lunes, 14 de octubre de 2013

EL AGENTE

El agente Herbert Kaine miró de nuevo su rostro reflejado en el espejo del baño y percibió una vez más el implacable paso del tiempo acumulado en las bolsas de la ojeras, en las arrugas de la frente, incluso en las dos angulaciones caídas en ambos lados de las mejillas. Apuró a conciencia con el pulgar derecho el resto que aún quedaba de sangre reseca en su dedo anular izquierdo, bajo la uña, y pensó mientras se enjuagaba, como en anteriores ocasiones, la complicada dificultad  que supone conseguir que todo siga igual.

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