lunes, 26 de enero de 2026

"JANO EN LA TRAGEDIA" (Ideal 25-1-26)

 


Jano en la tragedia

Manuel Molina

 

            Jano es una de las divinidades más singulares de la mitología romana, presidía tanto el comienzo de guerras como el cierre de los ciclos. Su iconografía lo presenta como un ser bifronte, con dos rostros opuestos que contemplan direcciones contrarias. No tiene un equivalente en la mitología griega y la leyenda que le da origen se pierde en la memoria colectiva de primitivas civilizaciones. La cultura popular ha encontrado en este dios una figura para simbolizar la dualidad, los opuestos que conviven en un mismo ser; y no hay situación más clara para poder manifestarse esos atributos que en una tragedia, ya que en ella se muestra lo mejor y lo peor del ser humano. Podríamos citar tantos ejemplos como desgracias ha sufrido la humanidad, un botón de muestra tan solo: el inmisericorde Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, por un lado; y por otro  los salvadores de miles de personas Irena Sendler y Oskar Schindler , que arriesgaron la suya.

            Hemos vivido una enorme tragedia ferroviaria en Adamuz, con decenas de fallecidos y muchísimos heridos. Nadie puede prever lo que un día ocurrirá sesgando vidas y llenando de dolor muchas más, aunque existe la obligación de procurar que no ocurran. Si miráramos hacia atrás –permítanme la suposición- encontraríamos cómo haberlo evitado, pero lo que resulta evidente es que no devolvería vidas ni allanaría el dolor. Distinto es que a partir de lo ocurrido y con el sosiego necesario no vuelva a ocurrir. Cuando se da el hecho encontramos a Jano bifronte. Los héroes anónimos y algunos con nombre como los admirables jóvenes Julio Rodríguez y José Cepas o Gonzalo el vendedor de cupones con su quad. Personas que sacaron lo mejor del ser humano para auxiliar a otros poniendose en riesgo. Una generosa bondad. Podríamos hacer un enorme listado de ello, como todo el pueblo de Adamuz con su alcalde a la cabeza, a los sanitarios, bomberos, protección civil, miembros del Infoca, PACMA y tantos otros. Quiero detenerme también en unas gracias especiales como la de nuestro presidente autónomo y consejero de presidencia, como debía ser al pie del cañón desde el primer momento coordinando con la administración central todo lo que estuviese en sus manos. Las personas eran lo importante, no una maldita sobremesa. Hemos tenido más suerte en la desgracia, en ese aspecto, que los valencianos.

            No debemos olvidar que Jano tiene otra cara, la del mal. Y los carroñeros habituales, que representan esa cara, no esperan para esparcir mierda desalmada. Escribía Séneca en su Edipo, distinto al original de Sófocles, que “somos arrastrados hacia el mal por el destino, aunque intentemos huir”, está claro que el filósofo conocía que parte de ese destino, con independencia de la tragedia, conlleva voluntariado para mostrar lo peor del ser humano. Como ratas se alzó la veda para esparcir bulos, sembrar odio, que ha calado ya de forma irremediable. Entrenadores, expertos en pandemias, en apagones, en nubes, ya han enchufado el ventilador delante de su excrecencia, ni el dolor respetan. Qué poco ruido hace la bondad.

domingo, 18 de enero de 2026

"EL PASILLO" (Ideal, 18-1-2026)

 


El pasillo

Manuel Molina

 

           Hace tiempo que me voy topando por redes sociales con vídeos que reflejan la salida de un profesor de un aula y por sorpresa encuentra todo el centro que le hace un pasillo y le aplauden en su última jornada, justo cuando se marcha por jubilación. Se emociona quien es homenajeado de tal modo que le resulta difícil incluso reprimir unas lágrimas y supongo que debe vivir un momento inolvidable, seguramente más que merecido. Para ello debió encenderse en alguien la chispa que lo prendiera, no sé si alumnado o profesorado, que fue convenciendo al resto para que se llegara a esa circunstancia, una sorpresa silenciosa y compartida. Resulta empático y gratificante admirar cómo ha sido capaz de reunirse tan nutrido grupo de gente en un homenaje a alguien que destacó de manera singular por valores como cercanía, buena docencia, profesionalidad, comprensión, sociabilidad, que modelaron una percepción singular en tal docente. Pero como soy de ir más allá me planteo unas cuestiones que pueden no interesar, pero que llaman la atención: ¿el resto de profesorado jubilado fue tan malo que no lo mereció?, ¿por qué unos sí y otros no?

           En una clase universitaria impartida a futuros docentes realizamos una práctica en la que debían elegir entre varios objetos y definir qué motivaba su decisión para dedicarse a la enseñanza. Había entre ellos una fotocopia de un billete. Nadie la eligió  y eran una treintena de participantes. Tras su exposición argumentada de qué había llevado a su opción les hice ver que aquel billete también era importante, suponía algo alimenticio y también que la sociedad siempre mide por el “tanto ganas tanto vales” y había que pelear la dignidad de un salario, aunque en las malas y a diario el resto de opciones que derivaban en la vocación eran las que los mantendrían a flote. Añadí una experiencia fruto del paso del tiempo. No hay paga extra igualable a que un antiguo alumno o alumna te descubra después de muchos años, se acerque y te diga que fuiste muy importante en un momento de su vida, que le ayudaste de manera relevante, aunque no fueses consciente de ello. Impagable.

           Uno de los mejores profesores que tuve no fue sabedor de lo que me ayudó. Enseñaba en secundaria. En su momento mi vida andaba sin norte, desganado, perdido, como tantos otros adolescentes, ese material tan frágil. Y me ilusionó que alguien hiciera digerible aquella materia tan ajena a mí y sus clases no fuesen un castigo, porque llevaba aquel grupo con una enorme confianza, sin una palabra más alta que otra, trataba a todos por igual. No era simpático, ni sociable, tan solo lo que entenderíamos como un buen profesor. Se jubiló en silencio, vive apartado su vida. Coincidí hace poco con algunos antiguos alumnos suyos y expresaron que fue uno de sus mejores profesores. Nadie le hizo nunca un pasillo, ni le dio las gracias. Le enviaré esta columna. Pueden enviarla también a “su” profesor, a “su” profesora. Están a tiempo.

domingo, 11 de enero de 2026

"QUEDA LA MÚSICA" (Ideal 11-1-26)

 



(A la poeta Renee Good, in memoriam)

Queda la música

Manuel Molina

 

           Tuve la suerte de conocer al violinista Ara Malikian en una calle de Comillas, en Santander, mientras tocaba. Me impresionó tanto que esperé con prudencia y lo abordé después de la actuación que había resultado tan singular como impactante. Me atendió muy amable y charlamos un rato. De ahí surgió un intercambio de teléfonos, el mío no serviría para casi nada, pero yo tenía el de aquella fuerza de la naturaleza y en la primera ocasión que tuve lo contraté para que actuara en el FIT Cazorla. Resultó tan especial aquella actuación que niños pequeños decidieron estudiar violín y colgaron poster de él en las habitaciones. Pero no quería llegar ahí, sino a una anécdota que me contó y no olvidaré. Resiliencia pura. Vivía de niño en el Líbano que bombardeaban casi a diario mientras estudiaba violín. En su bloque existía en la parte baja un refugio al que acudían para protegerse de las bombas. Un día sonó la sirena y bajó sin su estuche, pero como era la hora de ensayo su padre lo hizo volver por el instrumento y ensayó aquella tarde bajo la racimada de bombas. No fue el único día.

           La música tiene una capacidad casi mística para actuar como un ancla en medio de una terrible tormenta contextual. Su peculiar  estructura (ritmo y armonía) sirven para apaciguar el mundo exterior caótico, dando al cerebro una sensación de control y predicción. Desde el punto de vista biológico reduce los niveles de cortisol, tan necesarios en situaciones de estrés, y libera dopamina permitiendo que el cuerpo salga de la situación de “alerta máxima”. Recordemos que en los campos de concentración nazis la música provocó un elemento valiosísimo de subsistencia, como nos contó Viktor Frankl en sus memorias: “Por unos instantes, la melodía borraba el hambre, el frío y el dolor, permitiéndonos conectar con nuestra humanidad perdida”. Lo hacía en los pequeños conciertos que improvisaban, como la pianista Alice Herz-Sommer que en tales circunstancias llegó a ofrecer más de cien, o como Olivier Messiaen, que también nos mostrara el novelista Mario Cuenca en “El don de la fiebre”, actuando y componiendo en barracones su “Cuarteto para el final de los tiempos”, con instrumentos incluso rotos.

           Vivimos una incertidumbre diaria que no imaginamos como viraje en el arranque del siglo XXI, donde la intolerancia crece hasta derramarse y el mal brota como las malas hierbas que parecían tan solo recuerdo y han crecido de repente alentadas por una macabra vida para matar o amedrentar, regadas por personajes tan siniestros como populares. Resulta inevitable sentir miedo si te informas, y bien sabemos que un descerebrado y desalmado con poder no suele parar per se. O mata a los de fuera o hará que se maten entre sí los suyos. Somos conscientes de que un toque de botón en la radio, en el móvil, en el ordenador o equipo de música, una canción, nos ofrece unos minutos de resistencia para poder recuperar la esperanza, que se seca entre las ortigas.


lunes, 5 de enero de 2026

"EL MATÓN" (Ideal, 4-1-25)

 

El matón

Manuel Molina

 

           Decía Montesquieu que la violencia aparece cuando el poder está en peligro, pero si se deja seguir su curso termina en la desaparición del poder. No sé si tal observación procede del pesimismo o del optimismo. La verdad es que se puede dar una vuelta de rosca más y apreciar el significado cuando el poder ni siquiera está en peligro y se ejerce la violencia. El ejemplo lo tenemos muy cerca, en los patios de colegio que habitamos durante un tiempo. Allí había un autoproclamado matón que elegía víctimas para ir acosándolas, incluso con la agresión, por el mero hecho de la demostración de que podía hacerlo y que el resto lo percibiese como una amenaza –podría ocurrirte también- y un dominio machoalfa de que quien mandaba a su antojo era el tipejo. Rara vez encontraba alguien que lo contradijese o afease su conducta, pese a que en el fondo lo deseaba para ejercer más matonismo. La mayoría asistía en silencio tal vez por miedo o porque era consciente de que no le había tocado, una especie de suerte del capricho. Quien así pensaba se situaba en la zona disimulada de los ataques. Los otros matones se libraban del furibundo capricho. Medía posibilidades, era tonto, pero no del todo. En esos patios la autoridad superior, que era la dirección del centro, a veces conocía las fechorías del matonismo, pero no intervenía y así el poder del descerebrado se venía arriba.

           Cuando uno asiste petrificado y acongojado al matonismo de Trump, con siete países soberanos invadidos y atacados en su segundo mandato y con el propósito de continuar con Panamá o Groenlandia no puede menos que recordar aquel matón de patio que campaban a sus anchas en mis años escolares y al que nadie puso freno. Ya enseñó un dislocado mental como Hitler que con humanidad y democracia nunca se han liberado los pueblos y su compadre Mussolini que amaba al pueblo italiano, lo hacía pero con amor armado, no un amor cursi y enclenque. Europa y una mayoría de países intentamos pasar desapercibidos ante el matonismo. ¿Se lo imaginan bombardeando nuestro país y secuestrando a Pedro Sánchez y su esposa? Hay palmeros que lo anhelan. La ONU conoce los hechos y ha demostrado su absoluta inutilidad desde hace años. Eso sí, los otros matones del patio como China o Rusia no entran en los ataques del descerebrado. Repito, puede ser tonto, pero sabe de sus limitaciones.

           Quien nos diría que un  desalmado presidente de EEUU seguiría los principios de un mandatario chino como Mao Zegong: “el poder político nace del cañón de un fusil”. No tenemos buenas noticias ya que la salud del matón parece buena, tal vez el único enemigo que le pueda plantar cara. Los peores dirigentes y más cruentos en la historia de la humanidad han tenido en común su buena salud y longevidad. Parece que solo nos falta rogar al dios de ese país que quiere volver a ser grande que no lo permita. Que se apiade de los inocentes.


domingo, 28 de diciembre de 2025

"LA METÁFORA DEL TRANVÍA" (Ideal 28-12-25)

 

La metáfora del tranvía
Manuel Molina

 

           En el corazón de Jaén, una serpiente de acero y cristal permanece inmóvil bajo el sol mientras atraviesa estaciones que solo pertenecen al calendario. No procede de un pasado íbero ni remite a una ruina medieval, aunque su quietud, que se prolonga con los años, ya adquiere resonancias de leyenda urbana. El tranvía, concebido como infraestructura moderna y levantado con una inversión de 120 millones de euros, continúa quince años después sin prestar servicio, convertido en el testimonio más oneroso de la desidia política y, quizá, de una resignación social que se ha ido normalizando. La historia arrancó en 2009, cuando una promesa de modernidad alimentó expectativas colectivas. Las obras avanzaron con una rapidez poco habitual en la provincia y, en 2011, los vagones llegaron a circular durante pruebas tan simbólicas como precarias. Aquello que nació con vocación de vanguardia terminó despeñándose por el barranco del enfrentamiento partidista, que acabó por bloquear cualquier avance posterior. Desde entonces, el tranvía de Jaén pasó de representar una solución de movilidad a funcionar como munición retórica en los mítines, donde unos lo despachaban como “trasto” y otros lo defendían como “necesidad”.

           Esta columna estaba pendiente de escribirse, aunque el relato encaja mejor en la literatura maravillosa sudamericana o en esos territorios míticos donde la decrepitud avanza de forma inevitable, como ocurrió con los pueblos sepultados bajo embalses. El drama auténtico no reside en el metal que se oxida, sino en la indolencia que lo rodea. Cuesta imaginar otra capital europea en la que una inversión de tal magnitud se abandone durante década y media sin que la ciudadanía fuerce una solución inmediata. Jaén ha terminado por aceptar el tranvía como parte de un mobiliario urbano inerte, al modo de un olivo seco que ya no da fruto y cuya presencia se asume por pura costumbre. Esta parálisis funciona como metáfora de una sociedad que, en determinados momentos, parece haber interiorizado la derrota y la indolencia local aunque no apunte a pereza, sí lo hace no a una combinación de escepticismo crónico y mansedumbre aprendida.

           Las administraciones han permitido que auditorías e informes interminables se enreden unos con otros, mientras el sistema de transporte se degrada sin remedio. ¿Dónde queda la indignación ante el despilfarro de dinero público destinado al mantenimiento de algo que no presta servicio? Nadie responde. ¿Aparece alguien con un mínimo de vergüenza o con voluntad de asumir errores? Nadie responde. Seguimos esperando a Godot. Reactivar el tranvía exigirá algo más que una firma estampada en un despacho de Sevilla o Madrid; exigirá que Jaén sacuda la indolencia que se le ha adherido a la piel. Permitir que 120 millones de euros continúen dormidos no constituye solo un fallo administrativo, sino un desprecio a la dignidad colectiva de la ciudad. El acero no carga con la culpa de la inmovilidad; la responsabilidad recae en quienes, por acción u omisión, transformaron una promesa de progreso en una estatua de hierro y cristal paralizada. Ni el creador más imaginativo habría intuido una “performance” semejante

 


martes, 23 de diciembre de 2025

"ELOGIO DE LO MANUAL" (Ideal 21-12-25)

 


Elogio de lo manual

Manuel Molina

 

           Lo creado con nuestras propias manos se convierte en algo más que una pieza única, puede apreciarse como un acto de resistencia. Hacer algo por nosotros mismos no solo crea un objeto, sino que preserva nuestra humanidad y nuestra conexión con el tiempo de una manera pausada. Crear algo con las manos es una forma de meditación que nos devuelve el ritmo natural de la vida, lejos de la prisa del reloj, de la medición programada y encapsulada de los hechos. "La artesanía es la voz de la materia, la mano que dialoga con la madera, el barro o el hilo para contar una historia que el plástico nunca podrá narrar", pensaba Octavio Paz. Hay una filosofía que se denomina Diseño lento, si lo traducimos más o menos al castellano, y promulga que en la era de obsolescencia programada, reparar o crear algo con nuestras manos es un acto revolucionario de amor por el mundo. Me tiene cada vez más atrapado, pese a no ser un manitas y necesitar bastantes veces de alguien para poder llevar a cabo esa acción.

           Intento aprender a hacer algo, un grabado, una caligrafía, un poema y se apodera de ellos la imperfección, me acompañan el borrón, la tachadura o la mancha; lo intento una vez y otra porque no soy una máquina, ni una inteligencia artificial. Se rompe algún objeto o máquina e intento arreglarla con desigual fortuna. La perfección de algunos objetos es fría, como un enorme bazar occidental. La imperfección de la mano humana es lo que nos permite conectar con el objeto y sentirnos identificados.El cerebro y la mano conectados en un proyecto ancestral. No necesitamos más cosas; necesitamos cosas que signifiquen algo y un poco de tiempo ralentizado. Queridos Reyes Magos, Papa Noeles, Olentzeros, Tiós, traednos tiempo. Llegan fiestas en las cuales se dispara el dispendio de lo que se puede e incluso de lo que no. A gastar, ese es el mensaje. El comercio disfruta de “vacas gordas” y los grandes almacenes de rebaños enteros.

           Quienes disponen de pagas extra se disponen como los peces en el río con otro verbo: compran y compran y vuelven a comprar. Llega el ciclo de abrazos, comida y gasto. Sin embargo, podríamos dedicar una pequeña parte a realizar algo por nosotros mismos, algo realista, no importa que sea pequeño, para poder compartirlo y disfrutarlo, Cuando comenzaba el maquinismo fabril que creó los operarios John Ruskin publicó en 1849 un libro, The Seven Lamps of Architecture, (Las siete lámparas de la arquitectura), tal vez atisbó lo que vendría: “El verdadero placer del trabajo no está en el salario, sino en la conciencia de haber hecho bien algo con las propias manos”. Seríamos ya esclavos de una cadena como Chaplin en Tiempos modernos. Busquen un hueco y creen algo para poner en su árbol de Navidad, para realizar con sus retoños, para regalar a su pareja. Tendrá el extraordinario valor añadido de que parte de su corazón y entusiasmo están ahí, en ello.


martes, 16 de diciembre de 2025

"GUARROS Y PUTEROS" (Ideal, 14-12-2025)

 

Guarros y puteros

Manuel Molina

 

           La política española se esmera en exhibir sus logros y presume de tener ministerios con una sólida perspectiva de género y lanza campañas con eslóganes inclusivos, (todos y todas en cada inicio de acto), incluso vienen acompañados de promesas solemnes en ruedas de prensa. Sin embargo, la realidad que se vive día a día en el pasillo de un ayuntamiento, diputación o a pie de escaño sigue dando la sensación de que es una historia completamente diferente, que a quien se le llena la boca con esa distinción le resbala por guarro y/o putero. Los incidentes más recientes que han sacudido a los principales partidos, especialmente el PSOE, no deberían verse como simples anécdotas, sino que son síntomas graves, de un problema más profundo. Cuando comienzan a surgir denuncias internas por acoso y las respuestas se quedan atascadas en protocolos que nunca llegan a activarse, es precisamente en ese momento cuando la credibilidad pública de toda la institución comienza a resquebrajarse.

           Hablamos de esos comentarios sutiles, dichos a veces en el fragor del hemiciclo acodados en el atril (“me pone verlas enfadadas”), detrás de la mesa de alcaldía (“estoy solito en el ayunta”, “te tengo muchas ganas”, ”¿echas de menos una buena comida de almeja?”) o con el descaro en un bar. Tratan a una mujer como si su verdadero mérito dependiera del afecto que le dispense un varón o, peor aún, de su simple aspecto físico. Las víctimas de este desprecio no son únicamente las mujeres que acaban señaladas en los titulares, sino que también lo son todos los votantes que depositaron su confianza en esas personas o siglas. La democracia, como bien sabemos, se fundamenta en la promesa de que todos seremos tratados con dignidad; por eso, cuando esa promesa se traiciona a causa de comentarios degradantes o por la inacción frente a una denuncia de acoso, se traiciona de forma directa el voto de la ciudadanía. La humillación pública es, en esencia, una forma de violencia política que erosiona gravemente la legitimidad y la ética.

           Los aparatos internos de los partidos, de hecho, suelen mostrar una  doble cara, proclaman sus protocolos y exhiben poses muy correctas, pero cuando las denuncias finalmente aparecen, invocan la confidencialidad o la presunción de inocencia hasta que el rumor se vuelve algo absolutamente insoportable. Se requiere algo más que simples palabras, resulta urgente que haya tanta coherencia como firmeza y una auténtica tolerancia cero. Y la ciudadanía, especialmente quienes votaron esperando representación y respeto, merece que su confianza no sea tratada como objeto de gestos simbólicos (todos y todas), sino que se traduzca en medidas reales y efectivas. Si la política no es capaz de mirar con empatía a quien sufre y corregir a fondo su propia cultura interna, perderá algo que es irreparable, no solo votos, sino su autoridad moral. Una democracia que tolera el desprecio y acoso hacia las mujeres es, al fin y al cabo, una democracia que deja de representarnos a todos. No debemos permitirlo.


"JANO EN LA TRAGEDIA" (Ideal 25-1-26)

  Jano en la tragedia Manuel Molina               Jano es una de las divinidades más singulares de la mitología romana, presidía tanto el co...