domingo, 18 de octubre de 2026
Me permitirán recordar una magistral escena de “la vida de Bryan” monumento cinematográfico de los Monty Pithon en la que un minúsculo grupo de Judea tiene en común la rivalidad con los romanos invasores y no dirime sus diferencias de un modo lógico como sería la unión, sino que cada vez se dividen en más facciones y unos y otros esgrimen su decisión en que los otros son “escisionistas”. Ejemplo perfecto para definir la situación de las izquierdas políticas españolas. Hay derrotas que se consuman en las urnas y otras que comienzan mucho antes, en despachos y reuniones interminables, con la incapacidad de algunos dirigentes para distinguir entre el interés de su partido y el futuro de aquello que dicen defender. La historia política ofrece demasiados ejemplos de esa paradoja.
Ofrezcamos una breve mirada a la historia y algunas significativas desuniones. En noviembre de 1933, la Segunda República española vivió uno de esos episodios. La fragmentación de las candidaturas de izquierdas, las tensiones entre republicanos y socialistas y una derecha mejor coordinada contribuyeron al cambio de orientación política, otorgando el poder a quien quería destruir el propio sistema. Una seria advertencia sobre el precio de la división. Alemania ofrece una lección todavía más dramática. A comienzos de los años treinta, socialdemócratas y comunistas mantuvieron una hostilidad que dificultó la construcción de una respuesta común frente al nazismo. La crisis económica, la violencia política y los errores de las élites conservadoras resultaron decisivos en el ascenso de Hitler, pero la desunión de sus adversarios democráticos y obreros debilitó también su capacidad de resistencia. En Italia, las fracturas del socialismo coincidieron con el crecimiento del fascismo. En Francia, el Cartel de las Izquierdas, vencedor en 1924, acabó descomponiéndose entre discrepancias económicas y políticas. Y en el Reino Unido, la falta de cooperación parlamentaria entre laboristas y liberales contribuyó a que los conservadores, sin esperarlo, regresaran al poder en 1924. Contextos diferentes y una enseñanza recurrente: los adversarios no necesitan vencer por su propia fortaleza, basta con esperar a que sus contrincantes se desgasten mutuamente y hacer un poco de ruido.
¿Significa todo esto que los partidos deban renunciar a sus principios para conservar el poder? Naturalmente, no. Gobernar juntos exige compromisos y lealtades recíprocas. Hay diferencias que no pueden salvarse sin traicionar el mandato de los electores. Pero entre la renuncia a las convicciones y la incapacidad para negociar existe un territorio amplio en el que se demuestra la verdadera responsabilidad política. El problema aparece cuando el liderazgo se convierte en propiedad privada, los programas sirven de coartada para las ambiciones personales y la parcela es más importante que el común. Entonces, la victoria del adversario puede comenzar a escribirse con las decisiones de quienes pretendían impedirla. La política no es una calculadora, aunque tampoco puede permitirse ignorar la aritmética. Los votos y escaños, las mayorías, necesitan una tríada: inteligencia, generosidad y perspectiva. La supuesta defensa de firmeza intransigente acaba defendiendo sus principios desde la oposición mientras gobierna quien menos deseaba.
domingo, 11 de octubre de 2026
Visité hace años Delfos, en Grecia, uno de los oráculos más importante de la antigüedad clásica. Resulta de una belleza sencilla puesto que lo que fuera tan solo se intuye, ya que el paso del tiempo ha dejado como resto tan solo la horizontalidad y alguna excepción de columnas o muros. Se sitúa muy cerca del lugar en que habitan las musas y el dios al que se dedica el culto, Apolo. Hasta allí en su momento álgido viajaban particulares, familias, altos cargos militares y civiles para solicitar oráculo mediante consulta a través de la sacerdotisa Pitia, que luego interpretaban los sacerdotes. Esta podría mostrar que lo por acontecer sería favorable o inconveniente. En la antigüedad, desde Egipto a Grecia o Roma, las consultas en lugares sagrados constituían una de las principales vías para intentar conocer la voluntad de los dioses y encontrar respuestas ante las incertidumbres de la vida.
Otro famoso oráculo fue el de Dodona, vinculado a Zeus y a la diosa Dione, donde se podría atisbar el futuro a través de las hojas de una encina sagrada, a través de su movimiento y frotamiento. Constituían un extraño medio de comunicación divina, mediadas e interpretadas por algunos humanos dotados de tal privilegio como los sacerdotes. Se han encontrado en el lugar miles de tablillas de plomo con preguntas reales sobre los más variados asuntos. No sabemos la respuesta, pero ahí quedaron las preguntas, ese vaivén que apuntó con gracejo y lírica Mario Benedetti: «Cuando aprendimos las respuestas, nos cambiaron las preguntas». Alejandro Magno visitó y popularizó el del oasis de Siwa; y Creso, como cuenta Herodoto, recibió el aviso en Delfos de que si emprendía la guerra destruiría un gran imperio. Allá que se lanzó motivado por el pronóstico, pero no supo interpretar que en realidad el que se cargó fue el suyo.
Existe una variante en oráculo moderno al que consultamos y una especie de sacerdocio invisible, in absentia, que nos contesta. Antes tenía solo nombre y ahora ha transmutado en dos palabras. Pasamos del oráculo de Google al de la Inteligencia Artificial, ubicado en variadas páginas por las cuales se puede transitar en busca de respuestas. La evolución ha permitido que no sepamos en realidad a qué divinidad debemos las respuestas, pero la generadora de estas ha sido humana, un curioso Prometeo. No obstante, como en todo oráculo, la interpretación puede adentrarse en lo que se debe escuchar, en un dirigismo con más o menos trazo grueso. Si consultas sobre cocina o formas de comer no hay problema, pero si le planteas al oráculo la causa por la cual todo el mundo no puede comer se inquieta e incluso te intenta dirigir y llevar por el camino argumental que considera, es decir, el oráculo tiene sus preferencias, sesgo lo llaman. Una actividad muy interesante, entretenida y a la vez inquietante, que les recomiendo, consiste en trasladarle preguntas comprometidas, afirmaciones políticamente incorrectas, casi siempre desde un lado de la política. Entonces el oráculo no vaticina, reprende.
domingo, 4 de octubre de 2026
" AL MENOS LOS JÓVENES" (Ideal, 4-10-26)
"Al menos, los jóvenes"
Claudette Colvin nació el 5 de septiembre de 1939 en Alabama y, aunque poco ha trascendido su nombre, fue una de las pioneras en el movimiento por la lucha de los derechos civiles, ya que fue la primera mujer negra conocida en negar el asiento en un autobús a una mujer blanca, en pleno periodo de la segregación racial. Si un blanco no tenía asiento y lo ocupaba un negro debía irse a la parte de atrás del autobús y quedarse de pie si no existía otro lugar libre. Tan solo tenía 15 años, lo hizo nueve meses antes del icónico protagonizado por Rosa Parks, que alcanzaría notoriedad mundial y se convertiría en un mito para la lucha contra la segregación en EE.UU. Claudette protagonizó un gesto que le provocó ser detenida y acusada de varios delitos. Volvía del instituto donde estudiaba, pese a proceder de una familia muy humilde. Vivía con sus tíos, ya que la madre no pudo mantenerla tras el abandono del hogar del padre. Un verdadero ejemplo del poder que atesora la juventud desde el convencimiento de que lucha por un mundo mejor y más justo.
Me viene a la mente el recuerdo de esa mujer valiente y comprometida porque como otros casos en distintos momentos, los jóvenes han dado un paso al frente y han mostrado que la etiqueta de indolencia y falta de preocupación por su entorno o causas sociales no inspiran a ese sector de la sociedad. Sin embargo, y he de reconocer mi sorpresa, tal vez lo mejor de todo el asunto vivido de la infructuosa y peripatética reforma de algunos aspectos de la vivienda ha sido precisamente el descubrir una juventud que ha dado un paso al frente en algo que no solo sufre, por desgracia, sino que intenta mejorar para “el otro”, que corre sangre reivindicativa por sus venas y no encaja en esa otra juventud que vive acomodada y tan solo se altera por nimiedades intrascendentes de una falsa tradición e incluso a veces aparece como grupúsculo para linchar ,si se tercia, “al otro”, al distinto, por un falso canon que supone una idea excluyente de nación. Llaman a “Maricarmen”, “Morocarmen”. La juventud no debe entenderse únicamente como una etapa de formación, sino también como una oportunidad para asumir responsabilidades y mejorar la realidad que nos rodea.
Desde Aristóteles hasta Ortega y Gasset numerosos pensadores han dedicado reflexiones sobre la polaridad de la juventud entre la indiferencia y el compromiso, siempre apostando por lo segundo, como síntoma de higiene social, recordemos de nuevo la vigencia de aquel ¡Indignaos! de Stéphene Hessel. Quienes defienden los intereses de los más poderosos se fueron el viernes del Congreso de los diputados sonrientes y satisfechos, ya que habían logrado imponer el criterio de grandes fortunas rentistas y grupos que no conocemos, pero ellos sí. Tal vez, en la pretensión de lo contrario hayan prendido la mecha de una juventud no dispuesta a claudicar, que no esperaban, como una joven negra en un autobús en 1956.
domingo, 27 de septiembre de 2026
"LA CRISPACIÓN" (Ideal 27-9-26)
domingo, 20 de septiembre de 2026
"LOS QUE NO SALEN EN PISA" (Ideal 20-9-26)
Los que no salen en PISA/>
Manuel Molina/>
He tenido la suerte de impartir docencia en casi todos los niveles educativos y a lo largo de los años siempre he conocido alguien que ha realizado un extraordinario esfuerzo para alcanzar la meta de superar un curso o un nivel educativo. He presenciado lágrimas tanto por la adversidad como por la alegría, después de darlo todo en largas noches o en intempestuosas madrugadas, en el intento de no robar tiempo al ocio, al trabajo, o a la familia. Palabras como “superado” o “suficiente” se convierten en júbilo tras atravesar la aridez del “no puedo” o el “no lo entiendo”. Y en esas diatribas se desarrolla el querer y poder, que desterrona el conocimiento hasta ablandarlo. Tanto en Daniel Pennac en «Mal de escuela» y María Zambrano, cuando se acerca a la idea de docencia, el profesor aparece no como alguien que simplemente transmite contenidos, sino como quien abre posibilidad para que el alumnado pueda acercarse al conocimiento. Me he reconocido en esa perspectiva, a la vez que era consciente de que no debe constituirse en imperativo, sino que proviene de algo vocacional.
Quienes más me han sorprendido en el estudio y en el desarrollo de su tránsito por el sistema educativo siempre han sido las personas adultas. Quizás porque mi propia madre fue una de ellas y hasta los sesenta años no pudo acceder a una enseñanza reglada y obtener un título de enseñanza elemental. Decía Josefina Aldecoa que la educación es un proceso que no termina nunca y llevaba razón, a lo que añadiría que se debe contemplar la posibilidad de poder iniciarse. Debe ser un derecho porque uno de sus beneficios reside en que supone clave para la liberación y el cambio social. Por eso, me produce felicidad encontrar a personas mayores en un aula. Tengo un gratísimo recuerdo de mis alumnas de la universidad de mayores, que después de tantos años siguen felicitándome en mi cumpleaños y recuerdo cómo corrían las lágrimas al recibir la banda de su graduación. También recuerdo el abrazo, título en mano, de quien tanto luchó contra sirenas, desvelos y destino para ser bachiller con la contrariedad –según creía- de la edad. También a quien no entendía una palabra de castellano cuando llegó al instituto y acabó graduada en la universidad. Recuerdo, cómo no, a quien tuve al lado con una hija muy pequeña y los mechones de pelo cayendo sobre los libros como consecuencia de la quimioterapia, que no impidieron obtener un grado a distancia.
Todas esas personas no aparecen en el informe PISA, que tan desagradables resultados ofrece. ¿Cómo se ponderarían la superación de adversidades y la perseverancia en un objetivo que conduce a una titulación? En el registro de su certificación aparecerán escuetas palabras sin la literatura que podría acompañar como reconocimiento: tesón, voluntad, dedicación, entereza y un largo etcétera. Qué suerte estar ahí. Como escribió Unamuno: “ No son las palabras sino la propia vida del maestro la que obra como imán y poderoso acicate». Ojalá haya sido un poco así.
domingo, 13 de septiembre de 2026
"INFORME PISA: APOCALIPSIS Y BUENISMO" (Ideal 14-9-26)
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