domingo, 23 de agosto de 2026

"GENTE SENCILLA QUE ALEGRA" (Ideal 23-8-26"

Gente sencilla que alegra />
Existen personas que hacen el bien sin necesidad de llamar la atención. Si uno se fija un poco, se da cuenta de que mucho de lo que funciona a nuestro alrededor lo hace porque ellos ponen ese pequeño extra que nadie les pide. Huyo del calor hace tiempo y me desplazo parte del verano a un pequeño pueblo del norte. Allí conocí la generosidad de sus pocos habitantes, pegamos la hebra, me enseñan cosas del campo, del tiempo, incluso me hablan de sus vidas. Pregunto para saber sin acercarme a la pesadez y lo disfruto. Gente sencilla que por la tarde deja en mi puerta dulces vainas, como llaman a las judías verdes, tomates exquisitos, pimientos verdes relucientes o enormes calabacines. No dicen nada, lo dejan. Correspondo con aceite y dulces. Hablando con uno de ellos, me dijo que estaba contento de que yo fuese, porque allí ya no iba nadie y acompañando su labor en la huerta me dijo un día algo que guardo: “a mí me gusta hacer, siempre hay algo que hacer, aunque sea hoy charlar contigo”. Admiro cuando un camarero recuerda cómo toma el café un cliente, la enfermera que, además de hacer bien su trabajo, dedica dos minutos a tranquilizar a quien tiene miedo, el funcionario que explica por segunda vez un trámite al ciudadano que no lo entiende, la cajera que guarda una sonrisa incluso cuando lleva tantas horas detrás de la caja, el vecino que baja la basura donde corresponde y te saluda. Todos los he visto hoy y me han hecho reflexionar. Algunos dirán que son cosas pequeñas. Exacto. Vivimos en una época de ruido. Todo parece necesitar una declaración, una fotografía, un aplauso o un reconocimiento inmediato. Incluso hemos convertido la bondad en algo que se puede compartir como contenido. Quizá por eso valoramos a las personas que siguen haciendo bien su trabajo cuando nadie las ve. No desde lo notable, sino porque han entendido algo básico como que trabajar así también es una forma de cuidar a los demás. Saint-Exupéry escribió en El Principito que “lo esencial es invisible a los ojos”. La frase se ha vuelto un lugar común, nos sigue, pero no deja de ser cierta solo porque la repitamos mucho. También dijo que somos responsables de lo que hemos cuidado. Ahí está tal vez el punto clave, ya que una sociedad no se mantiene solo con leyes o normas. Se sostiene con miles de pequeñas responsabilidades que se cumplen cada día. No se trata de decir que vamos a hacer el bien ni de explicar nuestras intenciones. Alegran los que llegan a tiempo, cumplen, ayudan, escuchan o resuelven. Si pueden, ponen además un poco de simpatía donde otros pondrían indiferencia. No cambiarán el mundo de un momento a otro, aunque logran algo más cercano y quizá más importante como hacer que ese mundo de quienes se cruzan con ellos sea un poco mejor. Y eso, en tiempos de tanto estrépito, ya es bastante revolucionario y signo de paz.

lunes, 17 de agosto de 2026

"CLISAOS" Ideal, 8-26

Clisaos Manuel Molina/>
Existen palabras que contienen un rastro poético en su etimología. Una de ellas puede ser “clisao” o la variante “crisao”. Su origen arranca de una evolución fonética a la vez que metafórica de “eclipse” y refiere tanto en algunas zonas de Andalucía como de Extremadura a dos variantes léxicas; por un lado, a una persona muy fija y concentrada en algo, y por otro lado, a alguien incapaz de reaccionar por algún motivo. Tal vez el sinónimo más cercano sea obnubilado. Alvar Ezquerra en su Tesoro léxicos de las hablas andaluzas lo recoge. Mi madre era muy dada a utilizarla para avivar cuando te apreciaba pensando en las musarañas y requería de tu atención. Lo vivido con el eclipse del día 12 de agosto, aún reciente, puede que contenga también algo poético al observar cómo la luna va tapando el sol poco a poco hasta oscurecer ese círculo tan potente. Reconozco que me emocionó, junto a las personas con las que compartí el momento. De hecho, me ha servido como excusa para poder conectarme con un grupo familiar disperso por todo el territorio nacional sin que mediara una pandemia. Sin embargo, a la par que la emoción vivida también nos dejó una refriega social, como todo lo que ocurre que sea llamativo. Me resulta alucinante que hasta el avistamiento de un eclipse se convierta en materia política y se intente sembrar el odio ya cotidiano y el banderismo panfletario, para intentar sacar un rédito político en una situación de tanta falta de oxígeno democrático. Asistí perplejo a la campaña en redes acusando al gobierno de promocionar el fenómeno del eclipse supuestamente para tapar su labor, llegó incluso a sorprenderme que alguien con cargo político caracterizado por la mesura y el alejamiento del ruido de las redes sociales cayera en la trampa y compartiera un bulo tal que así: “el eclipse es un invento de la agenda 20/30 y los progres wokers… está dentro de los planes de Sánchez”. Lo quitó pronto pero ya había capturas y le han sacado los colores. El dedo digital es de gatillo fácil y muy traicionero. Como esos anónimos audios de oncólogos o internistas alarmando de los refuerzos en hospitales para las posteriores quemaduras de córneas y retinas. En verdad, lo que yo aprecié desde mi atalaya montesa fue un momento mágico, que además en ese instante contenía a la par una alineación de seis planetas con el sol, que me unía en el tiempo a mayas y otras civilizaciones que se sintieron fascinadas por estos fenómenos. Me conmovió a medida que la luna se situaba delante del sol lo que me contara el astrofísico, Rafael Luque, reciente premio de Girona de investigación, cómo comenzó con sutilidad a moverse el aire, los pajarillos se recogían y la luz se atenuaba para luego volver a su fulgor. Y me encantó sentirme impelido que diría el Nobel Vicente Aleixandre entre gente, como domingueros con sus sillas, mesas y neveras, disfrutando la vida aunque a algunos eso les reviente. Qué bien se está clisao.

"LA CRISPACIÓN" (Ideal 27-9-26)

La crispación/> Estoy preocupado, muy preocupado. Creo que debería bajar la temperatura de este continuado verano soportado desde mayo...