lunes, 27 de abril de 2026
"DE LIBROS Y LECTURAS" Ideal, 26-4-26
De libros y lecturas
Manuel Molina
Me mantengo en la continuada sorpresa de que un artefacto como el libro permanezca con salud y vigencia, tanto por parte de quienes disfrutan la creación, como por parte de quienes tiene el hábito de leer. Recurriré a algunos datos del último informe del libro en nuestro país, sobre todo, en dos aspectos que no resultan novedosos, pero sí al menos deben tenerse en consideración. El 51% de los libros publicados no vende un solo ejemplar. He comentado con un poco de sorna que en este país se lee poco porque la mayoría está escribiendo libros. Percibo desde hace tiempo una pléyade de escritores y escritoras que sin el menor rudimento técnico se lanzan a la aventura de “escribir” y publicar. No seré tan aguafiestas como para no reconocer que si alguien alcanza tal revelación de publicar una invención no tenga derecho a ello; ahora bien los datos demuestran que aun disponiendo de parientes o amistade no se vende uno solo. Eso es triste, aunque no desmotivador. En el polo opuesto se sitúa menos de un 1% que sobrepasa los tres mil ejemplares de ventas, con independencia de la calidad.
Sí me gustaría resaltar del mencionado informe que existe una franja de mujeres entre cuarenta y cinco y sesenta cinco años que suponen el mayor sustento lector. Las mujeres llegaron tarde a la lectura, pero la han colonizado con su presencia; de hecho se ha dado la circunstancia de que en algunas creaciones se tiene muy presente ese grupo de recepción. Decía Lisa See que una mujer que lee es una mujer que piensa, y una mujer que piensa es peligrosa. También podemos apreciar otra clave en la reflexión de Simone de Beauvoir: “Yo me inventé a mí misma leyendo”. Me llama de manera poderosa la atención cuando se realiza una actividad sobre un libro, por ejemplo un club de lectura, y la asistencia en un porcentaje elevado de mujeres frente al de varones. Las mujeres, como señalaba antes, llegaron tarde a la lectura, pero bien que han recuperado el tiempo. Y si importante ha sido el aterrizaje en la lectura, no digamos ya en el de la escritura; si somos honestos no distinguiríamos la calidad de un libro escrito por un determinado género.
Siempre que alguien me ha pedido consejo sobre le intención de escribir algo, su opera prima, recurro a la misma contestación como mandamiento: lee. Sin esa premisa todo lo demás carece de sentido puesto que sin la “tejné” griega, la técnica literaria, tan solo podemos recurrir a la capacidad lega de alguien, que vaya usted a saber si debido a milagrería o capricho de la naturaleza ha nacido con el don preciado de la capacidad de escritura y el almíbar de la ficción. Lean, lean todo lo que puedan, disfruten, y después si lo creen necesario escriban aunque sea para las personas que caben en los dedos de una mano; si no, pueden plantar un árbol o apostar por la creación humana, que también entretiene y se disfruta.
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