Jano
en la tragedia
Manuel Molina
Jano es una de
las divinidades más singulares de la mitología romana, presidía tanto el
comienzo de guerras como el cierre de los ciclos. Su iconografía lo presenta
como un ser bifronte, con dos rostros opuestos que contemplan direcciones
contrarias. No
tiene un equivalente en la mitología griega y la leyenda que le da origen se
pierde en la memoria colectiva de primitivas civilizaciones. La cultura
popular ha encontrado en este dios una figura para simbolizar la dualidad,
los opuestos que conviven en un mismo ser; y no hay situación más clara para
poder manifestarse esos atributos que en una tragedia, ya que en ella se
muestra lo mejor y lo peor del ser humano. Podríamos citar tantos ejemplos como
desgracias ha sufrido la humanidad, un botón de muestra tan solo: el
inmisericorde Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, por un lado; y por
otro los salvadores de miles de personas
Irena Sendler y Oskar Schindler , que arriesgaron la suya.
Hemos vivido una
enorme tragedia ferroviaria en Adamuz, con decenas de fallecidos y muchísimos
heridos. Nadie puede prever lo que un día ocurrirá sesgando vidas y llenando de
dolor muchas más, aunque existe la obligación de procurar que no ocurran. Si
miráramos hacia atrás –permítanme la suposición- encontraríamos cómo haberlo
evitado, pero lo que resulta evidente es que no devolvería vidas ni allanaría
el dolor. Distinto es que a partir de lo ocurrido y con el sosiego necesario no
vuelva a ocurrir. Cuando se da el hecho encontramos a Jano bifronte. Los héroes
anónimos y algunos con nombre como los admirables jóvenes Julio Rodríguez
y José Cepas o Gonzalo el vendedor de cupones con su quad. Personas que sacaron
lo mejor del ser humano para auxiliar a otros poniendose en riesgo. Una
generosa bondad. Podríamos hacer un enorme listado de ello, como todo el pueblo
de Adamuz con su alcalde a la cabeza, a los sanitarios, bomberos, protección
civil, miembros del Infoca, PACMA y tantos otros. Quiero detenerme también en
unas gracias especiales como la de nuestro presidente autónomo y consejero de
presidencia, como debía ser al pie del cañón desde el primer momento
coordinando con la administración central todo lo que estuviese en sus manos.
Las personas eran lo importante, no una maldita sobremesa. Hemos tenido más
suerte en la desgracia, en ese aspecto, que los valencianos.
No debemos olvidar que
Jano tiene otra cara, la del mal. Y los carroñeros habituales, que representan
esa cara, no esperan para esparcir mierda desalmada. Escribía Séneca en su
Edipo, distinto al original de Sófocles, que “somos arrastrados
hacia el mal por el destino, aunque intentemos huir”, está claro que el
filósofo conocía que parte de ese destino, con independencia de la tragedia,
conlleva voluntariado para mostrar lo peor del ser humano. Como ratas se alzó
la veda para esparcir bulos, sembrar odio, que ha calado ya de forma
irremediable. Entrenadores, expertos en pandemias, en apagones, en nubes, ya
han enchufado el ventilador delante de su excrecencia, ni el dolor respetan. Qué
poco ruido hace la bondad.

Gracias por tanta bondad y hacer éste magnífico escrito de un día tan trágico.
ResponderEliminarHay que mostar a los buenos.
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