de sus esencias quedando relegadas a una aspiración de eterna fiesta, opulenta y sin fondo. Nuestra sociedad vive pendiente de encadenar un intrascendente hedonismo arrastrado en los días que produce insatisfacción y provoca una especie de aturdimiento fuera de esa situación. ¿Por qué nos extrañamos de que el botellón sea una necesidad entre los jóvenes? Los hemos ido relegando a ello poco a poco, lo hemos estirado y hasta los treintañeros se han sumado a un encuentro donde se bebe por beber y se deja un rastro de basura estremecedor. Una celebración como cualquiera del becerro de oro actual. No, la escuela no está mal, somos nosotros.

lunes, 15 de enero de 2024

"LA RISA MATA AL MIEDO" (Ideal 14-1-24)

La risa mata al miedo Manuel Molina La risa es una necesidad fundamental en la vida, ya que no solo proporciona un alivio instantáneo al estrés y la tensión, mandamases de nuestros días, sino que también fortalece los lazos sociales. El acto de reír juntos crea un sentido de conexión y camaradería, generando un ambiente positivo. Eso al monje y bibliotecario de El nombre de la rosa de Umberto Eco, le podía y llegó a afirmar como principio ultrateológico medieval que “La risa mata al miedo, y sin miedo no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de dios”. Pero es que además, la risa desde el punto de vista fisiológico libera endorfinas, mejorando el estado de ánimo y promoviendo la salud mental, ergo se convierte en liberador de pastillas. En un mundo a menudo cargado de desafíos, la risa emerge como una herramienta necesaria para enfrentar la adversidad y encontrar alegría en medio de las dificultades. Un ejemplo: ahora con nuestras gripes que postra n hay títere con ganas de risa y no digamos después de ver un informativo o visitar una red social. Un purista (un tanto aburrido utópico) como Platón proclamaba en el Filebo que la risa es un placer –hasta aquí bien-, pero al mismo tiempo afirmaba que es fea, obscena, transgresora de la armonía, de la medida, de la integridad y de la conciencia social y de los hombres libres. Oh, comulgaba con el hermano Jorge. Sin embargo, siglos después Sigmund Freud llegó a la conclusión de que la risa “recupera la libertad prístina en un proceso de desalienación”, o lo que es lo mismo en lenguaje comprensible, que es muy buena. Nietzsche, más moderado en este aspecto, también aportaba su opinión positiva. Destacaba también George Bataille la fraternidad que envuelve el hecho de la risa, en el sentido de que esta suponía un lazo de unidad social al mismo tiempo que reverso irónico de los fundamentos de una comunidad. Parece que grandes pensadores reflexionaron sobre la risa y llegaron a la conclusión de que nos beneficiaba. Decía Víctor Hugo, aunque no fuese él, en uno de los más bellos símiles sobre el asunto, que "La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano." Resulta innegable que la risa se ha convertido en un lenguaje universal que trasciende barreras culturales, proporcionando una forma de conexión y comprensión compartida en un mundo cada vez más interconectado. Por todo ello, recomiendo que si viven cerca o planifican una visita a Úbeda no dejen de incluir un regalito para ustedes y asistan al festival “Tolón Tolón: humor por los cencerros de Úbeda”. Se toparán con un tipo de risa que necesita su complicidad, su ingenio; demasiadas veces en modo avión. Los grandísimos Juan Carlos Ortega, Carles Sans (Tricicle), Faemino y cansado, junto a David Navarro, Jesús Piña, Jaime Carava o David Cepo harán de ustedes seres igualados a los dioses, con el peligro que conlleva. La risa, sigue siendo gratis.