domingo, 27 de septiembre de 2026

"LA CRISPACIÓN" (Ideal 27-9-26)

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Estoy preocupado, muy preocupado. Creo que debería bajar la temperatura de este continuado verano soportado desde mayo y que tal vez la lluvia despejara los cuerpos, cargados de tensión. Nos convendría el otoño como estación y como pensamiento, sin el acalorado devenir diario que produce quemazón de palabras y acciones. No hay día que me levante y tenga un encontronazo con alguien. No piensen que me refiero a los insoportables hilos de las redes sociales, que a la tercera intervención ya aparece el “bot” o el voluntario del corta-pega para lanzar insultos y vejaciones al distinto. Qué fracaso como sociedad estamos alcanzando, después de intentar desde la escuela promover las relaciones educadas y el respeto al otro. Reconozco el mérito –aunque para nada lo comparto- de quienes han diseñado un proyecto social que cala en la mayor parte de la población, que cala con unas ideas básicas, incluso en contra de sus propios intereses. Una caterva de voluntarios ha admitido su labor en la causa como si fuese la defensa, manu militari apuntan algunos, una inevitable reconquista de algo que peligra. Te reúnes con amistades, familia o compañeros de trabajo y en cuanto aparece el menor asunto político derivado de la conversación te preparas porque vienen curvas y cada vez más peligrosas. Reconozco tanto la incapacidad del PSOE en algunos asuntos como vivienda, gestión den la crisis de Ceuta, ley de vivienda o no haber olido tan cerca a maleantes del trinque. Lo denuncio, pero lo que no voy a hacer es justificarlo con la gestión de las residencias en la comunidad de Madrid, con la aberrante y esperpéntica de Mazón al “no frente” de la Dana o la falta de preparación de Feijoó para ser un líder político. Toda esa adversidad comprobada no me incita a gritar “hijo de puta” a este ni a Pedro Sánchez o salir a pegar palizas al distinto. Pero en cuanto intento dar mi opinión sosegada sobre algún asunto, e incluso sin que se tercie, alguien me replica con esa expresión. No me encuentro en la defensa de un partido, sino de un sistema democrático que intentan hundir desde posiciones ya sin máscara. Quienes me provocan perder las ganas de debatir lo hacen creyéndose clase media, personal a salvo de necesitar lo público y en el privilegio de no depender de paguitas, pongamos por caso. Lo curioso es que no son clase media, sino trabajadores, que no podrían costearse un problema médico serio o unos estudios universitarios de pago para su prole, que en su propia familia tiene gente con “paguitas”, las merezcan o no, como quienes no han pisado un solo terrón de campo y todos los meses aparece en la cuenta un ingreso de ayuda agraria. Engels (1893) ya lo denominó “falsa conciencia” en el siglo XIX, para definir a quienes sostienen falsas ideas en contradicción con la propia situación. Ortega y Gasset (1930), apuntaba que la masa asume ideas del ambiente social sin haberlas sometido al examen propio. En esas estamos. Cada vez más preocupado.

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