domingo, 11 de octubre de 2026

"EL SESGO DE LA IA" (Ideal 11-10-26)

El sesgo de la IA>
Manuel Molina>
Visité hace años Delfos, en Grecia, uno de los oráculos más importante de la antigüedad clásica. Resulta de una belleza sencilla puesto que lo que fuera tan solo se intuye, ya que el paso del tiempo ha dejado como resto tan solo la horizontalidad y alguna excepción de columnas o muros. Se sitúa muy cerca del lugar en que habitan las musas y el dios al que se dedica el culto, Apolo. Hasta allí en su momento álgido viajaban particulares, familias, altos cargos militares y civiles para solicitar oráculo mediante consulta a través de la sacerdotisa Pitia, que luego interpretaban los sacerdotes. Esta podría mostrar que lo por acontecer sería favorable o inconveniente. En la antigüedad, desde Egipto a Grecia o Roma, las consultas en lugares sagrados constituían una de las principales vías para intentar conocer la voluntad de los dioses y encontrar respuestas ante las incertidumbres de la vida. Otro famoso oráculo fue el de Dodona, vinculado a Zeus y a la diosa Dione, donde se podría atisbar el futuro a través de las hojas de una encina sagrada, a través de su movimiento y frotamiento. Constituían un extraño medio de comunicación divina, mediadas e interpretadas por algunos humanos dotados de tal privilegio como los sacerdotes. Se han encontrado en el lugar miles de tablillas de plomo con preguntas reales sobre los más variados asuntos. No sabemos la respuesta, pero ahí quedaron las preguntas, ese vaivén que apuntó con gracejo y lírica Mario Benedetti: «Cuando aprendimos las respuestas, nos cambiaron las preguntas». Alejandro Magno visitó y popularizó el del oasis de Siwa,; y Creso, como cuenta Herodoto, recibió el aviso en Delfos de que si emprendía la guerra destruiría un gran imperio. Allá que se lanzó motivado por el pronóstico, pero no supo interpretar que en realidad el que se cargó fue el suyo. Existe una variante en oráculo moderno al que consultamos y una especie de sacerdocio invisible, in absentia, que nos contesta. Antes tenía solo nombre y ahora ha transmutado en dos palabras. Pasamos del oráculo de Google al de la Inteligencia Artificial, ubicado en variadas páginas por las cuales se puede transitar en busca de respuestas. La evolución ha permitido que no sepamos en realidad a qué divinidad debemos las respuestas, pero la generadora de estas ha sido humana, un curioso Prometeo. No obstante, como en todo oráculo, la interpretación puede adentrarse en lo que se debe escuchar, en un dirigismo con más o menos trazo grueso. Si consultas sobre cocina o formas de comer no hay problema, pero si le planteas al oráculo la causa por la cual todo el mundo no puede comer se inquieta e incluso te intenta dirigir y llevar por el camino argumental que considera, es decir, el oráculo tiene sus preferencias, sesgo lo llaman. Una actividad muy interesante, entretenida y a la vez inquietante, que les recomiendo, consiste en trasladarle preguntas comprometidas, afirmaciones políticamente incorrectas, casi siempre desde un lado de la política. Entonces el oráculo no vaticina, reprende.

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