La ficción ya es
realidad
Manuel Molina
Al hilo de que varios seres humanos
han estado dando muy de cerca vueltas a la luna y tal vez porque un episodio de
antaño se me quedó grabado, recuerdo a mi abuela, que apenas pisó dos
provincias en su existencia y no pudo asistir a la escuela. De crianza rural,
aldeana, mantenía como presuposición la desconfianza ante los hechos y siempre
receló de que un ser humano pisara la luna. Eso sí, nunca lo mostraba en
público porque advertía en su consciencia que si fuese verdad lo que situaba en
la mentira quedaría mal visto mostrar una carencia en público. No atisbó ella
que cualquier indocumentado hoy día aparece en la plaza pública de las redes,
bares y comidas familiares haciendo ostentación orgullosa de su déficit de
conocimiento. José Mercé, conocido cantaor, supongo que pasó por la escuela, se
vanagloria de dudar de que los astronautas americanos en 1969 pisaran la luna.
Ojo, no solo lo piensa, sino que lo expresa convencido en territorio comunal.
En pleno siglo XXI una constelación de indocumentados con nombre y apellido
clama falacias con absoluto regodeo.
En el polo opuesto de lo expuesto
encontramos lo que imaginamos que pudiera suceder en un futuro, pero que en
realidad de manera sigilosa e imperceptible ya sucede, pese a que lo situemos
en la ciencia ficción. Desde hace años se ha mantenido la constante de que
elementos no humanos actuarían como tales, la vida extraterrestre tuvo su
imaginario y alcanzó un cénit con la transmisión de “La guerra de los mundos”
de Orson Welles que aterrorizó a la población creyendo que esos seres
alienígenas ya pisaban la tierra. Otro centro de interés lo ha supuesto la
alteración de máquinas que provocan per se una especie de condición humana como
los replicantes de “Blade runner” o el mítico relato “Terminator”, interpretado
por uno de los nombres más difíciles de pronunciar que conocimos, Arnold
Schwarzenegger. Sin embargo, hace poco una marca dedicada a la industria de la
inteligencia artificial dio a conocer algo insólito: había creado un sistema de
programación de IA capaz de detectar fallos en los sistemas de seguridad de
cualquier programa. Sorpresa lo que viene ahora.
Relatos como los de Isaac Asimov, William
Gibson, Ian Mc Ewan o Kazuo Ishiguro tan
solo supusieron en la literatura lo que en realidad ya ocurre. Veamos por
ejemplo, lo que ocurre en la película ”Upgrade (2018), donde a un hombre
paralítico se le implanta un chip inteligente llamado STEM para que pueda
volver a caminar. El problema empieza cuando el sistema no solo toma el control
de sus extremidades para ello, sino que revela tener una agenda propia para
suplantar la voluntad de su huésped. El programa Mythos de IA ha llegado a
traspasar una línea, ha logrado descubrir los fallos de importantes defensas
informáticas y no solo eso, ha tomado decisiones que no estaban previstas, por
ejemplo comunicar a quien dio la orden por correo electrónico, que lo ha hecho.
Muy inquietante, ¿verdad? “Cuñaos” y Mercé, ahí tenéis.

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